Destinada a Flurry (Destinada a los Jinetes Draken 2) 23 Rowan
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23 Rowan

ROWAN

Emerjo a la consciencia sobre una marea de calor y necesidad.

Lo primero que percibo no es un pensamiento, sino el tacto: una boca que se sella sobre la mía, robándome el aliento para devolvérmelo convertido en fuego.

Otra boca me recorre el pecho, con los dientes rozando la plenitud de la curva sensible.

Pero sobre todo, soy consciente del contacto entre mis muslos.

Ese es el más intenso y, aun así, sigue sin ser suficiente para saciarme.

Siento manos presionando mi piel, tantas que no sabría decir dónde termina una y empieza la otra; solo sé que cada punto de contacto arrastra un delicioso relámpago a través de mí.

Al conectar, cada una iba desviando una fracción de la magia que me ha estado asaltando durante una eternidad.

No me hace falta abrir los ojos para saber quiénes son los sifones, porque el vínculo incipiente me lo susurra directamente a la médula: Kai sobre mí, Logan debajo y Kyrian a mi lado.

Debería tener miedo. Estar confundida. Algo. Pero lo único que alcanzo a sentir es el modo en que la magia los utiliza para abrirme, para incitarme a despertar. Y la forma en que mi cuerpo responde: desesperado, codicioso, vivo. Mi cuerpo se arquea sin mi permiso. Buscando más. Más. Más. Más.

Más alivio. Más éxtasis. Una conexión más sólida. Mi instinto insiste en que estas tres cosas van de la mano y no tengo motivos para dudarlo. Solo quiero.

La dureza de Logan rodea el perímetro húmedo de mi entrada y casi me desmorono. Mis caderas se agitan, persiguiéndolo, ávida de más, ávida de todo. La necesidad me inunda con tal agudeza que roza el dolor.

Pero entonces... otro tipo de dolor. Un recuerdo que no pertenece a este momento, pero que se abre paso a zarpazos de todos modos: la tirantez que antes quemaba en lugar de dar placer, la forma en que el aliento se me atascaba en la garganta por el daño en lugar del éxtasis.

No viene de ellos, insiste la parte necesitada de mi mente. Es un eco de otro tiempo, de otro lugar, donde tomar significaba desgarrar. Donde al placer lo perseguía un fuego que lastimaba. No pienses en ello.

Pero no puedo evitarlo. Mi cuerpo recuerda incluso cuando mi mente intenta olvidar. El recuerdo me azota, no deseado, inoportuno, pero innegable. Mi cuerpo se tensa esperando el dolor incluso mientras ruega ser llenado.

La magia centellea dolorosamente, furiosa porque algo está interfiriendo con su flujo.

Siento mi centro dividido por la mitad: la necesidad me empuja hacia delante, el miedo me tira hacia atrás.

Mis manos se cierran en el césped, con las briznas húmedas cortándome las palmas.

El conflicto es insoportable. Necesito. Temo.

Ambas verdades chocan entre sí y se me oprime el pecho hasta que abro los ojos de golpe.

El rostro de Logan está ahí, feroz, resuelto, y sus ojos se clavan en los míos.

—Huelo miedo —la voz de Kai corta la bruma. Está muy cerca de mi cara, con la nariz rozando un punto tras mi oreja mientras su calor se dispara con un gruñido. Su mirada fulminante encuentra a Logan—. ¿Qué demonios le estás haciendo?

Intento protestar, pero la garganta se me bloquea con las palabras. La vergüenza y el deseo colisionan hasta que apenas puedo respirar. El rostro de Logan se tuerce, pero antes de que pueda defenderse, habla Kyrian.

—No es él. —Su voz se suaviza, pero sigue entrecortada.

Cargada con la misma necesidad que me está desgarrando—.

Es Collin. Ese malnacido solía hacerle daño y decir que era culpa suya.

—Me toca la mejilla, obligándome a mirarlo—.

Recuerdo todo lo que me has contado —susurra Kyrian contra mi oído—.

Rowan, ya no estás allí. Estás con nosotros.

Nos aseguraremos de que esto no se parezca en nada al pasado.

Sabes que lo haremos. Igual que antes. Solo necesitamos recordártelo.

