Detonante PRIMERA PARTE #5
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PRIMERA PARTE #5

Aldineber, desde la tribuna improvisada, levantó la mano con el balón al aire esperando que el entrenador lo viera, así fue, este le hizo una seña con la cabeza y Aldineber saltó a la cancha y se amarró los zapatos.

Desde el otro lado de las gradas el líder de la pandilla aprovechó el descuido y mandó a uno de sus esbirros para que le hurtara el balón y los zapatos de salir los domingos.

—¿De qué juegas? —le preguntó el entrenador.

Aldineber ni siquiera sabía cuál era su posición, de hecho, nunca había jugado en un equipo medianamente ordenado. Solo sabía que le gustaba jugar y le gustaba hacer goles.

—Hago goles —le respondió Aldineber sin pensar, más preocupado de que no notaran que tenía una pierna más larga que la otra.

—Perfecto, el muchacho que vas a reemplazar es nuestro mejor delantero. Haz lo mejor que puedas.

Aldineber vio venir el balón, entusiasmado y a la vez sintiendo una presión que no se comparaba con nada que hubiese vivido.

Nunca había jugado un partido con público.

Familiares y amigos de los jugadores gritaban y cantaban algunas porras.

Sentía que todo el mundo lo estaba viendo, esa era su oportunidad.

La aprovechó cuando el arquero de su equipo despejó el balón, el rechazo salió tan alto que le dio tiempo para que Atapuma se ubicará en el área y colocara la cabeza para desorientar al arquero contrario que no supo adivinar el movimiento.

Gol. Gol en el primer toque al balón. Los jugadores desconocidos, ahora compañeros de equipo, fueron y lo abrazaron. Era el mejor día de su vida.

Después de ese entrenamiento, en el que marcó otros dos goles, todo fue un ascensor de éxitos.

Lo incorporaron oficialmente campeonato, al Club Deportivo Guano, no ganaron el quedaron en tercer lugar, pero sirvió para visibilizar su juego, algunos cazatalentos pasan por allí para buscar nuevas incorporaciones en equipos profesionales.

Fue así como lo contrataron en el equipo Orense de primera división.

En Orense jugó dos temporadas sin mucho éxito para el equipo pero sí para él.

Si bien al principio lo pusieron a jugar en la categoría de menores, su rendimiento lo llevó a escalar hasta el banco de suplentes del equipo élite.

Allí lo ponían a jugar, por lo general, los últimos diez o quince minutos.

Fue suficiente para mostrarse con seis goles y algunos pases y regates de lujo que enganchado por el Emelec, uno de laureados de Ecuador.

lo llevaron a ser los equipos más

En Emelec duró solo seis meses, al entrenador no le gustaba verlo cojear, siempre parecía lesionado y lo desechó como agente libre.

Y fue mejor, porque un empresario europeo ya lo tenía visto y se las arregló para llevarlo al RiverPlate de Argentina y esto le sirvió para que la Selección Ecuatoriana lo convocara, no solo en el equipo sub 20, también en la categoría de mayores para disputar las eliminatorias mundialistas.

Aldineber Atapuma se había convertido, sin mucho alarde o publicidad, en la estrella del fútbol ecuatoriano y promesa latinoamericana.

Sabía que su selección no era de las favoritas, pero el solo hecho de vestir su camiseta le hacía sentirse orgulloso y realizado.

Todos sus sueños se habían cumplido. Pero había más.

Lo descubrió cuando su agente lo llamó y le dijo: «Tenemos que hablar, hay algo importante».

Norman Kane nunca se había interesado en la historia de Aldineber Atapuma, únicamente buscaba risas y placer.

Ahora, desde prisión, era imposible enmendar los errores de aquella fatídica noche con Aldineber y Andy Shelberg, pero estaría lo suficiente en prisión como para pagar el precio.

—Un trago más y ya está —dijo Norman Kane mientras levantaba la copa.

Todos en el bar hicieron lo mismo y gritaron ¡salud!

Cuando se paró para ir al baño por última vez se sintió pesado y verdaderamente mareado.

