22 Logan
LOGAN
Veo cómo la luna se desliza hasta ocupar su lugar, su luz plateada proyectando un resplandor etéreo y suave sobre el húmedo campo de draken, donde la hierba todavía brilla con la lluvia de ayer.
El aire está cargado. Eléctrico. Se acerca una tormenta.
Puedo sentirlo. Los draken también. Incluso los insectos que zumban en la oscuridad suenan como una advertencia.
Por desgracia, a la magia no le preocupa demasiado la comodidad del entorno.
Casi es la hora. Kai y Kyrian ya están desnudos, tan pendientes de la luna como yo.
Autumn dijo que el momento era crucial porque el poder de la luna amplificaría el nuestro.
Ya puedo sentirlo: el zumbido de la energía lunar me hormiguea en la piel allí donde ella ha tatuado las runas, erizándome el vello de la nuca.
Una ráfaga de aire fresco se desliza a nuestro alrededor, trayendo el leve almizcle de la tierra mojada.
Los draken están inquietos, reacomodando a lo lejos sus alas correosas, sus llamados agudos destacándose sobre la noche por lo demás amortiguada.
Me pregunto si reaccionan a la tormenta que se acerca o a la magia que vamos a invocar esta noche.
Kyrian desaparece en la tienda y sale con Rowan en brazos.
Le paso un dedo por la mejilla, demasiado caliente, con mi lazo de apareamiento hirviendo, una mezcla enloquecida de emociones contrapuestas.
Este ritual que estamos a punto de empezar unirá nuestra esencia.
La suya y la mía. La suya y la de Kai. La suya y la de Kyrian.
El lazo de apareamiento no sabe si quiere que les arranque la garganta por atreverse a reclamar una parte de lo que es mío, o que me arrodille y les dé las gracias por mantenerla con vida.
Es irracional, primario, y me está volviendo loco.
No es que los lazos de apareamiento se caractericen por su sensatez.
Son instinto. En bruto y visceral. Un impulso por reclamar.
Proteger. Poseer. Y ahora mismo, el mío vibra con tanta intensidad que puedo oír su música fantasmal resonar en mis venas.
—Ojalá pudiéramos preguntarle —dice Kyrian.
—No nos hemos molestado en pedirle permiso para nada más, no veo por qué empezar ahora. —Ese es Kai. Porque preferiría que le cayese un rayo encima antes que admitir que la tensión en su voz delata la verdad.
—Puedes odiarme todo lo que quieras, Conejita —le digo a Rowan, aunque no tengo ni idea de si puede oírme—. Mientras sigas viva para odiarme.
Así que, estado habitual, dice Nyx con un bostezo mientras él, Arianda y Ulyssus aterrizan para formar un gran triángulo alrededor del punto que Autumn ha trazado para esto.
No vamos a estar en condiciones de defendernos durante el ritual, así que los draken están siendo especialmente cautos. O especialmente cotillas.
Nyx bufa en mi mente y levanta sus escudos.
Me arranco lo que queda de ropa, intentando contener las ganas de rascarme las runas que Autumn pintó sobre mí con una especie de brebaje reluciente que ha preparado.
Los símbolos pican como si una colonia de diminutos insectos reptara bajo mi piel.
Solo fingí escuchar la explicación absurdamente técnica de Autumn, lo justo para saber que los símbolos imbuidos de magia actuarán como catalizadores del ritual e indicadores de su éxito.
Si todo sale bien, la magia de Rowan los borrará de nosotros.
Yo más bien creo que Rowan esté dormida o despierta será el indicador de éxito, pero fui lo bastante listo como para no pedir aclaraciones a alguien a quien le encanta demasiado dar lecciones.
—¿Alguien ha recibido instrucciones más prácticas que «deja que la magia guíe vuestra conexión»? —pregunta Kai.
—Estamos todos desnudos a la luz de la luna. ¿Necesitas un esquema? —Hago un gesto abarcando mi cuerpo desnudo y recibo un gesto vulgar como respuesta.
—Es hora de moverse —anuncia Kyrian, su atención oscilando de la posición de la luna a nosotros el tiempo suficiente para negar con la cabeza. Como si él no estuviera pensando lo mismo que yo. Es decir, que es poco probable que pasemos la noche inspirados para cantar mantras y escribir poesía.
Kyrian lleva a Rowan al claro, su melena derramándose sobre su brazo.
El círculo que Autumn ha marcado en la hierba brilla tenuemente bajo la luz de la luna, lo justo como para que no sepa si lo que parpadea es magia o simplemente el reflejo en las gotas de lluvia que todavía se aferran a la hierba.
Luego cruzo la barrera y ya no me queda duda de cuál de las dos cosas es.
En el instante en que mi pie traspasa el límite, las runas pintadas en mi cuerpo prenden.
Mi lazo de apareamiento, esa conexión que llevo años teniendo con Rowan antes de que ella me conociera, estalla despierto, feroz e inquebrantable.
Mía. Proteger. Reclamar. Las palabras no son tanto pensamientos como instinto: un gruñido antiguo enterrado en mi médula.
Kyrian se arrodilla y deposita a Rowan en el corazón del círculo.
Yo apoyo la palma sobre su esternón de inmediato, y no soy el único que ansía el contacto.
Las manos de Kyrian reposan en las sienes de Rowan y Kai le sujeta las caderas.
