Detonate. Disparo al alma (Bajo la máscara 2) 13. Grayson #3
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13. Grayson #3

Vuelvo a sentir alivio.

—Así me gusta, que te portes bien.

Acelero el ritmo e introduzco un tercer dedo. Le agarro las muñecas con más fuerza. Ella arquea la espalda, que sigue contra la puerta. Su piel expuesta tan cerca de mi cara me tienta.

Le muerdo en la piel sensible que tiene sobre la clavícula y después se la chupo.

—¡Dios mío, Grayson! —dice entre gemidos. Su pecho sube y baja muy rápido.

Cuando saco los dedos, noto que deja caer su cuerpo sobre el mío, frustrada. Entonces la cojo por la cintura y la llevo hasta el enorme escritorio de Keller, que está repleto de papeles y vasos. De un manotazo vacío el contenido de la mesa. Los vasos se rompen y el suelo se llena de cristales.

Hay una botella de Macallan entre los licores expuestos en una mesita que tengo al lado. Me la llevo a los labios y doy un buen trago.

—Delicioso —aseguro con voz ronca—, pero no tanto como tú.

Dejo la botella en la mesa, a su lado, me agacho y le bajo la cremallera lateral del vestido. Ella levanta un poco la cadera para que pueda quitárselo. A continuación, lo tiro al suelo.

—Preciosa —murmuro recorriendo con la mirada todo su cuerpo.

Tiene las piernas abiertas para dejarme ver perfectamente su entrepierna empapada, esperándome. Sus pezones rosas duros reclaman mi atención.

Me meto uno en la boca y lo chupo. Después cojo la botella y me coloco justo delante de su sexo.

—Échatelo por encima, que te caiga por el vientre. Quiero mezclar su sabor y el tuyo —ordeno, y le doy la botella para que la agarre con dedos temblorosos.

Hace lo que le he pedido. Pongo la boca en el clítoris mientras miro el líquido color ámbar que se desliza entre sus pechos y baja hacia mí.

—Sigue echando.

Con los ojos fijos en los suyos, empiezo a lamer, trazándole círculos alrededor del clítoris, disfrutando de sus fluidos mezclados con el whisky y tragándomelo todo como si lo necesitara más que nadie en el mundo. Cuanto más la toco, más mojada está.

—Joder, nena. No hay nada más satisfactorio que saber que te puedo poner así. —Casi no reconozco mi propia voz—. ¿Quieres probar un poco?

Sus ojos esmeralda me atraviesan y después se muerde el labio y asiente.

Me levanto, tras un lametón final, le quito la botella y me la acabo de un trago. La dejo a un lado, me inclino sobre ella, con la boca llena de líquido, y le envuelvo el cuello con las manos.

Ella se humedece los labios, echa la cabeza atrás y abre bien la boca. El sedoso pelo rubio le cae por la espalda. Vierto el líquido de mi boca en la suya. Los músculos de su cuello se tensan bajo mis dedos cuando aprieto.

Veo el movimiento de su garganta cuando traga.

—Mis dos sabores favoritos —murmuro.

Ella se acerca el dedo corazón a la boca para limpiarse una gota del líquido que le cae por una comisura.

—Así es como un hombre debería echar un líquido en la boca de una mujer —dice.

La miro con una ceja levantada.

—Ahora me toca a mí —continúa, y me agarra la camisa—. Siéntate —exige, y señala la silla de cuero mientras me empuja con la palma.

Joder, que me dé órdenes así es lo más sexy que he visto en mi vida.

Abro las piernas y Maddie se coloca entre ellas. Me desabrocha el cinturón con prisa, me baja la cremallera y saca mi pene durísimo. Se pone encima de mí, me lo envuelve con la mano y lo acomoda en su entrada.

—Móntame, Maddie. Demuéstrame que lo que tienes ahí es mío.

Veo un destello en sus ojos y enseguida se deja caer sobre mi erección. Al instante sus músculos internos me abrazan.

—Eres perfecta —digo con los dientes apretados.

Me aferro con fuerza a los brazos de la silla mientras Maddie sube y baja sobre mí. Me acaricia la mandíbula y se muerde el labio inferior.

—Fóllame como si fuera tuya, Grayson.

La agarro por las nalgas, la levanto y la apoyo en la pared más cercana. Le oprimo la garganta y ella inspira bruscamente. Me clava los dedos en el antebrazo cuando empiezo a embestirla. Cuanto más rápido voy, más presión hago en su cuello.

Con los párpados apretados, uno mi boca con la suya y le quito la mano de la garganta para que pueda besarme en condiciones.

—Mía —susurro entre besos.

Noto un hormigueo por todo el cuerpo cuando se contrae alrededor de mi miembro. Solo aguanto unas pocas embestidas más y llego al clímax.

—¡Joder! —grito, derramándome dentro de ella.

Maddie también se deja llevar y su cuerpo se estrella violentamente contra el mío. Grita mi nombre; es música para mis oídos. Permito que se lleve todo lo que necesita de mí mientras mi pecho sube y baja como un loco.

Apoyo la frente contra la suya mientras los dos recuperamos en aliento. Le doy un beso breve y salgo de su interior a regañadientes.

—¿Vienes a mi casa esta noche? —pregunto.

Ella se muerde el labio inferior y me mira fijamente.

—Vale, pero quiero por lo menos cinco orgasmos antes de irnos a dormir.

Le rozo la mejilla con los labios.

—Si lo dejamos en seis, acepto. —Sonrío con la cara pegada a su piel, le doy un mordisco y después me aparto un poco y le tiendo la mano.

Ella se queda mirándola y luego me la coge con una sonrisa en la cara.