Detonante SEGUNDA PARTE #3
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SEGUNDA PARTE #3

Tal vez para bien, tal vez para mal, amigos no tenía, nadie cercano a quien contarle sus secretos y proyectos.

O nadie lo conocía, o lo ignoraban muy bien.

Hasta que llegó el día. Pasaron casi tres semanas desde que grabó el video, prácticamente ya había olvidado el caso.

La vio en Facebook, era una noticia que ya llevaba varios días de publicada y se la topó por azar mientras deslizaba el dedo por la pantalla.

Se detuvo porque reconoció a la mujer sospechosa que había grabado en el parque.

Esta vez llevaba un impecable uniforme blanco, y aunque el día que la grabó lucía sombrero, su rostro y su cabello eran inconfundibles.

La noticia decía que una empleada del aseo había llamado a la policía para informar la muerte de su jefe; porque a pesar de trabajar en un hospital, no lograron hacer nada por él; parecía un infarto fulminante.

El corto cuando al hombre lo estaban sacando envuelto en una sábana.

Atrás aparecían algunas enfermeras y empleadas del hospital, y entre ellas Manuela Andrade, la video mostraba en una camilla mujer que Santiagoreconoció de inmediato.

En conclusión, supo que ella lo había envenenado.

Estuvo un rato pensando en cómo debía proceder.

Eran cientos de kilómetros de distancia los que debía vencer, más la barrera de no tener ni un solo contacto en Colombia.

Lo único que se le ocurrió fue escribir un mensaje a la página donde vio la noticia.

De inmediato le respondió un mensaje automático sugiriendo dejar un comentario.

Santiago escribió diciendo que tenía una información y pruebas importantes respecto al caso del señor muerto en el hospital.

No obtuvo respuesta inmediata y se distrajo en otras cosas.

Quería contarle a alguien pero sus padres no estaban, terminó un trabajo de inglés, luego sacó el perro a hacer sus necesidades y de regreso se compró un helado en la tienda de la esquina.

Helado que no alcanzó a disfrutar ni la mitad, porque el calor se lo estaba derritiendo y cuando le ofreció una lamida a Nerón, este casi se lo lleva todo.

En casa de nuevo, consultó redes sociales y no había pasado nada, salvo una notificación en la bandeja de solicitud de mensajes de Messenger.

Según decía, era un periodista del periódico El Tiempo.

Le escribía explicando que anteriormente le había respondido un community manager y que él a su vez le había pasado su mensaje.

«Por tu perfil veo que eres muy joven y vives en otro país. No sé si le entendí bien a mi compañero, me dijo que tienes una información».

Al principio comprendió que no lo estaba tomando en serio.

Así que para ir directo al grano le envió el vídeo que había grabado.

«Ella es la mujer que aparece en la noticia que ustedes publicaron, claramente es la misma que yo grabé en mi ciudad horas antes. Si le interesa más información, estoy dispuesto a darla. Mi sueño es ser periodista profesional».

Su respuesta llegó de inmediato:

«Dos cosas: ¿Quiere decir que me autorizas publicar el video? Y otra, ya eres un buen periodista. A veces te topas con profesionales que no tienen o no necesitan un título para hacer una buena labor informativa e investigativa. Ya lo ves, ese es tu caso».

Santiago le respondió que sí podía publicar el video, le explicó dónde lo había grabado y cómo le siguió la pista a la mujer hasta el aeropuerto.

El periodista colombiano lo felicitó y le dijo que le daría todos los créditos por la información que le estaba suministrando.

Se despidió y, según le dijo, se pondría a redactar la noticia que saldría en los próximos minutos.

El resto dependía de los investigadores del caso, pero ya tenían unas pruebas contundentes para presentar a los jueces y dar un dictamen final.

Al día siguiente fue la noticia más importante en Colombia, a las pocas horas ya era la más replicada en México, gracias a que todos los periodistas estaban citando su nombre.

Era increíble cómo su número de seguidores en redes sociales aumentaba considerablemente.

Algunos periodistas hasta consiguieron su teléfono y lo llamaban buscando alguna información que no se hubiese publicado.

Tuvo ofertas de algunas preparatorias para que se cambiara y terminara sus estudios con ellos, incluso le ofrecieron dos becas en dos universidades.

Nunca se imaginó que un simple acto de curiosidad causaría tanto revuelo.

Al principio lo disfrutó; no obstante, los logros y el éxito traen envidias, atraen la amargura de otras personas y causa repudio en las mentes pequeñas.

Un par de días después la noticia ya estaba perdiendo importancia, decían que aún faltaban algunas pruebas y otras noticias se robaron los titulares.

En parte era un alivio porque ya podía seguir con su vida normal, sin causar disgustos a sus padres y a sus maestros.

Por otro lado, le daba nostalgia porque era una oportunidad que difícilmente volvería a tener.

Solo le quedaba seguir estudiando para consolidar una carrera de periodista que apenas estaba comenzando.

