Destino y furias (Leyendas de Thezmarr 3) Capítulo 17 #2
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Capítulo 17 #2

—Enseguida nos retiraremos. Pero antes quiero que recorráis las orillas en busca de indicios de algún dragón. Escamas, huellas, cualquier cosa que sugiera que aquí ha habido uno. Son criaturas poderosas. Thezmarr necesita saber si cerca de nosotros se encuentra uno.

—¿De verdad pensáis que ha atravesado el Velo? —preguntó alguien.

—Podría ser —admitió Malik—. Aunque también es totalmente posible que se haya pasado la vida en las profundidades de nuestros mares. A fin de cuentas, son criaturas que viven en el fondo del océano. Id, vamos.

Todos se pusieron en marcha. Wilder se dirigió hacia la orilla.

Con la mano apoyada en la empuñadura de la espada, examinó la arena pálida, que resplandecía bajo el sol de mediodía.

Junto a las huellas de las botas de los espadachines, la superficie estaba impoluta, sin ninguna imperfección a la vista...

—Tal —lo llamó Malik desde cerca—. ¿Lo hueles?

Wilder dio media vuelta y vio cómo su hermano y su mentor se ponían tensos de pronto.

—Lo huelo —contestó Talemir al tiempo que desenfundaba las dos espadas a la vez—. Guardianes, poneos en formación. Ahora.

Los guardianes se dispusieron a obedecer las órdenes. Cuando Wilder se unió a sus compañeros, olió lo que sus líderes habían comentado.

«Huele a pelo quemado».

El olor de los espectros sombríos.

—¿Crees que era una trampa? —masculló Talemir hacia Malik, que blandía la espada y alzaba el escudo.

—A ver, buena pinta no tiene, ¿no crees? —repuso Malik mientras le lanzaba una mirada significativa a Wilder. Siempre hacía lo imposible por que Wilder oyese ciertas cosas, pero nunca se las explicaba.

Un aullido rompió el silencio que envolvía las Islas Rotas y varias masas de oscuridad se materializaron en las dunas ante ellos.

Wilder y sus compañeros guardianes desenvainaron sus propias espadas y respetaron la formación, tal como les habían indicado.

—Nadie más que Malik y yo va a participar en la batalla —exclamó Talemir—. ¿Os ha quedado claro?

—¡Sí, señor! —contestaron todos al unísono.

—Vuestras espadas no serán capaces de atravesar la cavidad torácica de los monstruos, ¿os ha quedado claro? —insistió Talemir sin apartar la vista de los espectros que comenzaban a emerger de las sombras ondulantes.

—¡Sí, señor!

Wilder se unió al coro, pero le ardían los nudillos por la fuerza con la que agarraba la espada.

Desde que llegase a Thezmarr unos años antes, había entrenado todos los segundos de todos los días.

Quería derramar sangre de espectro y quería hacerlo junto a Malik el Rompeescudos y el Príncipe de los Corazones.

—Tres contra dos —le dijo Malik a Talemir.

—Sé contar, patán —le contestó Talemir con cariño.

Malik dio un paso hacia los espectros y ondeó la espada en gesto amenazador.

—Se me ocurren varios ejemplos que demuestran que eso es debatible.

—Menos quejas —protestó Talemir—. Solo han apodado el Príncipe de los Corazones a uno de los dos.

Malik se rio. Mientras tanto, los monstruos avanzaron hacia ellos.

—No sabía que tenía algo que ver con la heroicidad en batalla.

—Un caballero nunca revela sus secretos. —Talemir sonrió.

Otro aullido retumbó por las islas, lo bastante agudo como para que Wilder se encogiera en el lugar en el que les habían ordenado que aguardaran.

—Los espectros han empezado a atacar cada vez más a menudo —comentó Malik con seriedad al evaluar a los tres que se aproximaban, con bucles de ónice que cortaban el aire a su alrededor.

—Estoy de acuerdo —dijo Talemir—. Los gobernantes deberían hacer algo más al respecto.

—Cuando volvamos, hablaremos con Osiris.

Malik se abalanzó sobre el primer espectro sombrío.

Había un motivo por el cual los espadachines de Thezmarr se habían ganado ese título.

Resultaba evidente con el primer ataque que llevaron a cabo con la espada.

Malik y Talemir se movían como una sola unidad, como si llevasen siglos luchando juntos, como si pudieran sentir la energía violenta que se movía y revoloteaba en torno a ambos.

Se movían como el agua, como las sombras que intentaban destruir, y rebanaban los tendones podridos de los espectros como si de mantequilla se tratara.

Wilder se aferró a su propia espada, tenso mientras observaba la refriega que se desarrollaba ante él, inquieto hasta quedarse sin palabras y luchando contra el instinto que le pedía que también formara parte de la batalla.

Los tres espectros rodearon a los dos guerreros.

Sus sombras azotaban el aire a una distancia peligrosa y sus siseos y gruñidos rompían la calma de la orilla.

