Destinada a Flurry (Destinada a los Jinetes Draken 2) 13 Rowan
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13 Rowan

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ROWAN

—En la Aguja, naturalmente —responde Kai—. ¿Dónde si no se conocería a una cadete encantadora de Eryndor?

—Naturalmente —repite Theron—. Me refería a indagar sobre el romance de todo esto. ¿Cuándo os disteis cuenta de que esta humana en particular era la única sin la que no podíais soportar vivir?

—Buena pregunta, vuestra alteza. —Me vuelvo hacia Kai—. ¡Acabo de darme cuenta de que nunca te lo pregunté! ¿Cuándo lo supiste?

—En mi interior, supe que necesitaba a Rowan Ainsley antes siquiera de ponerle los ojos encima —dice Kai, imperturbable—. Luego solo fue cuestión de buscar hasta que la encontré. Y una vez que lo hice, bueno, supe que era a quien buscaba.

Buscabas secuestrar y obligar a cumplir tus órdenes, querrás decir. Bastardo.

—Poético. —Theron se vuelve hacia mí—. ¿Y vos? ¿También sentisteis esa atracción magnética antes de conocer al príncipe de Slait?

—¿Yo? Oh. No, en absoluto. Me pareció insufrible cuando nos conocimos.

Kyrian se atraganta con su vino.

—¿Ah, sí? —pregunta Theron.

—Totalmente. —Sonrío, siguiendo el manual de Kai y apoyándome en la verdad con todas mis fuerzas—.

Era arrogante, exigente y tenía esa costumbre de mirar a todo el mundo como si estuvieran por debajo de él.

—Miro a Kai, que está inspeccionando el filo de su cuchillo de carne, y devuelvo mi atención a Theron—. Lo cual, supongo, era cierto.

—Y sin embargo, aquí estáis ahora —observa Theron.

—Aquí estoy.

—Completamente encandilada.

Esbozo una sonrisa. —Resulta que hay algo... convincente en un varón que sabe exactamente lo que quiere y no tiene miedo de perseguirlo. Por cualquier medio permitido. Y por otros que no lo están en absoluto.

Kai deja su cuchillo a un lado y presiona su pulgar contra la parte interna de mi muñeca, trazando círculos lentos y deliberados. Cada pasada me envía un escalofrío por el brazo.

—Lo que Rowan olvida mencionar es cómo me desafió a cada paso. Y cómo se negó a dejarse intimidar cuando otros humanos se acobardaban. Y, lo más importante, cómo su mente todavía me obliga a esforzarme para mantener el ritmo.

Es tan condenadamente convincente que tiene a media sala asintiendo. Incluso a mí. Se me entrecorta la respiración antes de que pueda evitarlo, y luego se detiene por completo cuando Kai se aparta, dejando el rastro de su toque todavía ardiendo contra mi piel.

Un juego, me recuerdo a mí misma. Todo esto es un juego.

Solo uno al que desearía que Kai no jugara tan bien.

Celeste me devuelve mi plato de la cena; ahora la carne al menos aparenta haber sido cocinada. Me obligo a comer aunque, con todo lo que me pasa por la cabeza, apenas puedo saborear nada.

La conversación gira hacia asuntos de la corte de Flurry, que intento seguir lo mejor que puedo.

Nuevos compromisos. Ascensos recientes. Una invitación directa para que Kai y Kyrian vuelen de patrulla con el grupo que acompaña al destacamento.

Solo ellos. No Logan. No sé qué pensar de este sentimiento anti-Logan, pero guardo mis preguntas para un interrogatorio posterior.

En general, sin embargo, aprendo poco en cuanto a información útil.

Puede que Theron y sus oficiales me hayan invitado a la mesa, pero nadie va a compartir nada de valor estratégico con la hija de la comandante Ainsley.

Para cuando la cena termina por fin, me siento como si me hubieran exprimido, apaleado y dejado secar al sol.

O tal vez en una tormenta de hielo. En realidad, no sé si tengo frío o calor.

Solo que estar viva duele. Cuento mentalmente los pasos de vuelta a mi tienda, calculando cuánto tiempo más necesito mantener la apariencia de ser un ser consciente antes de poder desplomarme en mi jergón y mimar mi migraña pulsante.

—Rowan. —La voz de Kai interrumpe mis cálculos mentales.

Parpadeo, dándome cuenta de que he estado agarrando el borde de la mesa con los nudillos blancos. La tienda gira perezosamente a mi alrededor, con los rostros desdibujándose en los bordes. —¿Mmm?

—Te estás tambaleando.

—Estoy bien.

—Y yo soy una linda princesa humana. —Él se levanta, su silla chirría contra el suelo, y le extiende la mano a Theron—. Deberíamos retirarnos.

