Detonante PRIMERA PARTE #4
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PRIMERA PARTE #4

Desde ese momento la señora buscó la manera de acercar a su hija, llamada Catarina, al joven pastor; porque en realidad quería rescatarla de las manos de ese novio que tenía en el grupo de los grafiteros rebeldes.

Así se fueron dando las citas, aparentemente por conveniencia, hasta que nació una linda amistad, una atracción, un noviazgo que se convirtió en matrimonio en solo cuatro meses, y a los dos de haber recibido la bendición, ya estaban esperando a Rosa María.

Adonilson no contaba con que el grupo de jóvenes hostigadores también se había afianzado y volvieron con más ímpetu.

Ahora se autoproclamaban como secta satánica y a veces pasaban por la iglesia para dejar un recuerdito.

No eran solo grafitis, también dejaban notas amenazantes y animales sacrificados.

Uno de ellos, el exnovio de Catarina, juró vengarse y con sus conocimientos en sistemas e internet, seguía muy de cerca los pasos de Adonilson.

El pastor tuvo que mudarse, aparte de proteger su iglesia y su reputación, su familia también estaba en juego.

La familia ejemplar que necesitaba Adonilson, Catarina y Rosa María fueron la muestra del amor puro de Dios; su iglesia ganó seguidores de todos los rincones de la ciudad, incluso de regiones aledañas; los cultos se diversificaron y también las sedes,

adoptando el nombre de Iglesia Nueva Alianza Cristiana, llegando a ocupar tres garajes en Portalegre y para no frenar su expansión, Adonilson dejó encargados a sus asistentes-empleados-socios-cómplices, y viajó con su familia a Lisboa, donde alquiló un local inmenso para tantear terreno.

Le fue tan bien que las sedes se multiplicaron por el mundo.

Hasta que el declive llegó.

Fue en Medellín, Colombia, horas antes de la presentación de su segundo libro, recibió una llamada de su agente informando que un señor llamado Luis Eugenio, conductor encargado del transporte de los ejemplares,

había tenido un accidente en carretera y por esa razón se aplazaba la presentación para el día siguiente.

Adonilson agradeció ese descanso, se desplomó en la cama del hotel, sin sueño y sin ganas de salir, entró en su móvil en Redtube para buscar un video que lo acompañara mientras se frotaba.

Antes de acomodarse se levantó y cerró las cortinas, tal vez para que no lo vieran desde los pisos altos del edificio que tenía al frente, o quizá para que a Dios se le dificultara verlo desde arriba.

El video que había seleccionado terminó y Adonilson no había llegado al orgasmo, deslizó el dedo por la pantalla y como última opción tocó una imagen que lo remitió a una página, retrocedió para buscar otro video pero comenzó a escuchar una voz en español que lo saludaba.

Se percató de que la página que había abierto segundos antes seguía abierta.

Entró y se encontró con una chica que se hacía llamar Mich Bunny.

Pinchó, habló. Se comunicaron, se entendieron.

El sonido del disparó llegó hasta los oídos de Adonilson Lausada, oculto tras su paraguas.

Llovía fuerte y el estacionamiento de Andy`s Restaurant en la sede de Manchester no tenía el mejor drenaje, a pesar de ello los comensales estaban desalojando el establecimiento queriendo resguardar su vida.

Adonilson se asomó por la puerta trasera y vio a su jefe Andy Shelberg con el arma en su mano derecha; alguien había caído víctima del disparo.

Cuando Adonilson se agachó para ver mejor debajo de las mesas, se encontró con la sangre del reconocido delantero del Manchester United, Aldineber Atapuma.

Dos semanas antes del disparo también había llovido, el ambiente estaba opaco.

Desde el estacionamiento hasta el interior del restaurante había un pasaje sin techo y Andy Shelberg tuvo que correr, incluso saltar para atravesarlo sin mojarse mucho.

Adonilson Lausada llevaba tres meses como empleado encargado del parqueadero y de cubrir con paraguas a los clientes que ingresaban durante la lluvia, pero a esa hora no había clientes, y al parecer ni Adonilson había llegado.

Andy había aparecido más temprano de lo porque tenía programada una rueda de prensa con corresponsales de los medios más prestigiosos del país. Dar entrevistas era algo normal para él, pero era su primera vez siquiera

habitual como el número uno del mundo; el más importante, el sin competencia, el mejor.

Incluso había preparado un pequeño discurso entre agradecimiento e inspiración y, ante todo, un sutil anuncio de su futura campaña a la Cámara de los Comunes representando el Partido Liberal Demócrata.

Sus hijos no entendían por qué una persona con tanto prestigio y dinero se quería involucrar en la política al cabo de los años, y Andy no sabía explicarlo más allá de unas simples frases como «Quiero servirle al país de otra manera» o «Con la política puedo ayudar a más personas».

No obstante, era un camino difícil, apenas lo estaba comenzando; esa era su gran motivación ahora que sus restaurantes estaban consolidados: tener otro reto que lo exigiera.

Cuando Andy Shelberg entró a la sede que había abierto dieciocho años atrás en Manchester y que hoy era la principal, Adonilson Lausada estaba terminando de lavar los baños.