En el momento en que los tres la tocamos a la vez, el circuito se cierra: el poder encaja como la cerradura que gira en su alojamiento.
Mis runas arden con más fuerza cuando una onda expansiva estalla desde Rowan hacia fuera, enlazándonos en un único circuito. La fuerza casi me derriba, pero me mantengo donde estoy, absorbiendo el exceso de magia que la ha estado matando.
El calor fustiga mi piel como zarpas desgarrando justo bajo la superficie. Contengo un gruñido, aunque sigue vibrando en mi pecho. El aire sabe a ozono y hierro, tan punzante que me escuece al fondo de la garganta. Incluso el suelo retumba, palpitando bajo los pies como un tambor de guerra.
Rowan se arquea con violencia, un jadeo estrangulado arrancándose de su garganta.
El pecho se me agita. Aprieto mi agarre sobre Rowan, una promesa de que soportaré lo que sea para que ella no tenga que hacerlo.
Kyrian también jadea y, aunque Kai permanece en silencio, se le forman gotas de sangre en el labio donde lo ha mordido.
En el fondo de mi mente, soy consciente de que estoy en un borde. Los tres lo estamos. Aún podemos dar un paso atrás. Pero si no lo hacemos, si avanzamos, hacia ella, entonces no habrá vuelta atrás.
Ahora mismo, en este instante, aún hay una elección. Y, a menos que los tres nos lancemos, quienes lo hagan morirán. Mi corazón se queda en suspenso y la noche contiene el aliento con nosotros, hasta los insectos enmudecen.
Mía, más cerca, reclámala, aúlla el lazo en mi interior. Y estoy completamente de acuerdo. Porque la vida sin Rowan no es una vida real para mí. No espero a ver qué deciden Kai y Kyrian, me lanzo al vacío y cubro los labios de Rowan con los míos.
Sabe a miel y cítricos, el calor de su boca contrastando con el aire húmedo y frío, intensificando cada sensación.
El primer roce de mi lengua contra el borde de sus dientes provoca un fogonazo de luz tras mis ojos.
Puedo saborear la tormenta que viene en ella.
El relámpago, la lluvia y Rowan, todo trenzado en un bocado insoportable.
Emite un pequeño sonido —un medio suspiro, medio gemido— y esa respuesta lo es todo.
La magia presiona sobre mi lengua como un peso, denso e insistente, mientras yo le saqueo la boca con más profundidad. Y a medida que lo hago, que saboreo su gusto y me ofrezco a ella, el torrente de magia que me asalta se transforma. El dolor se disuelve en un placer bruto y devastador.
Estrellas. De pronto entiendo lo que quería decir Autumn con que la magia guía la conexión. Porque es exactamente lo que está haciendo ahora, arreándonos y tirando de nosotros hacia la única salida que queda para no arder vivos: la intimidad absoluta.
Por el rabillo del ojo veo a Kai deslizar las manos más arriba por el muslo de Rowan, la mirada fija en los labios rosados y húmedos de su sexo.
Kyrian roza sus colmillos por el hueco de la garganta de Rowan.
Su respiración es áspera y desesperada, su polla hinchada se estremece con cada latido de su corazón.
Giro para dejar que Kyrian tome la boca de Rowan mientras yo desciendo a la piel suave justo bajo su oreja. Su cuello. Su pecho. Su piel aquí huele débilmente a sal y hierba, una mezcla embriagadora que hace que mi pulso tropiece.
El cuerpo de Rowan se arquea para encontrarse conmigo.
Para encontrarse con Kai, que está devorando el calor entre sus piernas.
Es más reacción de la que hemos tenido de ella desde el derrumbe, y lo significa todo.
La conexión zumba ahora, viva con la energía de Rowan y la nuestra.
Cada ondulación de su cuerpo, cada caricia, es electricidad sobre mi piel.
Mis manos recorren su caja torácica, tentando la suave curva de sus pechos, dejando que los pulgares rocen la firme tensión de sus pezones endurecidos.
Kai alza la cabeza, relamiéndose los jugos de Rowan de los labios.
El aroma de su excitación me hace dar vueltas la cabeza.
Tomo su pecho en la boca y mamo de él. Sus sensibles cúspides se endurecen en mi boca y ella deja escapar otro pequeño gemido.
Las runas de mi piel arden, pero no es nada comparado con la presión que se acumula en mi polla.
Kyrian libera la boca de Rowan con un sonido gutural, los labios húmedos, y cede el lugar a Kai.
La visión de ellos dos unidos hace que el borde de mi campo de visión se oscurezca.
Y aun así no puedo apartar la mirada. Ver sus labios entreabiertos bajo el embate de la necesidad de él hace que mi polla palpite con una urgencia insoportable.
Mi control se resquebraja: arrastro mi boca por su cuerpo, probando el sudor y la magia en su piel hasta que estoy respirando contra su calor empapado.
Su aroma es enloquecedor. La quiero por dentro, necesito hundirme tan hondo que nunca encuentre la salida.
Mi lengua barre sus pliegues y su sabor estalla en mi boca: dulce, punzante, embriagador.
Mi polla duele con la exigencia de embestir dentro de ella, mis runas arden, arden, y me ordenan hacer lo mismo.
Y entonces, justo cuando me impulso hacia delante, las pestañas de Rowan aletean. Sus ojos se abren de golpe… y se clavan directamente en los míos.