—Por supuesto —dice Theron, levantándose también. Su sonrisa muestra demasiados dientes—. El amor joven es tan... enérgico. Tratad de no mantener a todo el campamento despierto con vuestras celebraciones.

El calor me inunda las mejillas, pero antes de que pueda formular una respuesta mordaz, el brazo de Kai se desliza alrededor de mi cintura, sosteniendo más peso del que me gustaría admitir. El mundo se inclina precariamente mientras él me guía para que me ponga de pie.

—Gracias por vuestra hospitalidad —dice Kai con una cortesía fría que de algún modo suena a despedida—. Nos veremos por la mañana.

Logro mantenerme erguida por pura terquedad mientras salimos de la tienda, con Kyrian caminando a nuestro lado antes de que la capitana —cuyo nombre me doy cuenta de que todavía no sé— lo llame para hablar de la patrulla de drakens.

El aire fresco de la noche golpea mi piel sobrecalentada como una bendición, y lo aspiro con avidez.

—¡Rowan!

Me vuelvo para ver a Celeste, la sirvienta de ojos pálidos de la cena, que corre hacia nosotros con un pequeño paquete apretado contra el pecho. Mi visión se duplica por un momento, viendo a dos de ellas acercarse, antes de volver a enfocarse.

—He pensado que podríais necesitar esto —dice, un poco sin aliento al alcanzarnos. Sus ojos oscilan entre Kai y yo, con un ligero rubor tiñendo sus mejillas—. Para vuestra... ¿molestia...? ¿En caso de que al príncipe Kyrian no se le haya ocurrido reunir algunas tiras de lino...?

A mi mente nublada le cuesta un momento procesar lo que está insinuando.

Entonces me doy cuenta: cree que mi inestabilidad se debe a los ciclos femeninos, no al peligroso cóctel de agotamiento físico, falta de tónico y cualquier otra cosa que le esté pasando a mi cuerpo en este lado de las protecciones.

Abro la boca para corregirla, luego la cierro de golpe. Esto es, en realidad, perfecto.

—Gracias —murmuro, aceptando el pequeño fajo de hierbas. Reconozco manzanilla y valeriana entre ellas: sedantes suaves y analgésicos. Nada que pudiera ayudar con mi estado real, pero útiles de todos modos.

El brazo de Kai se aprieta alrededor de mi cintura. —¿El periodo? —Entorna las cejas—. Rowan no está sangrando. Yo lo sabría.

Celeste se queda paralizada con un miedo inmediato que me hace odiar a Theron. Parece que contrariar a un miembro de la realeza no acaba bien por aquí para un sirviente, sin importar la intención.

—Todavía no, pero estoy a punto de estarlo —le digo a Kai, apoyando la mentira—. Puedo sentirlo. El estrés, supongo.

Kai me lanza una mirada que podría congelar las llamas, pero no me contradice.

Celeste cambia el peso de un pie a otro, apretando el fajo un poco más.

—En realidad, vuestra alteza —dice, bajando la voz hasta un susurro—, el príncipe Theron me ha pedido que os informe de que desea hablar con vos en privado.

¿Sobre una patrulla de vuelo de drakens?

—Sus ojos se mueven nerviosos de un lado a otro antes de volver a Kai—. Os espera en la tienda de mando.

Las sombras de Kai se enroscan alrededor de mi cintura y él tensa la mandíbula. —¿Ahora?

—Sí, vuestra alteza. Existe la preocupación de que la comandante Ainsley lance una ofensiva a la luz de... —se interrumpe, evitando claramente mirarme ahora.

—Le preocupa que mi madre descargue su ira sobre vuestra cabeza por infiltraros en la Aguja y secuestrar a su alquimista —aclaro con dulzura—. Y que esté lo bastante cerca para hacerlo ahora mismo. Supongo que Theron querrá vuestro valiente culo en el cielo, ya que vos sabéis qué buscar.

Celeste me dirige una tímida sonrisa.

—Puedo escoltar a milady Rowan de vuelta a vuestros aposentos —añade rápidamente—. El príncipe Theron ya ha ordenado que se sitúen centinelas fuera de vuestra tienda para garantizar su seguridad.

Kai toma el fajo de manos de Celeste. —Tus servicios no son necesarios.

Ella retrocede un paso. —Pero...

—Vete. Ahora.

Ella huye.

—¿Pero qué cojones te pasa, Kai? —le reclamo cuando la chica está fuera de oído—. Solo estaba siguiendo órdenes e intentaba ayudar.

La voz de Kai baja a un susurro peligroso. —No estás sangrando. No estás a punto de sangrar. Conozco el aroma.

—¿Conoces el aroma de mis ciclos? ¿En serio?

—Por supuesto.

