Detonate. Disparo al alma (Bajo la máscara 2) 15. Grayson
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15. Grayson

Grayson

Maddie se quedó el fin de semana y también una noche sí y otra no desde ese día.

No me canso de ella. Me gusta incluso su forma de coger comida de mi plato cuando comemos, «solo para probar».

Y también cómo tararea mientras cocina. Me he tirado los últimos siete años sin besar a nadie, pero ahora lo estoy compensando.

No dejo pasar ni la más mínima oportunidad de tener esos labios pegados a los míos.

Pero la realidad se impone. Llevamos dos semanas planeando nuestra venganza definitiva. He advertido a Luca que no pierda la cabeza; sé que está muy afectado por lo de Nico, pero no puede dejarse llevar por las emociones en este mundo.

Mira por la ventanilla. El asesinato de Nico ha despertado en él una furia mucho más intensa que de costumbre. Yo he visto campos de batalla, y sé que la forma más fácil de acabar muerto es permitir que te dominen las emociones.

Echo un vistazo por el espejo retrovisor y veo que Frankie pronuncia sin emitir ningún sonido: «¿Está bien?».

Yo asiento, me encojo de hombros y carraspeo para llamar la atención de Luca. Necesito que se centre en lo que estamos a punto de hacer.

Secuestrar a la hija de Marco Falcone, Rosa, su princesita.

Es muy arriesgado, pero demostrarle que podemos acercarnos a su familia no ha sido suficiente.

Si esta operación se va a la mierda, no solo nosotros correremos más peligro, sino que estaré poniendo en riesgo a Maddie.

Si se enteran de su existencia, no se lo pensarán dos veces e intentarán hacerle daño.

Sé que son muy capaces. He visto lo que les hicieron a Keller y a Sienna.

Pero estoy más que seguro de que no voy a dejar que ninguno de esos hijos de puta llegue siquiera a compartir el aire que respira mi chica.

Durante esta semana, Rosa ha salido todos los días, ya sea de copas con sus compañeras de piso o a cenar con alguien.

Podría habérmela llevado en cualquier momento.

Sé que hay dos guardaespaldas siguiéndola, pero guardando las distancias.

Supongo que le habrá pedido a su padre que le deje un poco de espacio.

Esta noche hemos decidido que vamos a ejecutar un secuestro sencillo y rápido. Es viernes, así que seguro que va a salir de fiesta.

Enzo le ha pinchado el teléfono. Es el gerente de la empresa de seguridad más prestigiosa del país, pero eso no le impide hacer cosas ilegales para nosotros.

Nos debe una por haber dejado sola a Sienna cuando se suponía que tenía que estar vigilándola.

Nos ha enviado un mensaje con la ubicación y los nombres de las chicas con las que va a salir, que son las mismas con las que va siempre: Jasmine y Olivia.

Pan comido.

Rosa, con su larga melena negra, sale de un Mercedes blanco y se dirige a la entrada del Trance. Pongo los ojos en blanco solo de pensar en pisar ese club tan pomposo. Sus guardaespaldas la siguen.

—Jefe, acaba de entrar.

Luca asiente y enciende otro cigarrillo. Me mira con una sonrisa sádica y suelta el humo.

Yo paro el coche en la parte de atrás del club. Frankie, que está sentado en el asiento posterior, se rasca la barba.

—Terminemos con esto —exclama Luca, y tira el cigarrillo por la ventana. Su habitual descaro brilla por su ausencia.

Los tres salimos del coche, cortesía de Enzo, y Frankie se sitúa en el asiento del conductor.

—No te olvides de que solo podemos pasar ahí dentro veinte minutos como máximo. Si permanecemos más tiempo, nos arriesgamos a que alerten a los Falcone y que aparezcan por aquí. Lo último que queremos es un baño de sangre en un club —advierto.

—Entendido.

Asiento y cierro la puerta del conductor. Toco el auricular que llevo para llamar a Enzo. Al parecer, las empresas de seguridad pueden conectarse con cualquier cámara de vigilancia.