Pero, la cosa se complicó un día en los baños de la prepa, acababan de salir al descanso y tres de sus compañeros: El Gordiflón, Caremuslo y Cocodrilo loencerraron y comenzaron a decirle cosas.

Le preguntaban si estaba muy contento siendo famoso, que cuál sería su próxima investigación, que si era nieto de Sherlock Holmes y un montón de cosas que Santiago no respondía; estaba intimidado, nunca le había pasado una cosa de esas.

Todos en la prepa sabían que ellos se la montaban a algunos niños menores de grados inferiores, o a veces en las clases salían con comentarios de mal gusto delante de los profesores, pero nada pasaba a mayores, al menos no tanto como lo que le hicieron.

Al menos no tan fuerte como lo que Santiago les hizo para vengarse.

Eduardo Maldonado, en su primera salida con la estudiante Maryluz Díaz, escuchó algunas intimidades de John Melgar.

Era un novio maltratador, tenía un hijo por el que no respondía, era un desadaptado social; incluso Maryluz no se explicaba cómo hacía para sobrevivir en la universidad sin poseer la disciplina y el entusiasmo necesarios.

Ella al principio se metió con él porque lo veía muy macho, el hombre protector que todas las mujeres desean; con el paso de los días descubrió que su hombría iba más allá, rayando con el machismo y la misoginia.

Fueron tres meses de infierno hasta que le confesó que se sentía atraída por el profesor Maldonado.

De inmediato John volcó todos sus esfuerzos en hacerle la vida imposible a Eduardo.

Lo primero que hizo fue llamar la atención en sus clases, le hacía preguntas incómodas y estaba tratando de juntar a otros compañeros para rebelarse a la hora de hacer parciales; no lo logró, pero trataba de ponerle trampas a Eduardo siempre que se avecinaba un examen que daba una nota importante.

Eduardo había accedido salir con Maryluz para sacarle información, quería entender por qué John se había convertido en el estudiante problema.

Todos los profesores han pasado por eso, pero no más allá de simples pataletas e indisciplina.

Nada que ver con chantajes, como aquel día que recibió una nota en la que lo amenazaban con contarle a las directivas Eduardo sobre el presunto romance Maldonado y la estudiante entre el maestro Maryluz Díaz.

A Eduardo le causó gracia, si hubiese sido en la preparatoria, obviamente le traería problemas, meterse con una estudiante menor podría verse como delito; sin embargo, con una mujer como Maryluz, toda una adulta y en todas sus facultades de entendimiento, más que una relación sana,

era una relación excitante; aunque eso no estaba en sus planes, se sentía felizmente casado y no tenía intenciones de arriesgar su relación y su familia.

Un día, luego de que John perdiera uno de los exámenes más importantes, buscó a Eduardo para pedirle explicaciones.

Eduardo le sugirió que estudiara más, que se volviera más serio y que tomará el estudio como lo que era: un reto, un propósito, una manera de superarse.

John salió ofendido del salón, tenía la esperanza de que Eduardo revisara el contenido del examen y encontrara una que otra respuesta que se pudiera salvar y así subir la nota.

Fue todo lo contrario. John supo que ese profesor se estaba convirtiendo en su peor enemigo.

Lo cierto es que Eduardo lo había hecho perder el examen, y estaba próximo a hacerlo perder la materia.

En realidad John tenía algunas respuestas acertadas pero hacerlo desistir universidad y de su vida.

No podía permitir que la situación pasara a mayores y se le saliera de las manos.

Al día siguiente encontró una nota sobre su escritorio en la sala de profesores:

Eduardo no se lo manifestó, necesitaba de estudiar, quería verlo lejos de la

«SUS ACTOS NO SON LOS MÁS HONESTOS. CUÍDESE…».

Desde ese día Eduardo comenzó una vida intranquila, caminaba mirando hacia los lados, pensando que lo estaban siguiendo; conducía despacio, temiendo ser abordado por alguien armado.

En la prepa también mantenía prevenido, no sostenía largas conversaciones, evitaba los líos reformatorios de los jóvenes y creó un comité interdisciplinario para que un grupo de profesores se encargaran de los conflictos entre los estudiantes.

Nada de eso le ayudó a evitar su detonante, y los dedos cortados de su hijo en esa caja eran un motivo suficiente para matar y comer del muerto.

Cuando Lorena García se despertó en el hospital, se enteró de lo sucedido, los noticieros hablaban de un accidente, las redes sociales hicieron lo suyo y mostraban indicios de un intento de asesinato y los más osados decían que se trataba de un prestigioso profesor de la Universidad Autónoma de

México, sin embargo, cuando los agentes de investigación fueron a buscarlo, no lograron hallarlo ni en el claustro universitario ni en su vivienda, tampoco en la preparatoria donde era rector.

Al parecer, según las unidades investigativas, el hombre había alterado la motocicleta de Melgar y a su vez lo habría hostigado en una persecución por gran parte de la ciudad hasta que decidió arrollarlo y por último se dio a la fuga.