16. Maddie
Maddie
Abro la puerta de mi estudio de maquillaje y enciendo las luces. Todavía huele a pintura reciente.
Tal vez a mi madre le parezca que lo de ser maquilladora no es gran cosa, pero soy muy buena en mi trabajo y tengo muchos clientes, así que... que le den a mi madre.
Voy hacia la desordenada zona de recepción y organizo el papeleo. Adoro a Evie, pero, Dios, qué caótica es. Me quedan treinta minutos antes de que llegue mi primera clienta.
En mi estudio solo hay una silla, un espejo con luz LED y una salita de espera con un mullido sofá de terciopelo gris a juego con la decoración gris y rosa oscuro. También tengo una diminuta cocina en la parte de atrás, donde hay una cafetera y una mininevera.
Mientras espero a que salga el café de la cafetera, saco el teléfono del bolso. Nunca he estado tan dolorida en mi vida, pero tengo que reconocer que tampoco me han follado nunca de un modo tan salvaje y tantas veces.
«Vaya, ninguna notificación». Suspiro y lo dejo en la encimera.
No sé por qué esperaba que Grayson de repente empezara a comportarse como un novio.
Solo somos follamigos. Que follan de una manera excepcional y alucinante, pero no es que de pronto vaya a enamorarse perdidamente y no pueda parar de pensar en mí.
«¿Y por qué yo no puedo sacármelo de la cabeza entonces? ».
Las últimas dos semanas han cambiado totalmente la percepción que tenía de él. No es el sicario brutal ni el mujeriego que yo creía. Está herido, dolido. Aunque, cuando está conmigo, me trata como a una princesa.
Justo cuando termina de salir el café, oigo un pitido que proviene de mi móvil. El corazón se me acelera. Cojo el teléfono, veo una G y el estómago se me llena de mariposas.
No he sabido nada de él desde que salió de la cama anoche. Prácticamente hemos establecido una rutina casi normal. Pasamos las noches juntos, cenando y viendo la televisión. Casi parece real, demasiado. No quiero parecer una novia agobiante. Eso no es lo que él busca, y me reconcome un poco.
Pero es Gregory. Menuda decepción.
Abro el mensaje y lo leo.
Gregory: Hola, Maddie. Hace siglos que no nos vemos. ¿Quieres que hagamos algo el viernes por la noche? Podrías venir a mi casa, pedimos comida y vemos una película.
Me quedo quieta, con los dedos un poco por encima de los botones. Tengo que cortar esto. Sé que él no es el adecuado para mí. Es agradable, pero es que no es Grayson. Frunzo el ceño mientras pienso en qué responder. Puedo quedar con él y decírselo en persona.
Le contesto rápido, antes de que me autoconvenza de otra cosa.
Yo: Me parece estupendo. Voy a tu casa a las 7. ¿Me envías la dirección?
Él me responde al instante con la dirección.
Entonces se abre la puerta y Evie entra con una enorme sonrisa y las mechas rosas enmarcándole la cara.
—Buenos días, Maddie —dice feliz, se quita el abrigo y lo cuelga en el perchero.
—Buenos días —respondo, sonriendo también.
—¿Sigue en pie lo del cumpleaños de David el viernes por la noche?
«Mierda».
—Claro. ¿Quieres venir a mi casa a arreglarte? —pregunto.
Su cara se ilumina. Me parece que no tiene muchas amigas. Cuando no está trabajando, se dedica a estudiar para ser maquilladora y trabajar conmigo.
—¡Dios mío, por supuesto! —chilla, dando vueltas en la silla giratoria, con los pies levantados, mientras mordisquea un boli.
Le escribo otra vez a Gregory.
Yo: ¿Podemos quedar más tarde? Tengo que ir al cumpleaños de David.
Gregory: No hay problema. Puedes quedarte a dormir en mi casa, si quieres.
Su respuesta me provoca un escalofrío.
Yo: No te preocupes. Estoy muy liada al día siguiente y tengo que estar en casa de Sienna temprano. Pero gracias.
Oigo el timbre de la puerta del estudio. Salgo de la cocina con una amplia sonrisa.
—Hola, Francesca. Encantada de conocerte. —Le tiendo la mano a la impresionante modelo que tengo delante. No necesita maquillaje para parecer glamurosa.
—Hola, Maddie. Gracias por hacerme un hueco a pesar de que te he llamado a última hora. He visto tu trabajo, y me parece increíble, así que tenía que probar.
—Ay, gracias. Dame el abrigo y siéntate. ¡Estaré contigo enseguida! —La ayudo a quitarse el abrigo de plumas negro y lo cuelgo en el perchero.
Suena el pitido de mi teléfono, que está en la parte de atrás. Evie me observa con interés, sin parar de morder el boli. Paso adentro para silenciarlo. Lo miro y en la pantalla de bloqueo aparece el nombre de Grayson.
Grayson: Te dejaste esto aquí y he decidido llevármelo al gimnasio hoy.
Levanto una ceja y bajo por la conversación para ver la foto que me ha enviado.
Tengo que taparme la boca al ver la imagen de la atractiva cara de Grayson con unas bragas mías de color rosa entre los dientes blancos.
Me pongo rojísima.
Grayson: Por cierto, me las voy a quedar.
Aprieto las piernas para intentar calmar el latido que siento entre ellas.
Grayson: ¿Estás ocupada todo el día?
Grayson: Cielooo.
