Destinada al vampiro (Pasiones oscuras nº 1) Camille
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Camille

—Mentí. ¿Y qué? No deberías esperar sinceridad total de una desconocida, y mucho menos de alguien a quien has tenido cautiva —siseé.

—Nunca tuve intención de mantenerte prisionera. Estaba pensando en dejarte ir —hizo una pausa y esbozó una mueca irónica—. O matarte. Vale, era broma, pero ahora que no estoy tan seguro de que me hayas dicho toda la verdad sobre la situación, ¿por qué debería dejarte ir?

Negué con la cabeza. Esto no estaba saliendo como quería. Estaba perdiendo tiempo... tiempo valioso, y charlar con este vampiro no iba a ayudar. Tenía que pensar en algo. Si me quedaba atrapada aquí, cada vez más humanos y vampiros iban a morir. No es que me importaran los caminantes de la noche.

Fruncí el ceño.

—Lo único en lo que mentí fue mi nombre. Todo lo demás que te dije es verdad. Deberías leerme la mente. Por favor, hazlo. Usa tu poder —supliqué.

Por mucho que quisiera que me creyera respecto a los asesinatos, una parte de mí rezaba para que no me leyera la mente. Si lo hacía, descubriría que me parecía atractivo. Pero nada de eso importaba; había mucho más en juego que mi atracción por este hombre extraño.

—¿No estabas en contra de que entrara en tu cabeza hace un momento? —cruzó los brazos sobre el pecho, exhibiendo sus músculos trabajados.

—Pero ahora es necesario —repliqué.

—Ahora es necesario porque a ti te conviene, ¿no?

¿Por qué intentaba ponérmelo tan difícil? ¿Estaba disfrutando con esto?

—Oye, esto no es un juego. No se trata de mí. Hay gente ahí fuera muriendo y más morirán si me mantienes encerrada aquí. Alguien tiene que ayudarlos.

Estaba empezando a perder la calma, así que respiré hondo para tranquilizarme, pero apenas sirvió de nada.

Retrocedí cuando comenzó a avanzar lentamente hacia mí, acortando la distancia que había creado hacía un rato.

Seguí retrocediendo hasta que mi espalda topó con la pared, atrapada entre ella y Derek. Empecé a pensar que ya había entrado en mi cabeza y estaba disfrutando al jugar con mis emociones.

¿Por qué estaba tan cerca?

—¿Qué te hace pensar que tu libertad los salvará de esta criatura? —hizo una pausa para apoyar las manos en la pared, a cada lado de mi cabeza—. No pudiste protegerte de mí, ¿recuerdas?

Con él tan cerca, el olor de su colonia me inundó las fosas nasales. Tenía un aroma distintivo, similar al de tierra húmeda y especias exóticas. Sin darme cuenta, empecé a respirar más rápido.

—Eras fuerte. Muy fuerte, y rápido —apenas conseguía hablar. ¡Me temblaban las rodillas!

—¿Y qué te hace pensar que esta bestia será más débil o más lenta?

Me costaba pensar con claridad. Tenía el olfato entrenado para captar los aromas más tenues, y con el olor penetrante que emanaba de él, era imposible mantener la cabeza despejada.

—Voy a derrotarlo —repliqué, aunque no estaba segura de cómo pensaba lograrlo.

—Eres idiota de verdad —suspiró—. Solo vas a conseguir que te maten.

No lo oí hablar, pero estaba tan absorta en sus labios que logré leerle las palabras.

¿Qué me pasaba? ¿O era otro efecto del suero de ajo? ¿Acaso tenía el poder de hipnotizar a la gente?

—Es cosa mía enfrentarlo. Para eso estoy entrenada. En el peor de los casos, podemos luchar contra él juntos —repliqué, sacudiendo la cabeza como si eso fuera a disipar los pensamientos que amenazaban con desgarrarme o acercarme más a él.

—No. Solo estorbarás. Tendría que protegerte mientras lucho —su tono se volvió severo de repente.

—Espera. ¿Qué?

Sus palabras me sacaron del trance. Necesitaba estar en el campo de batalla, no encerrada aquí. Era una guerrera. Decidí seguirle el juego.

—Eso no va a pasar. Vivo para esto y no puedes detenerme.

—Eso crees —dijo con una sonrisa irónica.

—¿Por qué no intentas detenerme?

—De acuerdo, seré rápido. Voy a romperte todos los huesos hasta que no puedas moverte —respondió.

Por un breve momento pareció bajar la guardia. Me agaché bajo su brazo derecho y eché a correr hacia la puerta del laboratorio. Logré salir e irrumpí en el largo pasillo una vez más, corriendo a ciegas en la otra dirección, alejándome del salón.

Oí los pasos de Derek detrás de mí. No estaba corriendo. Me acechaba despacio, dejando que aumentara la distancia entre nosotros.

