Detonante SEGUNDA PARTE #5
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SEGUNDA PARTE #5

—Quiero ayudarlo, no me lo perdonaría si nos bajamos de este avión y se va cada uno por su lado.

Adonilson lo miró con interés, aunque no se atrevía a preguntar cómo lo podría ayudar.

—Siempre necesito empleados en mis restaurantes.

—Señoras y señores, en este momento comenzamos a descender, por favor prepararse para el aterrizaje.

De haber conocido el desencadenante de sus próximos días, Andy Shelberg también habría contemplado el accidente aéreo como una opción más placentera.

Andy Shelberg nació y creció en Londres, de joven nunca supo lo que quería hacer con su vida; resultó, más por empuje de su padre, estudiando artes plásticas en el Royal College of Art.

Su época de juventud fue descarriada, en su apartamento de soltero, obviamente pagado por su padre, no faltaban licores y otras drogas no tan legales, cada fin de semana invitaba a una chica diferente para seducirla y disfrutar del sexo casual; esa era la única condición que les ponía:

no enamorarse.

Cuando invitaba a una chica y la situación se demoraba para entrar en el plano sexual, Andy, en medio de la conversación, preparaba espagueti con salsa de tomate y de esta manera las chicas podrían verlo como un hombre seguro y capaz.

Seguridad y capacidad que se fisuró cuando invitó a Cristine, la primera mujer con la que quiso algo más que sexo.

El problema comenzó cuando en la primera cita Andy preparó los espaguetis pero no tuvieron sexo; se tomaron una botella de vino pero ni siquiera hubo un beso.

La conversación estuvo más interesante de lo esperado y Andy supo que con esta mujer necesitaba algo mejor: evolucionar.

—Gracias por la cena —le dijo Cristine—. Espero que la próxima sea mejor.

Andy, como cosa rara en los hombres, se quedó sin descifrar la indirecta; tal vez quería decirle que la comida estuvo fatal y debía mejorar, o quizás era una insinuación para que hubiese una segunda invitación.

Incluso, logró comprenderlo con el pasar de los días, ni siquiera se trataba de una indirecta; pensó que Cristine le había dicho directamente «cocinas mal, pero te daré otra oportunidad».

El pobre Andy se sorprendió con su propio comportamiento cuando iba por el tercer video de YouTube, estuvo gran parte de la noche repasando recetas de preparaciones para futuras invitaciones a Cristine.

Fue emocionante encontrar un mundo que hasta este momento había sido ajeno y hasta repulsivo.

Andy tomó una libreta de apuntes y escribió las preparaciones más llamativas, meditó un rato acerca de cuál sería el plato perfecto para seducir a Cristine y llegó a la conclusión de que no la conocía lo suficiente para saber elegir entre carnes y ensaladas, o entre postres y batidos.

Y, aun sin conocerla lo suficiente, decidió casarse con ella; quizá por eso, la deslumbrante Cristine después de tres años de matrimonio se revolcó con uno de los meseros en el baño de su primer restaurante, la misma Cristine que se quedó con la mitad de todo.

Andy había descuidado la universidad por completo, fue mejor, se había dado cuenta de que estaba en la carrera equivocada.

En la recepción del Royal College of Art peguntó por una carrera afín a la gastronomía; Jaz, quien era la recepcionista en ese momento, le informó que el mejor sitio para estudiar cocina en Londres era indudablemente la Chef Academy of London.

Andy nunca había escuchado algo respecto a esa institución, pero fue de inmediato, necesitaba informarse.

En la academia le dieron una breve inducción sobre las modalidades de estudio, sin pensarlo se inscribió en dos niveles: Técnicas básicas de cocina y Curso profesional de pastelería.

Ahora faltaba lo más difícil, contarle a su padre su drástica decisión y pedirle dinero para pagar los cursos.

Para su sorpresa, resultó mejor de lo pensado; su padre vio tanto entusiasmo en las palabras de Andy que no dudó en apoyarlo; sabía que esta vez sí había motivación de por medio y, además, un chef cotizado sin duda ganaría más dinero que un artista plástico.

¡Y vaya que el dinero llegó! Tan pronto Andy tuvo los conocimientos mínimos y se sintió capaz de ejecutar una importante cantidad de recetas, le hizo la propuesta a su padre; este aceptó sin dudar.

Abrieron un restaurante en compañía, si el negocio funcionaba, Andy le pagaría el dinero para quedarse netamente con todo.

Solo tuvo que esperar ocho meses para ver las utilidades, cuando Andy fue a liquidar la deuda, su padre no aceptó, pero hizo prometerle que con ese dinero abriría otra sede de Andy´s Restaurant.

Fue poco lo que duró esa dicha, la parte que le dejó su padre se la arrebató Cristine.

Pasaron dos años hasta que Andy logró recuperarse y comenzar de nuevo, Manchester fue la ciudad destino de esos deseos.

La ciudad que lo vio germinar, y también la sede que lo llevó a decaer estrepitosamente.

Subida lenta. Detonante. Caída libre. La cita con su empresario fue breve, Aldineber Atapuma imaginaba que había una oferta europea de un equipo discreto, eso lo entusiasmaba y le aseguraba un puente para pasar a un equipo grande, sin embargo, todas sus expectativas se desbordaron y,

como todo en su vida, llegó la sorpresa sin darle tiempo de prepararse, confiando únicamente en su talento.

—Hay una oferta del Manchester United en este momento —dijo su manager. Al no recibir respuesta y ver el rostro atónito de Aldineber, este continuó—: tendremos que decir que no, por ahora.

—¿Qué? ¿Por qué? —reaccionó Aldineber.

—Cuando una oferta se vuelve pública, otros equipos se interesan, se fijan en ese jugador que antes estaba en el anonimato.

—Entiendo, entonces llegan otras ofertas…

—Exacto.

—Pero Manchester es Manchester.

—Sí, ya depende de las otras ofertas. La idea es que mejoren la propuesta de dinero, porque de nivel lo dudo.

A veces resultan propuestas del fútbol árabe o chino, pero eso sería volver al anonimato, aunque ofrecen más dinero.

En la Premier League hay mejores ingresos por publicidad, incluso esta temporada podrás jugar la Champions.

—Genial.

—Apuesto a que dudabas de mi trabajo.

—No es eso. Simplemente no pensé que sería tan rápido un traspaso así.