TERCERA PARTE #2
Logró amortiguar dos machetazos pero el tercero le dio en el costado izquierdo a la altura del abdomen, por fortuna el arma tenía poco filo, aunque el moho podría causarle alguna infección.
—¡Maldito! —gritó Luis Eugenio con toda la furia que nunca había sentido en su vida.
Se filtró en medio de dos buses y se ocultó tras un camión, cuando vio pasar el reflejo del gordo por una de las ventanillas polarizadas de un auto cercano, lo atacó por detrás, le dio con la estaca en la cabeza y trató de enterrársela en la espalda.
Solo logró golpearlo pero lo dejó resentido.
Luis Eugenio recogió un puñado de arena y se lo tiró al rostro.
El gordo lanzó machetazos a ciegas mientras trataba de ubicarlo, pero Luis Eugenio ya se había metido en su taxi y le dio arranque al ver que los carros de adelante ya habían avanzado.
No pudo andar mucho, el taxi estaba aprisionado contra la tractomula del gordo.
Luis Eugenio se bajó y, acto seguido, de un saltó ya estaba en la silla de la Kenworth, quitó la emergencia, le dio arranque, y con la misma estaca que no se atrevía a soltar, oprimió el acelerador y lo ancló contra la silla.
Luis Eugenio soltó el freno y dejó ir la tractomula, llevándose consigo un par de vehículos que milagrosamente se desviaron hacia costados diferentes.
La Kenworth ganó velocidad y cayó por el abismo que bordeaba la carretera, rodó unos quince metros hasta parar en el río Cauca, dejando un estruendo incomparable de la chatarra chocando y esparciéndose al ritmo de la corriente del agua.
Cuando Andy Shelberg llegó, no había mucho por hacer
para enmendar la situación. La multitud que rodeaba el restaurante le impedía encontrar la puerta, algunos de los chismosos lo reconocieron y lo enfocaron con el celular. La mayoría de las personas que le estorbaban eran vecinos del sector, también político, hinchas incluso algunos reporteros.
Siempre le habían gustado las cámaras, las preguntas de los periodistas, salir en medios de comunicación dando sus opiniones sobre temas de actualidad.
Le gustaba ser una celebridad. Esta vez era la excepción, se sentía incómodo e incapaz de modular palabra, ni siquiera sabía lo que estaba ocurriendo.
Había recibido la llamada de uno de sus empleados de la sede de Manchester, le dijo que había algunos inconvenientes que debía resolver personalmente.
El empleado lo llamó porque sabía que Andy estaba en la ciudad, de lo contrario, el escándalo habría quedado como una anécdota donde la figura principal del restaurante no se hubiese involucrado.
Pero ahí estaba él, tratando de salir bien librado, sin conocer que la peor época de su vida apenas comenzaba.
habían llegado miembros del partido apasionados del Manchester United e
Una hora antes, el restaurante de Manchester estaba casi lleno, era una de las sedes más exclusivas visitada por celebridades que querían la mejor comida en un ambiente discreto y tranquilo.
Uno de los meseros que se encontraba en el baño de los empleados, escuchó unos jadeos al otro lado de la pared, exactamente en los servicios de acceso al público.
Al principio pensó que se trataba de un cliente con estreñimiento que hacía fuerza para poder evacuar.
Descartó esa idea cuando escuchó murmullos o susurros con voces diferentes.
Se imaginó que se trataba de una pelea y decidió salir para acercarse al baño público y corroborar lo sucedido.
Se asustó, más que los protagonistas de la escena que se vieron sorprendidos con las manos en la masa, y con la masa en la boca.
El mesero llamó a Nick, quien era el administrador del local; este acudió al baño de hombres y de un grito separó al par de homosexuales jadeantes.
Comensales de varias mesas retorcieron el cuello buscando de dónde venía el escándalo.
Cuando el intercambio de palabras se hizo mayor, algunos acudieron para ver lo sucedido.
Nick lanzaba puñetazos y empujones al par de hombres, ellos, con los pantalones abajo, caminaban como pingüinos mientras trataban de vestirse para continuar con la cena como si nada hubiese pasado.
Pero la furia de Nick seguía intacta, su homofobia escondida salió a relucir con la escena e hizo que el escándalo acrecentara.
Al mismo tiempo que uno de los empleados llamó a Andy para comentarle la situación; Richard Fodden, socio de una importante casa radial, hizo lo propio con uno de sus periodistas.
Corresponsales que se multiplicaron como hormigas en un pastel abandonado.
Todos llegaron antes que Andy Shelberg, y ese fue el problema, porque no hubo tiempo de dialogar y solucionar el malentendido.
La acalorada situación se convirtió en un incendio, en un infierno que consumió la vida de Andy, quien detonó su instinto homofóbico y las chispas salieron incontrolables.
Cuando detectó a la pareja homosexual, justo en el baño donde su esposa le había sido infiel años atrás, se fue contra ellos, no importaba que se tratara del famoso futbolista latino Aldineber Atapuma, fue el primero en recibir el golpe; Norman Kane, aunque al principio lucía sonriente,
disfrutando el escándalo que seguramente le traería más vistas y seguidores, también recibió algunas patadas luego de que Andy lo lanzara al suelo.