No me doy cuenta de que estoy sonriendo muchísimo hasta que empiezan a dolerme las mejillas.
Evie carraspea y eso me devuelve a la realidad.
Escribo una respuesta y le doy a enviar.
Yo: Termino a la 1. ¿Por qué?
Grayson: ¿Comemos juntos?
Yo: Me apetece. Te llamo cuando termine.
Grayson: No me eches de menos demasiado.
Yo: Parece que eres tú el que me echa de menos.
Grayson: Muy cierto. Te veo dentro de nada.
El resto de la semana se pasa volando. Quedo con Grayson para comer todos los días.
La mayoría de ellos viene corriendo hasta mi estudio a recogerme.
Todas mis clientas babean por él; no pueden ocultar lo atractivo que les resulta, y yo las comprendo.
Ese hombre es una cosa de otro mundo. Solo hace falta que aparezca con esos pantalones de chándal grises para excitar a todas las mujeres presentes.
Noto un nudo en el estómago mientras reviso toda la ropa de mi armario. Cuando Sienna se fue del piso, empecé a utilizar su habitación como vestidor, y creo que esa es la única ventaja de vivir sola.
Necesito un vestido bonito para el cumpleaños de David, pero no demasiado sexy para que Gregory no se haga ilusiones.
Sobre todo, teniendo en cuenta que le voy a decir que no quiero seguir con él.
Llevo toda la semana sin dejar de pensar en Grayson.
Cuando no está invadiendo mi espacio personal, está instalado en mis pensamientos.
Escojo un vestido metalizado de color plateado y me lo pongo.
El escote pronunciado y los tirantes finos me acentúan el pecho.
Ya me he alisado el pelo y me he puesto pestañas postizas y una sombra de ojos también plateada con un poco de brillo.
Le he mentido a Grayson y no puedo parar de darle vueltas.
Le he dicho que iba al cumpleaños de David, pero no le he contado que voy a ver a Gregory después.
Me ha quitado un peso de encima cuando me ha escrito para decirme que no podía venir a verme hoy, porque tenía que atender un «asunto» con Luca.
No le he hecho preguntas; no quiero saber nada.
Me conformo con que vuelva de una pieza.
He pedido un Uber para que venga a por mí a las diez al End Zone y otro para que me recoja en casa de Gregory a las once.
No quiero quedarme mucho rato en su casa; la verdad es que tengo una vocecilla irritante en el fondo de mi mente que no deja de decirme que no vaya.
Me siento en el borde de la cama para abrocharme los zapatos de tacón de aguja con pedrería. El teléfono, que está sobre la cama, vibra, y veo el nombre de Grayson en la pantalla. Lo cojo y lo pongo en manos libres.
—Hola —contesto intentando que mi voz suene neutra. Miento fatal, sobre todo cuando trato de engañarlo a él. Es la única persona del mundo que me lee como si fuera un libro abierto.
—Hola, preciosa —dice con voz grave, y solo con oírlo tengo que apretar las piernas.
—¿Todo bien? —le pregunto, jugueteando con el pelo.
—Voy de camino al End Zone. Luca ha insistido en que nos tomemos algo. Hemos tenido un par de días de mierda. Se me ha ocurrido que tal vez después podría tenerte el resto de la noche para mí solo.
—Eh...
«¡Mierda, Maddie, piensa algo!».
—Me acaba de venir la regla —suelto de repente.
—¿Y...?
—Bueno, que no podemos hacer nada... ya sabes, sexual.
Él se ríe bajito.
—¿De verdad crees que solo te quiero para eso?
—No, pero...
«Un momento, ¿no es así?».
Me interrumpe antes de que pueda terminar la frase.
—No, nada de peros. Solo quiero estar contigo. Te echo de menos.
Se me cierran los ojos al oír esas palabras. No hay nada que me apetezca más que acurrucarme con ese gigante y dormir.
—Yo también te echo de menos —reconozco con un suspiro.
—Qué cosas, ya hemos dejado de pelearnos.
Abro la boca para responder, pero él habla antes.
—Además, hay otros orificios que me pueden venir bien en esta situación.
Abro los ojos como platos cuando entiendo lo que quiere decir.
—Sí, cielo, estoy hablando de follarte ese culo estupendo que tienes.
—¡Grayson!
—Te dejo, que acabo de llegar a casa de Luca y, si sigo pensando en tu culo, no voy a poder aguantarlo más, porque ya tengo la polla a reventar. Y lo último que necesito es que mi jefe me vea con una erección.
No puedo evitar echarme a reír al imaginarme la escena.
—La verdad es que no me parece mal la idea.
Él inhala bruscamente y exclama:
—¡Joder!
—Te veo dentro de un rato —añado con el tono más seductor que tengo, y cuelgo.
Inspiro hondo y me paso la mano por el pelo.
¿Cómo demonios voy a lograr salir de esta?
Cuando llego al club, estoy empapada en sudor. Fuera hace frío, pero la chaqueta de cuero se me pega a los brazos.
Además, estoy nerviosa.
Salgo del Uber. Me he pasado todo el trayecto recordando conversaciones con Grayson, intentando pensar cómo decirle que no me voy a ir con él esta noche.
—¡Maddie! —La voz de David me arranca de mis caóticas reflexiones.
No me había fijado en que estaba en la entrada, fumando. Acelero el paso y se oye el repiqueteo de mis tacones en la acera.