Después de olvidarte 36 · Noah
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36 · Noah

E l sótano huele a polvo, aceite y a algo que no sé identificar.

Quizá soy yo. Quizá es la mezcla de soledad y ganas de no pensar demasiado que se ha adueñado de mí.

Llevo tres días aquí encerrado haciendo limpieza.

Dar está preocupada y pasa tres veces al día para asegurarse de que estoy comiendo y de que sigo respirando.

Todos están preocupados por mí después de que Ivy haya anunciado que se va de Crescent Hollow.

Hace cinco días que no le escribo. Cinco días evitando coincidir con ella incluso en los pasillos del instituto.

No porque no quiera verla, sino porque si la tengo delante…

me tiraré al suelo de rodillas. Literalmente.

Sé que lo haría, sé que le suplicaría que no se fuera.

Pero sé que no tengo derecho a hacerlo, porque sé que quiere irse.

No necesita que yo vaya de victima diciéndole que sin ella aquí, yo no soy nada.

Así que aquí estoy, ordenando tornillos que no pienso usar, recolocando cajas que no pienso abrir, fingiendo que soy funcional mientras por dentro me estoy desmoronado.

Abro una caja vieja, una que juraría que ya había visto. Libros de arquitectura, un casco de fútbol del instituto... Sigo buscando y veo una bolsa transparente con el logotipo del Hospital de Eureka, cerrada con un nudo de plástico absurdamente apretado. Tiene una pegatina blanca escrita a mano.

Siento cómo se me revuelve el estómago.

La sudadera tiene manchas oscuras en la parte del pecho y en las mangas. Toco una de ellas. Es sangre seca.

Trago saliva.

Los vaqueros están rasgados por el lateral. No sé si fue el accidente. Los médicos. La carretera. Yo.

Me pongo a revisar toda la ropa.  Busco… ni sé qué busco. Reviso los bolsillos de la sudadera. Vacíos. Los delanteros del pantalón. Nada. Levanto la prenda, la miro contra la luz, como si hubiera un código secreto que tengo que descifrar. Y entonces, al tocar el bolsillo trasero derecho…

Noto algo.

Duro pero flexible. Cuadrado. Lo saco despacio. Es un folio doblado varias veces. Está manchado y tiene los bordes un poco arrugados. Mi corazón se desboca sin motivo aparente mientras lo abro. Es mi letra, eso lo sé. Y en la primera línea que alcanzo a leer se ve un nombre.

Ivy.

Las manos me tiemblan. No sé si quiero seguir. Aun así… abro la hoja. Leo la primera línea.

Y todo el aire se me rompe dentro del pecho.