Destellos de amor CINCO DESEOS #2
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CINCO DESEOS #2

Miré hacia la puerta de su habitación, que seguía cerrada, y con un veinte por ciento de culpa y un ochenta por ciento de curiosidad, leí la lista.

Cuando terminé, volví a dejarla en donde estaba, pero no paraba de pensar en ella.

Faltaban dos meses para que cumpliera treinta y sabía que no había hecho ninguna de las cinco cosas.

No sabía cómo, y mucho menos quise indagar en el porqué, pero, en ese momento, tomé una decisión que lo cambiaría todo para siempre: haría hasta lo imposible para que cumpliera todos y cada uno de ellos a tiempo.

Bueno, al menos cuatro de ellos. El último no dependía de mí o, al menos, eso creía en ese entonces.

En combustión

-AVA-

La fiesta de cumpleaños de James había sido algo… interesante, por decirlo de alguna manera.

Le salté encima en ropa interior… y esa no fue la peor parte de la noche.

Una vez en el club, y esta vez sin haber tomado ni una gota de alcohol al que culpar, lo invité a la pista de baile. Primero fuimos en grupo, pero en determinado momento solo quedamos nosotros dos. La música se volvió más sugerente y también nuestros movimientos.

Ambos amamos bailar, y siempre tuvimos una química especial en la pista, pero esa noche casi entramos en combustión.

De pronto, la música paró y me encontré presionada contra él, con la respiración agitada y cubierta de sudor.

Sin embargo, nunca me sentí más sexy que al levantar la mirada y ver la forma en que James me miraba.

Fue una fracción de segundo, y me autoconvencí por semanas de que solo había sido producto de mi imaginación, pero sus ojos se perdieron en mis labios; se acercó un poco más y, si no fuera por la horda de aplausos a nuestro alrededor, juraría que había estado a punto de besarme.

El resto de la noche, ambos fingimos que ese momento no había ocurrido y volvimos a nuestra dinámica habitual.

Tras unos días, yo seguía pensando en ello.

James es el sueño de cualquier mujer hecho realidad y, debo admitir, que fue mi crush durante un par de años antes de que nos hiciéramos amigos.

Pero cuando aquello sucedió, no tenía sentido arriesgarme a perderlo por un capricho adolescente.

Fue y siempre será mi mejor amigo en todo el mundo, el único que me entiende de verdad.

Creo que ni siquiera fue una decisión consciente, pero enterré cualquier sentimiento romántico y no volví a pensar en él de esa forma nunca más. No hasta el episodio de mi cumpleaños pasado, casi un año atrás, y, definitivamente, no después de su maldito cumpleaños.

Hola, A. ¿Estás ocupada?

Como si lo hubiera llamado con el pensamiento, recibí un mensaje suyo. Algo habitual, pero que me hizo estremecer un poco. Bueno, bastante. Mucho.

¡Hola! Sí, si por ocupada entendemos estar tirada en el

sillón con una serie...

estoy ocupadísima

¿Te puedo llamar?

En cuanto mi « Sip » apareció con doble tilde azul, el teléfono comenzó a sonar.

―Hola, James. ¿Cómo estás?

―Hola, cielo. ―Suspiró―. Perdón que te moleste, pero estoy jodido… y necesito tu ayuda.

―Uy, me llamaste «cielo». Esto es grave, solo me llamas así cuando necesitas algo gordo. ¿Qué pasó?

―Pasó el idiota de mi jefe. ―Hizo una pausa―.

Se le ocurrió que era una buena idea que el chico nuevo y yo hiciéramos alguna actividad fuera de la oficina para conocernos mejor, afianzar vínculos y esas mierdas…

y como, al parecer, este hombre tiene menos ideas de deportes que yo de ropa, nos inscribió en un taller de cerámica.

―¿Qué? ―No pude aguantar la risa―. ¿Hacer cerámica juntos? ¿Quién vas a ser? ¿Demi Moore o Patrick Swayze?

―No te rías ―respondió, aunque sus palabras perdieron un poco de fuerza al acompañarlas con una carcajada―. Parece que su secretaria pensó lo mismo que tú, ya que le sugirió reservar cuatro plazas, para que lleváramos a nuestras parejas. Como una cita doble o algo así.

―Pero tú no tienes pareja… ―Frené a media frase, mi mente empezaba a atar cabos.

―Te dije que estaba jodido. No quiero ir solo, Ava. Por favor, necesito que me acompañes. ¡Te lo suplico!

―¿De rodillas? ―pregunté, sugerente. Y tuve que abanicarme con la mano porque digamos que la imagen que se formó en mi cabeza no fue apta para todo público ni mucho menos.

―Como tú quieras. Me arrastraría hacia ti de ser necesario.

¿Hacía más y más calor a cada segundo que pasaba o era cosa mía?

―¿Cuándo es? ―pregunté, necesitaba volver a terreno seguro.

―En dos horas.

―¿Qué? ―grité, horrorizada.

―Recuerda que eres mi mejor amiga, que hasta te regalé mi camiseta preferida…

―¿No era que yo te la había robado?

―Ava…

―Mándame la dirección, nos vemos allí.

―¡Gracias! Te dije lo mucho que te quiero, ¿no?

―Sí, sí. ―Puse los ojos en blanco, pese a que él no podía verme―. Te dejo que, si no, no voy a llegar a tiempo.

―Eres la mejor.

―Lo sé. Nos vemos, James.

¿Qué se pone una para ir a una clase de cerámica con su mejor amigo y dos personas que no conoce? Tenía que ser algo casual, pero no quería parecer un desastre, así que le puse más esmero a mi peinado y maquillaje que de costumbre. Durante el trayecto en el Uber, empezaron a asaltarme mil dudas.

