DESTRUYENDO A NUESTRO ESPOSO CAPÍTULO 23 — Valeria descubre la verdad
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CAPÍTULO 23 — Valeria descubre la verdad

POV: Aurora

Me desperté a las seis de la mañana con el sonido de la puerta principal cerrándose. Dante se había ido. Dejó una nota en la cocina: “Tengo reuniones temprano. Llámame si necesitas algo. D.”

Simple. Directo. Tan él.

Preparé café y revisé mi teléfono. Sarah había mandado la agenda del día: reunión con el fiscal a las diez, deposición con Maxwell a la una, llamada con Carolina a las tres. Un día completo de desarmar la vida de Máximo pieza por pieza.

Rosa bajó a las siete con Valeria. Mi hija traía puesta la pijama todavía, el cabello despeinado, los ojos hinchados. No había dormido bien tampoco.

—Buenos días, cariño.

Silencio. Valeria se sentó a la mesa sin mirarme. Rosa me lanzó una mirada preocupada.

—¿Qué quieres de desayuno? —preguntó Rosa con voz alegre forzada.

—No tengo hambre.

—Tienes que comer algo antes de la escuela.

—No quiero ir a la escuela.

—Valeria… —empecé.

—No quiero ir. Todos me miran raro. Todos susurran cuando paso. Anoche vi los comentarios en el video. Dicen cosas horribles de papá. De ti. De mí.

Se me partió el corazón.

—¿Qué comentarios?

—En YouTube. Alguien de la escuela subió el video de la gala. Tiene miles de vistas. La gente dice que somos una familia de locos. Que papá es un cerdo. Que tú eres dramática. Que yo doy lástima.

—Cariño, la gente no sabe nada. Solo hablan sin conocer la verdad.

—¿Y cuál es la verdad, mami? Porque tú tampoco me la has dicho completa.

Tenía razón. Había estado protegiéndola de los detalles más sucios. Pero tal vez era hora de ser honesta.

—Rosa, ¿puedes darnos un momento?

Rosa asintió y salió discretamente. Me senté frente a Valeria.

—Pregúntame lo que quieras. Te voy a decir la verdad.

Valeria me miró con esos ojos grises de su padre. Tan inteligentes. Tan heridos.

—¿Cuántas familias tiene papá?

La pregunta directa me golpeó.

—Hasta donde sabemos, cuatro. Nosotras, Frida con Emma, Carolina con Mateo, y Lin con David.

—Cuatro.

—Sí.

—¿Nos quiere a todas?

—No lo sé, cariño. Creo que papá tiene problemas. Problemas para ser honesto. Para ser fiel.

—¿Por qué no nos dejó entonces? Si quería otras familias, ¿por qué no se fue?

—Porque quería tenerlo todo. Quería ser el héroe en todas partes sin pagar las consecuencias.

—¿Y nosotras qué? ¿Fuimos estúpidas por creerle?

—No. Fuimos humanas. Amamos a alguien que nos mintió muy bien.

Valeria jugaba con el mantel. Sus dedos temblaban.

—En la escuela dicen que tú también tienes novio. Que por eso te divorcias.

—¿Quién dice eso?

—Jennifer. Su mamá vio el video de la gala. Dice que el señor con el que fuiste te miraba como si fuera tu novio.

—Dante es mi jefe. Mi amigo. Nada más.

—¿Segura?

La pregunta me desarmó. Porque no estaba segura. No después de anoche.

—Segura de que no es mi novio. De lo otro… no sé qué va a pasar en el futuro.

—¿Te vas a casar con él?

—Ni siquiera estoy divorciada de tu papá todavía.

—Pero ¿quieres?

—Valeria, esto es muy complicado para…

—¡Tengo nueve años, no soy tonta! Puedo manejar la verdad.

Tenía razón. Otra vez.

—No sé qué va a pasar con Dante. Me importa. Me ayuda. Pero ahora mismo mi prioridad eres tú.

—¿Voy a tener que conocer a las otras? ¿A Emma y Mateo y David?

—No lo sé. Tal vez algún día.

—No quiero. Son… son prueba de que papá nos traicionó.

—Son niños inocentes. Como tú. Ninguno pidió esto.

—Los odio de todos modos.

—Valeria…

—¡Los odio! ¡Y odio a papá! ¡Y a veces te odio a ti también!