Sin embargo, Talemir y Malik eran un dúo sin parangón y golpeaban la oscuridad con el acero naarviano y con la fuerza proporcionada por las furias.

La sangre y la arena salían volando mientras los espectros danzaban por la zona de combate para envolver a los espadachines con una masa de obsidiana ondulante que los ocultaba por completo.

Wilder oyó gritar a Malik desde dentro de la negrura y dio un paso adelante, dispuesto a echar a correr.

—No —le dijo Torj, con una mano sobre su antebrazo—. Tenemos que seguir las órdenes.

La masa de sombras se hizo más profunda y se alargó, con tentáculos que se dirigían hacia el lugar de las dunas donde estaban apostados los guardianes.

Wilder apartó a Torj y miró hacia sus compañeros. Algunos palidecieron, con la mirada perdida como si estuvieran observando algo muy diferente de lo que estaba ocurriendo en ese instante.

Otro grito de dolor se elevó entre el caos, y Wilder no se lo pensó. Echó a correr hacia la tormenta de sombras blandiendo su espada. Tal vez no lograra arrancar un corazón con un filo normal y corriente, pero eso no significaba que no pudiera causar algunos daños.

Con una maldición, atravesó el umbral de la oscuridad... y se quedó estupefacto al presenciar la batalla desde dentro.

Malik y Talemir se encontraban en el centro mismo de la refriega enfrentándose a latigazos de poder de ónice y bloqueando golpes de unas garras de lo más afiladas.

Pero sus movimientos, normalmente precisos, de repente se volvieron torpes, y resultó evidente que ninguno de los espadachines tenía la cabeza en su sitio y que estaban viendo cosas que no se encontraban allí.

Wilder se aprovechó del factor sorpresa y atravesó el brazo de uno de los espectros antes de pasarle el acero desde el cuello hasta el ombligo con todas sus fuerzas.

Provocó una lluvia de sangre negra que le dio en el pecho.

Un chillido sonó tras él, y supo que Torj lo había seguido hasta la locura.

Estupendo... Así demostrarían que los guardianes eran capaces de hacer algo más que quedarse al margen y observar.

Se deleitó con el canto del acero al cercenar más carne de espectro, lo cual, por lo visto, consiguió sacar a Malik y a Talemir de su trance.

Profirió un chillido victorioso...

Y notó un dolor en la espalda cuando la oscuridad lo azotó más fuerte que cualquier latigazo.

Wilder se tambaleó con un grito ahogado, de pronto incapaz de ver nada por culpa de la agonía que lo embargaba. Se le nubló la visión y trastabilló de nuevo cuando recibió otro golpetazo, cuyo impacto lo tiró por la arena, donde lo recibió una ráfaga de sus momentos más oscuros.

Un chillido estremecedor surgió cerca de él, y la arena que había bajo sus pies vibró. Wilder se levantó tambaleándose y aferró la espada con menos vigor, pero no la soltó. Debía ayudar a Malik y a Talemir, debía...

Una figura colosal pasó ante él, y vio atónito cómo Malik le despegaba la cabeza de los hombros a uno de los espectros antes de clavarle el puñal de acero naarviano en el pecho, de donde arrancó la gruesa masa del corazón con un gruñido de repulsa.

A continuación, se movió de nuevo. En dirección a Wilder.

Él lo observaba, totalmente embelesado por el guerrero en el que se había transformado su hermano desde que se marchó de Kilgrave a lomos de la vieja yegua de la familia.

Notó el roce de otro latigazo de sombras, pero Malik se enfrentó a la oscuridad con el puñal y con la espada, asestando un golpe colosal tras otro.

Alguien cogió a Wilder por debajo del brazo y lo levantó del todo.

—Tú y yo vamos a tener una charla, aprendiz —dijo gruñendo Talemir, con los ojos color avellana teñidos de furia al ver cómo Malik acababa con el tercer espectro sombrío y lanzaba el corazón al mar.

—Es que...

—Es que nada —le espetó Talemir—. Has desobedecido órdenes directas. Podrían haberte matado, joder.

—Estabais perdiendo...

—¿Perdiendo? —dijo Talemir con un rugido, negando con la cabeza, incrédulo—. Que las furias se apiaden de mí, Hawthorne. Yo mismo podría matarte. —Soltó la mano con la que lo había magullado—. Voy a dejar que Malik se encargue de ti por esta vez. A veces eres un estúpido redomado, ¿lo sabías?

Cubierto de sangre de espectro, con las dos espadas idénticas sujetas nuevamente a la espalda, Talemir Starling se alejó a toda prisa, sin duda para regañar a Torj y a aquellos que hubieran roto la formación.

—Lleva razón —dijo la voz de Malik detrás de Wilder.

Cuando se dio la vuelta, vio que su hermano se limpiaba las manos con el agua del mar y hacía una mueca al escupir sangre en la arena.

—Lo siento —musitó Wilder—. Creía que estabais en peligro...

—Siempre estamos en peligro —lo interrumpió Malik—. Pero tu corazón tenía buena intención. Supongo que habéis sido solo Torj y tú, ¿no?