Cuando Aldineber reaccionó, lanzando una botella de vino casi llena contra el pecho de Andy, este le arrebató el arma a uno de sus escoltas y le apuntó.
Ese día evitó ir al baño en el descanso para no darles oportunidad a sus enemigos de tenerlo a solas; a la salida, observó a lo lejos, lo esperaban en el andén de enfrente.
Se quedó un rato en la puerta simulando que esperaba a alguien, en ese momento se acercó el portero diciendo que un señor lo buscaba.
El señor se presentó amablemente, le dijo que era corresponsal del periódico donde trabaja su amigo periodista de internet y le entregó un paquete.
«Tan pronto puedas le envías lo que te pidió».
Se fue caminando a casa. Su mamá estaba haciendo algo en la cocina y Santiago subió directo a la habitación.
Al desempacar el paquete, se encontró con un teléfono móvil de última generación, al menos fue lo que descubrió después de consultarlo en internet.
Lo ensambló, descargó las aplicaciones más necesarias y lo puso a cargar.
Antes de ir a contarle a su mamá, le escribió un mensaje a su amigo periodista colombiano para agradecerle.
Grabó, borró, grabó de nuevo, luego otros tres intentos.
Luego de un montón de tomas, le envió un video de tres minutos a su amigo periodista.
No le respondió. No le volvió a escribir.
Al menos le había dejado un buen regalo.
Respecto al nuevo teléfono, a su madre le pareció bonito, pero de inmediato le preguntó por el otro.
Le dijoque se había dañado, pero no fue capaz de sostener la mentira, le contó el altercado con el Gordiflón, Caremuslo y Cocodrilo.
Su mamá, muy diplomática, le sugirió hablar con los maestros, eso era un robo y aunque había sido afuera de la institución, ellos debían devolvérselo.
Para su fortuna, ella en ningún momento se ofreció a ir a la prepa a hablar por él, tal vez sabía que eso empeoraría las cosas.
No obstante, cuando llegó su padre, lo hicieron reunirse con ambos en el comedor.
Le dijeron que buscara ayuda con los maestros, aunque su padre le dijo que si podía enfrentarlos lo hiciera.
Le explicó que en su época el bullying se respondía con bullying, grosería con grosería, apodo con apodo, golpe con golpe.
Su madre lo miró desconsolada, quería contradecirlo pero no se atrevió, de todas maneras tenía razón.
Al día siguiente llegó decidido, luciendo el nuevo teléfono que ninguno de sus compañeros, incluso ninguno de sus maestros podía tener.
Se encargó de que todos lo vieran, en especial el Gordiflón, Caremuslo y Cocodrilo.
Algunos lo miraban con admiración, otros con asombro, y los tres de siempre con rabia y envidia.
Entonces, a la salida ocurrió lo esperado: lo siguieron y prácticamente lo arrastraron hasta el lote despejado donde lo habían conducido la vez pasada.
Le arrebataron el maletín y lo vaciaron. Nuevamente lo dejaron sin móvil.
Al día siguiente se levantó dos horas antes de lo habitual, no hizo mucha bulla, mientras su padre estaba en la ducha le cogió el teléfono móvil.
Por fortuna no tenía patrón de bloqueo, solo era deslizar un dedo por la pantalla y ya.
Se organizó rápidamente y salió sin desayunar, le dijo a sus padres que debía estar una hora antes en la prepa para una actividad.
No supo si le creyeron, lo importante era salir antes de que se dieran cuenta de que había cogido el teléfono.
Antes de ir a la prepa se pasó por una de las carnicerías del sector, habló con uno de los que allí atendían, y después de varias mentiras piadosas, lo convenció de negociar.
Llegó a la prepa y fue al salón, obviamente no había llegado ninguno de sus compañeros, aprovechó ese tiempo para hablar con Miguel, el compañero más pequeño de la clase, pequeño en estatura y pequeño en edad, y quizá el único que admiraba realmente a Santiago.
Por el pasillo había una ventana que tenía vista hacia la calle, vio que varios de sus compañeros de salón ya se acercaban, más atrás venían sus compañeros-contrincantes-envidiosos-enemigos.
Siempre se reunían en la esquina y llegaban juntos, era perfecto, tal cual como lo había visualizado.
Santiago dejó encargado a Miguel para que los dirigiera a todos hacia el aula de comunicaciones, mientras él ubicaba los implementos en el sitio oportuno. Su plan iba a la perfección.
Cuando lo vio entrar, Eduardo Maldonado se agachó en su asiento.
Esperó a que John Melgar parqueara su motocicleta y se filtrara por la puerta hacia el interior de los salones.
Eduardo tenía detectadas dos cámaras de seguridad y aprovechó la soledad del lugar para convertirlas en sus primeras víctimas.
Primero fue a la esquina donde, previamente había calculado, ninguna de las dos cámaras lograba enfocar.
Desde allí lanzó la cruceta y con un tiró perfecto logró reventar los cables de una.