Las palabras me atravesaron como balas.

—¿Por qué me odias a mí?

—Porque hiciste que todo explotara. Podríamos haber seguido fingiendo que éramos felices. Pero tú tenías que decir la verdad. Tenías que arruinarlo todo.

—Cariño, yo no arruiné nada. Tu papá…

—¡Ya sé que papá mintió! ¡Todo el mundo me lo recuerda todos los días! ¡Pero al menos antes yo era feliz sin saber! ¡Ahora solo soy la niña con el papá que tiene cuatro familias!

Se levantó de la mesa corriendo. La escuché subir las escaleras y azotar la puerta de su cuarto.

Me quedé sentada en la cocina, temblando. Rosa volvió y me puso una mano en el hombro.

—Déjala. Está procesando.

—Me odia.

—No te odia. Está confundida. Asustada. Necesita alguien a quien culpar y tú estás aquí.

—¿Hice mal? ¿Debí haber mantenido el secreto?

—No. Hiciste lo correcto. Pero lo correcto duele a veces.

Subí a mi cuarto para cambiarme. Tenía que estar en la oficina del fiscal en tres horas. Tenía que seguir peleando aunque mi hija me odiara.

Estaba en la ducha cuando escuché voces. Apagué el agua. Valeria estaba hablando por teléfono.

Salí envuelta en una toalla y me acerqué a su puerta. Estaba entreabierta.

—…no, papi, no quiero vivir con ella. Quiero vivir contigo.

Se me heló la sangre.

—Sí, entiendo que estás ocupado pero… no, no me importa si tienes que viajar. Puedo ir contigo… papi, por favor…

Abrí la puerta. Valeria se giró, el teléfono todavía en la oreja.

—Tengo que colgar. Mami está aquí.

Colgó rápidamente. Demasiado rápidamente.

—¿Estabas hablando con tu papá?

—Sí. ¿Y qué?

—Valeria, no puedes llamarlo sin decirme. Hay reglas de la corte…

—¡No me importan tus estúpidas reglas de corte! ¡Es mi papá y puedo hablar con él cuando quiera!

—¿Qué te dijo?

—Nada.

—Valeria…

—¡Dijo que tú estás envenenándome contra él! ¡Que estás mintiendo sobre todo para quedarte con su dinero!

—Eso no es cierto.

—¿Cómo sé qué es cierto? ¡Todos mienten! ¡Tú, papá, todos!

—Yo nunca te he mentido.

—¿No? ¿Y qué hay de Dante? ¿No dijiste que era solo tu jefe?

—Es mi jefe.

—Vi cómo te miraba anoche. Lo vi salir de la casa esta mañana.

Mierda. Me había visto.

—Valeria, nada pasó. Dante se quedó porque yo estaba mal. Durmió en el sofá de mi oficina.

—No te creo.

—Es la verdad.

—Papá dice que estás teniendo una aventura. Que por eso inventaste lo de las otras familias. Para justificar tu infidelidad.

La manipulación de Máximo me dio ganas de gritar.

—Tu papá está mintiendo. Hay pruebas. Documentos, fotos, testimonios de otras mujeres…

—¡Pruebas que tú conseguiste! ¡Tal vez las inventaste!

—¿Por qué haría eso?

—¡Por dinero! ¡Papá dice que quieres robarle su empresa!

—Valeria, escúchame. Tu papá no solo me engañó. Me robó. Robó dinero de mi herencia. Dinero que tu abuelo me dejó. Hay evidencia bancaria…

—¡No quiero escuchar sobre dinero! ¡Solo quiero que volvamos a ser una familia!

—No podemos, cariño. Esa familia nunca existió realmente.

—¡Sí existió! ¡Era feliz! ¡Antes de que tú arruinaras todo!

Las lágrimas corrían por su cara. Mi niña, mi bebé, rompiéndose frente a mis ojos.

—Valeria, sé que duele. Sé que quieres que las cosas vuelvan a ser como antes. Pero no podemos vivir en una mentira.

—Prefiero la mentira. Al menos en la mentira era feliz.

—No eras feliz. Estabas engañada. Es diferente.

—¡Tú no sabes lo que yo sentía!

—Tienes razón. Pero sé lo que yo sentía. Y era horrible. Vivir con alguien que te miente todos los días es…

—¡Entonces por qué no te fuiste antes! ¡Por qué esperaste a destruirlo públicamente!