—Enzo, entramos. —Miro a Luca y veo que se está guardando otra arma.

—Recibido. El objetivo está en la barra. Hay un guardaespaldas junto a la entrada y el otro al lado del baño.

—Comprendido.

Joder, el baño da a la salida de incendios, que es nuestra única ruta de escape.

Rosa es una chica muy mala. Luca solo tiene que enseñarle una bolsilla llena de polvo blanco y seguro que ella lo sigue adonde quiera.

Al baño, que es adonde queremos que vaya.

Sin embargo, Rosa no es la típica yonqui.

Creo que estoy dándole demasiadas vueltas. «¡Joder, céntrate!».

—Luca, cíñete al plan. Yo me ocupo del guardaespaldas del baño.

Asiente.

—¿Preparado, Grayson?

Envuelvo con los dedos la empuñadura del cuchillo que tengo en el bolsillo. Hace tiempo que no mato a nadie y estoy deseándolo.

—Siempre —respondo con una sonrisa torcida.

Él se dirige a la puerta roja. Cuando nos acercamos, oímos el chasquido de la cerradura y la voz de Enzo por el auricular:

—Salida de incendios abierta y baños vacíos.

Luca abre con sigilo la pesada puerta, y de la sala sale un olor a sudor y alcohol barato. Recorremos un pasillo, dejando los baños de mujeres a la derecha. La música está muy alta y reverbera en mi cuerpo.

Yo me detengo cuando llego a los baños de los hombres y pego la espalda a la puerta. Luca continúa y abre las puertas dobles que dan al club mientras juguetea con su cremallera. Dios, sería un buen actor. Saluda al guardaespaldas de Rosa con la cabeza cuando pasa por su lado.

—Luces —susurro al auricular.

En cuanto pronuncio la palabra, el pasillo se queda totalmente a oscuras. Ahora solo me falta rezar para que nadie entre o salga de este baño en los siguientes cinco minutos.

«La hora de la verdad».

Cuando abro la puerta de un tirón, el guardaespaldas, que lleva traje y corbata negros, ni se inmuta.

Tiene la vista fija en Rosa y Luca. Ella ha entrelazado su brazo con el de Luca mientras él le susurra al oído.

El guardaespaldas tensa la mandíbula mientras mira la escena.

Yo aprovecho la oportunidad. Con el cuchillo en la mano derecha, le rodeo el cuello con la izquierda y le obligo a mantener la barbilla levantada con el antebrazo.

Le clavo la hoja y le rajo la garganta de izquierda a derecha.

Él intenta agarrarme el brazo para tratar de liberarse, pero no le sirve de nada.

Apretándole con fuerza el cuello, me lo llevo a rastras al pasillo.

Noto el brazo empapado con su sangre mientras arrastro el cuerpo inerte. Sus zapatos emiten un chirrido al rozar el suelo.

—La salida está libre.

—Recibido. Equipo de limpieza en camino —responde Enzo.

Me arden los músculos cuando tengo que sujetar al guardaespaldas muerto con una mano para abrir la salida de incendios con la otra.

Apoyo todo mi peso en el pie izquierdo y sujeto la puerta con el derecho para salir del edificio.

Tiro el cadáver detrás de un contenedor de basura azul que hay al lado, según el plan.

—Luca sale con el objetivo.

Tomo posiciones inmediatamente. Pego la espalda a la pared de ladrillos. Oigo la voz aguda de Rosa, que se acerca cada vez más.

El coche, que está solo a unos metros, arranca.

En cuanto se abre la puerta de la salida de incendios, salto.

Sus ojos gris claro se abren como platos por el miedo.

Le tapo la boca y la nariz con la mano. Ella se retuerce como loca entre mis brazos y noto su aliento cálido contra la palma hasta que por fin se queda inmóvil.

La cojo en brazos, voy hasta el coche y la tumbo en el asiento de atrás. Frankie coge la cuerda y se asoma entre los asientos para atarle las muñecas.

Misión cumplida.