—Hola —le dijo Andy.

—Buenos días, jefe. Llegó muy temprano.

—Vienen todos los medios de comunicación —dijo Andy

con orgullo.

Adonilson cambió la cara, se sintió amenazado. Lo que menos quería era un nuevo escándalo con los medios de comunicación. Ni loco podría permitir que alguna cámara lo enfocara, mucho menos lavando baños en un restaurante.

—No es necesario que laves los colaborarme en el estacionamiento, Tendremos invitados importantes. baños. Podrías como siempre.

—Claro —le respondió Adonilson poco convencido.

Andy se acercó al vidrio que había detrás del mostrador, el polarizado le permitía ver su reflejo e intentó acomodar su cabello hasta lograr un aspecto juvenil.

Una de sus empleadas llegó en ese momento y de inmediato le dio la orden para que juntara dos mesas y las adornara lo mejor posible, con el fin de que los periodistas enfocaran la parte más elegante del restaurante.

Adonilson llegó al estacionamiento y se ocultó bajo un pequeño techo, el único sitio donde podía protegerse de la lluvia.

Llegaron dos autos particulares al mismo tiempo, pero Adonilson no se atrevió a acercarse para ofrecerles el paraguas, al contrario, lo abrió y se ocultó tras él.

Sería su acabose si algún periodista lo reconocía, por eso prefirió entrar de nuevo al restaurante y ocultarse en uno de los baños hasta que pasara la rueda de prensa.

A los quince minutos ya estaban todos los periodistas esparcidos en el interior del restaurante, también emparamados, alrededor de la mesa que parecía un altar.

Andy Shelberg lucía ansioso, de vez en cuando bajaba la mirada para repasar el discurso que llevaba escrito en una hoja, quería comenzar ya pero había cometido el error de ofrecerles bebidas y postres antes de las declaraciones.

Debió haberlo hecho después de terminar.

Fue un momento al baño para acomodarse de nuevo el peinado, pasó a pocos centímetros de Adonilson que estaba al otro lado de la puerta, sentado en la taza, mirando para el techo; pensando otro rumbo para su vida, en ese restaurante famoso más temprano que tarde alguien oportunidad sería la ruina.

Andy se quedó esperando lo vería y su segunda

los aplausos después de terminar su discurso, los periodistas parecían ignorarlo y ya estaban recogiendo sus equipos; algunos incluso salieron sin despedirse ni agradecer por la entrevista y el postre.

Claro, ya tenían la nota de prensa y nada más importaba.

No se imaginaban que en un par de semanastendrían que regresar para tomar nuevas declaraciones, esta vez más delicadas.

Norman Kane paró oído desde su celda cuando vio la imagen de Andy Shelberg en el televisor: lo llevaban esposado, algunos periodistas lo increpaban con preguntas que Andy, con su cabeza gacha, evitaba responder.

Norman salió y leyó en el banner de la pantalla «EL CHEF MÁS RECONOCIDO DEL MUNDO VA A PRISIÓN».

Se lo tenía bien merecido, su reacción había sido tremenda.

Ambos atravesaban idénticas situaciones, aunque Andy Shelberg no hubiese asesinado a tres personas como sí lo hizo él.

La narración del periodista pasó a segundo plano mientras Norman se acercaba al pasillo de los teléfonos públicos para llamar a Aldineber Atapuma una vez más.

Como las veces anteriores: sin respuesta.

De nuevo le pagó diez libras a Maison para que lo dejara revisar las redes sociales.

Norman no estaba seguro si Aldineber lo había bloqueado o simplemente había cerrado sus cuentas.

En Google buscó las últimas noticias sobre Aldineber Atapuma, encontró un video de un noticiero ecuatoriano donde hacían un resumen de su carrera deportiva.

Norman le dio «Play» con la esperanza de encontrar una respuesta coherente.

Aldineber Atapuma, hijo de una madre soltera producto de una violación, había nacido y crecido en la vereda Guamote en la ciudad de Chimborazo, Ecuador.

A pesar de su cojera desde pequeño le gustó el fútbol, pero solo hasta los doce años su madre, que trabajaba en casas de familia y como vendedora ambulante, pudo regalarle un balón económico.

Cuando se enteró, por medio de unos vecinos, acerca del Campeonato Provincial de Segunda Categoría de Chimborazo, Aldineber comenzó a buscar oportunidades en los equipos, él creía en su talento, pero nadie lo conocía, aparte de su madre y los amigos del barrio;

también los pandilleros que trataban de reclutarlo gracias a su estatura imponente.

En un entrenamiento del Club Deportivo Guano sucedió la magia, su principal delantero tuvo una mala caída y sufrió una contractura en el hombro, incluso tuvo que llegar una ambulancia por él.

El tipo que parecía ser el director técnico, o al menos el líder del equipo, miró a los lados buscando alguna respuesta.

Fue un imprevisto que le sirvió para darse cuenta de que en un campeonato necesitaba jugadores suplentes para hacer relevos cuando llega alguna lesión o cansancio.