—Porque no sabía. No hasta hace un mes.

—¡No te creo! ¡Debiste saberlo! ¡Todos lo sabían menos tú!

Esa acusación me dolió más que cualquier otra porque tenía razón. Sofía lo sabía. Tal vez otros también. Y yo fui la última en enterarme.

—Sí, debí darme cuenta antes. Tienes razón. Fui ciega. Fui estúpida. Confié cuando no debía. Pero eso no hace que las mentiras de tu papá sean menos reales.

Valeria se sentó en su cama, abrazando su almohada.

—Quiero vivir con él.

—Valeria…

—Quiero vivir con papá. Lejos de ti. Lejos de todo esto.

—El juez ya decidió. Vives conmigo. Tu papá tiene visitas.

—¡Entonces voy a pedirle al juez que cambie de opinión! ¡Voy a decirle que quiero estar con papá!

—Puedes hacer eso si quieres. Pero tienes que saber algo primero.

—¿Qué?

—Tu papá no puede cuidarte a tiempo completo. Viaja constantemente. Tiene otras familias que mantener. No tiene espacio real para ti en su vida.

—Eso no es cierto.

—¿Cuándo fue la última vez que pasó más de una semana seguida contigo? ¿Cuándo fue la última vez que fue a una reunión de tu escuela? ¿A un recital? ¿A algo que no fuera Navidad o tu cumpleaños?

Valeria se quedó callada. Buscando recuerdos que probablemente no existían.

—Eso es porque está ocupado.

—Está ocupado con Emma. Con Mateo. Con David. Con todas las otras partes de su vida que son más importantes que nosotras.

—No digas eso.

—Es la verdad. Y lo siento. Siento que tengas que escucharla. Pero necesitas entender que tu papá no es quien crees que es.

—Y tú tampoco eres quien yo creía.

Me senté junto a ella en la cama. Intenté abrazarla pero se apartó.

—Valeria, sé que ahora me odias. Y está bien. Puedes odiarme todo lo que necesites. Pero voy a seguir siendo tu mamá. Voy a seguir protegiéndote. Voy a seguir amándote.

—No quiero tu amor. Quiero mi vida de antes.

—Esa vida era mentira.

—Era mi mentira. Y era mejor que esto.

Se volteó hacia la pared, dándome la espalda. Mensaje claro: conversación terminada.

Me levanté y salí de su cuarto. Cerré la puerta suavemente y me apoyé contra la pared del pasillo.

Rosa estaba ahí, con lágrimas en los ojos.

—Dale tiempo.

—¿Y si nunca me perdona?

—Te va a perdonar. Cuando crezca. Cuando entienda que lo que hiciste fue por amor.

—¿Y mientras tanto?

—Mientras tanto, sigues siendo su madre. Aunque te odie.

Bajé a mi oficina y llamé a Sarah.

—Valeria habló con Máximo. Él le está metiendo ideas en la cabeza.

—Eso viola la orden. No puede contactarla sin supervisión.

—Es su hija. ¿Cómo voy a impedirle que la llame?

—Vamos a solicitar que todas las llamadas sean monitoreadas. Y vamos a usar esto en corte. Muestra que está manipulándola.

—No quiero usar a mi hija como arma.

—No es usarla. Es protegerla. Máximo está tratando de alienarla de ti. Eso es abuso emocional.

—Ella dice que quiere vivir con él.

—No importa lo que diga ahora. El juez decide basado en el mejor interés de la menor. Y estar con un padre mentiroso que tiene cuatro familias no es su mejor interés.

—¿Y si el juez le pregunta? ¿Y si ella le dice que me odia?

—Entonces le explicamos que está siendo manipulada. Que su padre la está usando. Aurora, vas a ganar esto. Pero tienes que mantener la calma.

Colgué sin responder. No me sentía calmada. Me sentía como si todo se estuviera desmoronando otra vez.

Mi hija me odiaba. Mi esposo me había destruido. Y el único hombre que me hacía sentir algo real era alguien en quien no podía apoyarme porque todavía estaba legalmente casada.

Todo era un desastre.

Y mañana tenía que enfrentar al fiscal y contar toda la historia otra vez.

Pero ahora, en este momento, solo quería desaparecer.

* * *