Estaba más cerca la puerta de salida que la del baño.

Decidió aguantar hasta su apartamento y salió a la calle para subir a su auto estacionado al frente del bar.

Lo bueno de no tener amigos es que nadie se mete en tu vida y nadie se preocupa por ti, pensó mientras aceleraba.

Tal vez alcanzó a conducir unas tres o cuatro cuadras hasta que embistió a unos dos o tres transeúntes que quizá venían de otro bar.

Las cámaras de seguridad le ayudarían a entender lo que pasó.

A Norman Kane le gustaba explorar, ese era su propósito: trasegar por el mundo, conociéndolo todo, burlándose de todo, mucho mejor si era de él mismo.

Nunca supo lo que quería hacer en la vida, pero sabía que quería ser famoso, como fuera; no importaba el camino, conocía la meta.

Su profesión de comediante la inició por accidente, una noche, tomando con algunos amigos que lo invitaron, porque él no mantenía ni una libra en el bolsillo; descubrieron su talento mientras hablaban cosas mundanas, se reían del que acababa de entrar, del mesero,

también del barman y de la vestimenta de la gente.

En especial, se reían de él, porque a pesar de su voz chillona, casi de puberto regañado, a Norman le gustaba hablar, como si disfrutara incomodar a la gente con su voz.

A Norman se le ocurrían unas cosas que nadie del grupo se hubiese imaginado.

Esa noche, como todos los jueves, había la actividad de micrófono abierto.

La mayoría de los atrevidos lo hacían cantando, otros declamaban poesía o leían un aparte de su libro favorito, pero eso a medianoche, con algunos tragos en el organismo, se tornaba insoportable.

Norman fue el único que se atrevió a romper la tradición, nunca había cogido un micrófono, pero a pesar de su embarazosa voz lo hizo como si durmiera con él.

El público no lo asustaba, todo lo contrario, sentía que entre más personas lo vieran, mejor era el resultado de sus chistes.

Esa noche, la cosa no estuvo como imaginó, su voz chillona y los chistes sin gracia fueron interrumpidos por vasos y copas que le lanzaron desde las mesas.

Norman lo tomó con gracia, se bajó de la tarima y todo quedó como una simple anécdota.

Norman Kane se dedicó a construir mejores monólogos e historias cómicas, sus amigos lo invitaban a cervezas no porque fuera la mejor persona o el amigo inseparable, lo único que buscaban era reírse, un rato de diversión que los hiciera olvidar la rutina y los problemas,

con Norman elautomatismodesaparecía porque para cada comentario tenía un chascarrillo, aunque muchos no lo entendieran.

Cuándo volvieron al bar del micrófono abierto pidió una segunda oportunidad y una tercera.

Fue cuestión de tiempo hasta que el administrador lo reconoció después de varios meses, le ofreció una remuneración para que se presentara en el bar las noches de miércoles y jueves porque los borrachos lo estaban reclamando.

Norman aceptó sin dudarlo, nunca se imaginó que ser chistoso era una profesión, el problema es que ahora necesitaba un repertorio bien estructurado, debía enfocar sus presentaciones con alguna temática diferente cada día.

Era obvio que el talento y la espontaneidad que utilizaba con sus amigos no eran suficientes para repetir dos días a la semana, todas las semanas.

Su talento, acompañado de una buena preparación, le sirvió para que la voz a voz se corriera por toda la ciudad.

El bar comenzó a cobrar la entrada cuando Norman se presentaba y otros sitios quisieron contar con sus servicios.

Norman se vio en la necesidad de poner una tarifa según el escenario y el público.

Además de eso fue contactado por una estación radial para que hiciera parte del programa matutino.

Su carrera se infló de tal manera que se convirtió en toda una celebridad en Inglaterra.

Comenzó una gira de su stand up comedy por las ciudades más importantes del país, y cuando su popularidad estuvo en el máximo punto, inició su propio programa de televisión donde entrevistaba figuras públicas de talla mundial, en especial figuras del deporte, en especial futbolistas.

Hasta que el detonante llegó, dándole un vuelco a su divertida carrera, y a su vida.