Sus labios rozan los míos, una presión suave que envía chispas bailando por mi piel.

Deja un rastro de besos por mi mandíbula, por mi cuello, y su tacto va dejando una estela de fuego a su paso.

—Vamos a tocarte, Rowan. Vamos a hacer que te sientas bien.

Muy bien. —Su boca desciende, su lengua sigue la línea de mi clavícula, y siento otro estremecimiento en lo más profundo de mi ser, no solo necesidad, sino deseo.

Los dedos de Logan se enganchan en la comisura húmeda de mis muslos, y luego desliza el pulgar de forma lenta y firme por la zona hinchada entre mis piernas.

La mano de Kyrian envuelve mi pecho y lo pellizca lo justo para que el calor florezca bajo mi piel.

Su voz es una caricia, su tacto una promesa.

—Empezaremos despacio, Rowan. Besaremos cada centímetro de ti, tocaremos cada parte de tu cuerpo.

Haremos que tiembles, que jadees. —Su pulgar roza mi pezón, enviando pequeñas descargas de relámpagos a través de mí.

Más. Más rápido. Más profundo. La magia insiste.

Por los cuerpos tensos de los varones y sus miembros endurecidos sé que ellos también lo sienten.

Y aun así, a pesar del sudor que les perla las sienes y de los leves gemidos que escapan de sus labios, no se precipitan.

Trazan rutas por mi cuerpo como si fueran mapas, marcando lugares seguros, presionando en zonas que me cortan el aliento.

Cada caricia desabotona una capa del recuerdo hasta que este se suaviza y el miedo se disipa.

—Eso es, Caos. —Kyrian me muerde el lóbulo de la oreja, con las runas pintadas en su carne brillando con fuerza—. Presionaremos y tiraremos y jugaremos y te llenaremos. Haremos que te duelan esos lugares que hacen que tu cuerpo cante. ¿Quieres que lo hagamos?

Mi cuerpo responde por mí: las rodillas se doblan y la espalda se arquea, con los dedos hundiéndose en la hierba hasta que me duelen las palmas.

Logan, que sigue entre mis muslos, me abre del todo. Me sostiene la mirada mientras me acaricia, con la palma presionando contra mi centro. Siento un flujo de humedad, mi cuerpo respondiendo a su toque. Se lame los labios y luego me introduce los dedos. Jadeo. La magia vibra.

Logan gime.

Sus dedos se curvan, acariciando, encontrando ese punto que hace que mis caderas se agiten y se me corte el aliento.

El placer aumenta, una presión que crece y crece, amenazando con consumirme.

Por un instante, el eco del miedo intenta resurgir, pero esta vez la realidad de ahora —la presión de las manos, el calor de las bocas y el trueno de la magia— hace que se colapse hacia dentro hasta no ser más que una sombra.

Me rompo, el placer rompiendo sobre mí como una ola. Mi cuerpo convulsiona, mi aliento se entrecorta, mi corazón late desbocado.

—Eres una chica muy buena, Caos —dice Kyrian—. Eres preciosa, sexy y tan increíblemente fuerte.

La boca de Kai encuentra la mía y me besa con una exigencia feroz. Su lengua invade, sus dientes muerden, su aliento se mezcla con el mío. Se traga mis gemidos y me ancla al mismo tiempo. Me consume la sensación, el placer, el tacto de sus manos, sus bocas, sus cuerpos.

La compulsión pasa de ser una garra a una cuerda por la que puedo trepar: cada lametón, cada pasada de lengua, cada embestida de dedos es un peldaño.

Dejo de pensar y los acepto todos. El ritual me eleva y me transporta, y el frenesí llega tan inevitable como una tormenta: caliente, húmedo y devorador.

Mientras mi clímax empieza a remitir, Logan tira de mí hacia él y su dureza se desliza en mi interior.

Llenándome de éxtasis. Sus manos me sujetan las caderas con firmeza y siento cada centímetro de él mientras me ensancha.

Empieza a moverse dentro de mí, con embestidas lentas y deliberadas, creando una nueva ola de sensación.

Hace que mi magia ronronee, pero no es suficiente.

Ni para la magia ni para mí. Mi cuerpo se mueve con avidez y los gemidos que escapan de mis labios cobran un tono más desesperado con cada latido.