En cuanto lo perdí de vista, me metí en una de las habitaciones. Me di cuenta de que había sido un error estúpido esconderme en una habitación sin cerradura.

¿Cómo había olvidado que los vampiros podían oler la presencia de humanos, y que Derek podía encontrarme a través de mis pensamientos? Bloqueé mi mente en cuanto lo recordé, pero sabía que no serviría de mucho.

Me quedé detrás de la puerta, conteniendo la respiración, esperando el momento en que entrara para pillarlo por sorpresa y lanzarle un ataque de verdad.

Pero habló antes de entrar, ya consciente de mis pensamientos y mi posición.

—Atácame con todo lo que tengas. Te llevaré conmigo si ganas. No te contengas, o te mataré, ya que tantas ganas tienes de morir.

Abrí los ojos de par en par. ¿De verdad pensaba que era tan débil y endeble?

Derek se abalanzó sobre mí en cuanto la puerta se abrió de golpe. Lanzó un codazo hacia mi cabeza que logré esquivar rodando. Un milisegundo más tarde y mi cabeza se habría convertido en una pulpa de sangre, pedazos de cráneo y materia gris.

Le lancé una patada baja para derribarlo, pero saltó hábilmente esquivando mi ataque.

Me levanté y giré lanzando un puñetazo hacia el robusto cuello del vampiro. Pero en lugar de alcanzarlo, sentí su mano deslizarse alrededor de mi cintura, atrayéndome hacia su cuerpo. Sin pensar, aspiré de nuevo su aroma embriagador.

Deslicé la mano entre mi espalda y su brazo, me liberé de su agarre e intenté darle un rodillazo en el plexo solar.

Ahora estaba convencida de que aquel atractivo ser no humano estaba coqueteando conmigo cuando deslizó la mano bajo mi rodilla para atraerme de nuevo hacia él.

Tenía los labios ligeramente entreabiertos, formando una sonrisa siniestra que dejaba ver unos colmillos alargados y una dentadura perfecta.

Le golpeé el pecho con las palmas de las manos para alejarlo de mí. Pero esta vez él giró, se deslizó sigilosamente detrás de mí y me rodeó con los brazos. Se suponía que era una llave aterradora, pero mi cerebro insistía en interpretarlo como un abrazo estrecho.

Un escalofrío eléctrico me recorrió la espalda cuando su aliento me rozó el cuello. Cerré los ojos. No pude evitar que un gemido suave escapara de mi garganta.

Me dolía todo el cuerpo. Un hormigueo me recorría desde las puntas de los dedos hasta el cerebro. ¿Qué me pasaba? Esto tenía que ser uno de sus poderes. Era imposible que me estuviera enamorando de un vampiro, por muy guapo e irresistible que fuera.

Por fin logré liberarme, y me giré para contraatacar, pero aquellos ojos marrones que se encontraron con los míos me hicieron detenerme en seco.

No pude evitar mirar los labios de Derek mientras se inclinaba lentamente hacia mí.

Se tomó su tiempo. Me mantuvo deseando el contacto.

¡Maldita sea! Esto era lo que me pasaba por llevar tanto tiempo sin sexo y encontrarme de repente tan cerca de un hombre, vampiro o no.

Cada roce de su piel contra la mía era electrizante, y por mucho que intentara apartar esos pensamientos, volvían una y otra vez.

Y entonces se detuvo, a apenas unos centímetros de distancia. Sabía que era una mala idea. Mi último pensamiento fue: Maldita sea, me voy a arrepentir de esto, justo antes de lanzarme a besarlo.

Me aferré a su cuello para sostenerme. Cerré los ojos y nuestros labios se encontraron al instante. Al principio fueron solo besos suaves, hasta que entreabrí los labios para dejar paso a su lengua exploradora.

Nuestros besos suaves pronto se convirtieron en uno feroz, con la lengua de Derek invadiendo mi boca mientras exploraba. Sus manos fueron subiendo hasta mi pecho.

Me estremecí y volví a la realidad cuando me agarró el pecho.

—¿Qué haces? —solté, apartándome del beso y fingiendo molestia aunque me había encantado. Sonaba tan estúpido como era.

¿Por qué había hecho eso? ¿En qué estaba pensando?

Le escudriñé los ojos y por un momento vi un atisbo de dolor en ellos. Parpadeó y al instante una sonrisa reemplazó aquella mirada, una sonrisa tan genuina que pensé que el dolor había sido solo producto de mi imaginación.

—Peleas muy bien, pero te distraes con demasiada facilidad. De acuerdo. Te dejaré trabajar conmigo, pero intenta no retrasarme. O peor aún, que te maten —dijo Derek con suavidad antes de salir de la habitación.

Me desplomé en el suelo, exhausta, después de que la puerta se cerró de golpe. Me pasé las manos por el pelo y luego me cubrí la cara con ellas.

—Es un vampiro, Camille. No deberías enamorarte de él —me recordé.