—Ni siquiera sé por dónde empezar con eso. Pero si no olvidas ese aroma ahora mismo, te cortaré las pelotas.

Él se frota el puente de la nariz. —Tal vez me he equivocado y sí estás a punto de sangrar, después de todo.

Intento darle una patada en la espinilla y casi me caigo de culo. Él me agarra del codo para sostenerme. El mundo se inclina de forma alarmante y clavo las uñas en su brazo para mantenerme erguida.

—Mira, la verdad es que no sé cuándo sangraré la próxima vez —no es que sea asunto tuyo—, pero estoy a punto de desmayarme y preferiría no tener que explicar por qué a Theron o a sus esbirros.

—Mis piernas parecen hechas de agua—. Así que me voy a volver a la tienda a dormir, y tú vete a apaciguar a Theron, ¿vale?

Kai masculla algo entre dientes que suena a maldición, y luego me coge en brazos sin previo aviso.

—Puedo caminar —protesto, aun cuando mi cuerpo me traiciona al derretirse contra su pecho duro.

—Más lento de lo que mi paciencia puede tolerar. —A pesar de la brusquedad, los brazos de Kai son cálidos y firmes mientras me lleva por el campamento. Debería protestar más —por mi dignidad, si no por otra cosa—, pero mi energía será mejor empleada de otras maneras.

—Tienes que ir con Theron —digo en voz baja mientras nos acercamos a la tienda, ubicada estratégicamente en el borde del campamento para que sea más fácil defenderla de cualquier fae de Flurry descontento que quiera rajarle el cuello a una alquimista primero y preguntar después.

Al acercarnos, veo a los centinelas prometidos firmes a ambos lados de la entrada.

—Theron se pondrá furioso si no te presentas.

—¿Y por qué debería importarme?

—Porque lo pagará con Kyrian, y tu plan de locos requiere que los tres estéis vivos y operativos.

—El príncipe Theron os espera en la tienda de mando —dice uno de ellos, repitiendo el mensaje de Celeste.

Es Reece, el joven cambiapieles lobo con el pelo teñido cuya yugular Logan casi le arranca.

Levanta la barbilla—. También debo deciros que el príncipe Theron responde personalmente de la seguridad de vuestra esposa en vuestra ausencia, y que tengo órdenes de anteponer mi vida a la suya.

—Una misión con la que estoy segura de que estás encantado. —Me deslizo de los brazos de Kai.

—Me presenté voluntario —dice Reece secamente—. Yo pago mis deudas.

No sé qué pensar de eso y, en este momento, no tengo fuerzas para deliberar sobre ello. —Ve —le digo a Kai mientras tomo el fajo de Celeste de su mano y entro en la tienda—. O no vayas. Ya no me importa. Me voy a la cama.

Me instalo en el lujoso jergón sin molestarme en quitarme el vestido de seda. Ellie ya está dormida, roncando suavemente contra su almohada. Abre un ojo mientras me acuesto, pero le hago un gesto para que siga durmiendo, agradecida por la soledad temporal.

A medida que la noche avanza, también lo hace el dolor, aliviándose solo ligeramente con la ayuda de las hierbas que trajo Celeste.

El dolor trepa desde la base de mi cráneo hacia arriba, zarcillos de malestar envolviéndose alrededor de mis sienes, apretando como un tornillo hasta que veo colores y auras.

Presiono las palmas de las manos contra mis ojos, deseando que la presión disminuya.

No lo hace. Pero sí me gano una ola de mareo, de esas que hacen que no te importe nada más.

No es normal. Si es que lo normal tiene algún significado en este lado de las protecciones.

Me acurruco de lado, llevando las rodillas al pecho, haciéndome pequeña contra el ataque de mi cuerpo contra sí mismo.

En algún lugar en lo más profundo de mi mente, oigo a un lobo aullar.

El sueño, cuando por fin llega, es inquieto y superficial, más un escape que un verdadero descanso.

Me despierto en algún momento de la madrugada.

Ni Kai ni Kyrian han vuelto, y he perdido la esperanza de ver a Logan, pero Ellie sigue dormida como antes, con su respiración profunda y rítmica.

El dolor —que es lo que sospecho que me despertó en primer lugar— ha cambiado.

Menos como un dolor de cabeza y más como un... pulso.

Un ritmo que no me pertenece, golpeando con insistencia detrás de mis ojos. Y bajo él, una atracción.

Ven.

La llamada no es hablada. No es una palabra. No exactamente. Solo una sensación que se traduce en mi mente, urgente e imposible de ignorar. Me incorporo.

La presión disminuye.

Me vuelvo a tumbar.

Nuevas punzadas me atraviesan el cráneo, y no cesan hasta que estoy en pie.

Ven ahora.