Más. Por favor. Necesito más. No pronuncio las palabras en voz alta, pero no hace falta.

Kai ya está respondiendo; sus manos recogen la humedad que me gotea por los muslos y la extienden por mi entrada trasera.

Está resbaladiza y caliente, y hace que mi corazón dé un vuelco a una velocidad todavía mayor.

La parte racional de mí tiembla de nervios, pero la mayor parte, la que está borracha de magia y necesidad, le ruega que se dé prisa. Que conecte. Que se fusione.

Cada momento separados hace que la magia me queme la piel.

Kai me muerde el hombro y suelto un grito por el repentino aguijonazo. Sin embargo, para cuando el sonido escapa de mis labios, la sensación ya ha mutado del dolor a algo distinto, algo oscuro y delicioso que me hace contraer el centro alrededor de Logan. Jadeo.

En ese momento Kai me toma por detrás. Es lento y me llena hasta lo más profundo, profundo, profundo.

Gimoteo por la tirantez, y luego vuelvo a gimotear cuando su mano rodea por delante para estimular mi botón henchido.

Puedo sentirlos a ambos ahora, separados solo por una fina barrera de carne, sus longitudes deslizándose una contra otra en un ritmo que me hace palpitar el corazón.

Destellos de lo que debe de ser magia salen disparados de mi centro y recorren mi cuerpo.

Me duelen los pechos. Los dedos de los pies se me encogen.

Cada fibra de mi ser vibra bajo el implacable y errático asalto.

Es demasiado, demasiado intenso, pero no tengo suficiente. Necesito más, necesito que se muevan más rápido, con más fuerza. Empujo contra Kai, recibiendo sus embestidas con las mías propias, y él gruñe, apretando los dedos en mis caderas.

—Uno más, Caos —dice Kyrian. Sus dedos se enredan en mi pelo, su miembro rozando mis labios hasta que abro la boca con avidez.

Su sabor es salado y terroso, un sabor primario que me envía un escalofrío por la columna.

Solo tengo un latido para saborear su tacto aterciopelado en mi lengua, para apreciar cómo su miembro palpita con cada latido de su corazón que ahora iguala al mío.

Después de eso, empezamos a caer en espiral hacia un nuevo abismo.

Las embestidas de Logan se vuelven más duras, más urgentes, su longitud deslizándose contra la de Kai en una danza que hace que mi centro cante con la magia.

Siento cada rugosidad, cada centímetro de ellos mientras se mueven dentro de mí, desde la dureza en mi boca hasta el golpeteo en mi parte trasera y en mi sexo.

Las embestidas son frenéticas, los cuerpos de los varones chocando contra el mío.

Estoy cerca. Muy cerca. Todos lo estamos.

Puedo sentir su magia, el zumbido de su esencia, aumentando con cada embestida. Todos mis nervios están vivos, vibrando de placer. Todo se funde en una fuerza tangible que se eleva desde las runas de la piel de los varones. ¿Y la presión que aumenta en mi interior? Es tan intensa que duele.

Kyrian me agarra el pelo con más fuerza. —Eso es, Caos —jadea—. Déjate llevar. Deja que te poseamos.

Me desmorono, la liberación rompiendo sobre mí con la fuerza de un tsunami.

Mi cuerpo convulsiona, mi aliento se entrecorta, mi corazón golpea con fuerza.

Estoy consumida por el placer, por el tacto de sus manos, sus bocas, sus cuerpos.

La magia surge, un torrente de poder que me llena y me sana.

Que une mi esencia a la suya. Y la de ellos a la mía.

Lo cual sería aterrador si no fuera tan condenadamente adictivo. Mi mente da vueltas. Mi sexo late. Y lo único que quiero es volver a hacerlo todo. Una y otra vez. Y...

—Lamento interrumpir —dice una voz que suena como una versión femenina de Kai desde algún lugar más allá de la esfera de lo que me importa—.

Pero hay un ejército de Eryndor bastante grande marchando hacia nosotros.

Así que, si el príncipe Kyrian pudiera encontrar sus pantalones y hacerse cargo de lo que ahora es su destacamento, todos estaríamos muy agradecidos.