Estoy en camino, ¿saben que somos amigos o…?

¿O qué?

Dijiste que era una especie de cita doble

Me preguntaba si querías que fingiera ser tu novia o…

Mmm… ¿Tienes ganas de vivir tu propia historia de fake dating?

Sé que es tu cliché favorito

No seas idiota

¿Discutimos tus límites? Sabes que, a veces, me paso un poco con las demostraciones de afecto

Ok. SUFICIENTE. Me vuelvo a casa

No te enfades, Ava. Era una broma

Solo tienes que ser tú, no hay necesidad de fingir nada

Bueno

Estoy a punto de llegar

Ok

Ava, solo por curiosidad…

¿Sí?

¿Lo hubieras hecho? ¿Hubieras fingido de habértelo pedido?

Ahora nunca lo sabrás

Knock out

-JAMES-

Hay pocas cosas más deslumbrantes que la sonrisa de Ava. En aquel momento, traté de listarlas en mi mente, pero no pude. Ella lo eclipsaba todo.

La veía feliz, más feliz de lo que la había visto en muchísimo tiempo.

La clase fue todo un éxito. Cris y su novia, Lydia, me cayeron bien enseguida. Eran muy amigables y, aunque, con total honestidad, pensé que iba a pasarlo terrible allí, me gustó mucho la experiencia. Les debía una muy grande a ambos, y me aseguraría de pagarles el favor.

Mis habilidades con la cerámica, para sorpresa de nadie, son nulas. Terminé con una especie de bola amorfa que ya ni merecía la pena cocer. Sin embargo, la pieza de Ava quedó increíble; tanto así que la profesora la invitó a participar de su grupo regular.

Primer deseo tachado.

Me gustaría decir que, para el segundo, elaboré un detallado plan maestro, pero no. Si hubiera querido planificarlo, no me hubiera salido tan bien. Bueno, si es que se puede decir que recibir un tremendo golpe que te deja knock out es que te salgan las cosas bien, claro.

Aquel sábado fui a jugar al fútbol con mis amigos, como todas las semanas. Ava, como siempre, me alentaba firme desde las gradas.

En determinado momento, un chico que jugaba en la cancha de al lado se acercó a ella y comenzaron a charlar. Ella sonreía y él flirteaba sin ningún disimulo.

Ese pequeño intercambio me sacó del juego. Sentí algo arder en el medio del pecho, algo que no supe reconocer entonces, pero que hoy identifico a la perfección. Estaba muerto de celos.

Me dolía la mandíbula por lo fuerte que apretaba los dientes. No podía ver nada más, ni siquiera la pelota que venía a toda velocidad hacia mí, hasta que fue demasiado tarde. Me dio de lleno en la cabeza y me desmayé al instante.

Unos minutos después, desperté. Ava estaba arrodillada a mi lado, hablaba con los paramédicos. Me llevaron en ambulancia y me hicieron un montón de estudios.

Gracias a Dios, no tenía nada grave, pero el golpe había sido demasiado fuerte y querían dejarme ingresado en observación.

―No, de ninguna manera ―bufé―. Estoy bien, solo quiero ir a casa.

―Solo puedo dejarlo ir si su novia asume la responsabilidad.

―Se giró a mirar a Ava, que no se había despegado de mi lado en ningún momento―.

Necesito que esté atenta a posibles síntomas de alarma: mareos, pérdida de equilibrio, dolor de cabeza agudo…

Ahora mismo le doy todo por escrito. Puede dejarlo dormir, pero lo mejor será que lo despierte cada dos horas para ver cómo evoluciona.

Estaba por saltar a corregirlo, por explicarle que solo somos amigos y que no vivimos juntos, pero Ava me abrazó y comenzó a hablar.

―No se preocupe, voy a ser una buena enfermera. ―Sonrió y guiñó el maldito ojo―. ¡Gracias por todo, Doc!

El hombre rio y me dio una palmada amistosa en el hombro.

―Bueno, ahora entiendo por qué quiere irse a casa. Parece que lo dejo en muy buenas manos, es un hombre muy afortunado.

―Sí, lo soy ―respondí, con un nudo en la garganta.

No fue una respuesta por compromiso, me salió del alma. Sabía lo afortunado que era por tenerla como amiga, pero en ese momento no era en eso en lo que pensaba. Me había gustado su pequeño teatro, quizás demasiado, y de repente me la imaginé vestida de enfermera y… ¡uf!

La miré. Estaba nerviosa, lo podía notar. Se mordía el labio inferior y estaba sonrojada. Sabía que era imposible que ella hubiera visto la escena que transcurría en mi cabeza, pero lo parecía. Por un instante, me pregunté si en la de ella ocurriría algo similar.

Abrí la boca para decir algo más, pero el doctor se la llevó aparte para darle todas las indicaciones y yo me quedé allí, sentado, trataba de comprender qué mierda me ocurría.

Cuando volvió, me agarró del brazo y no me soltó hasta llegar al estacionamiento. Uno de los chicos había llevado mi coche hasta el hospital y le había dejado las llaves a Ava.

Por más que le insistí, no me dejó conducir. El camino hasta casa fue inusualmente silencioso.

―Gracias por todo, A ―dije una vez en el departamento―. Si quieres, llévate el coche. Es tarde y…

―¿Llevármelo? ―preguntó confundida―. ¿En serio crees que voy a dejarte solo?

―Solo pensé…

―Pensaste mal. Hablaba en serio en el hospital.