Antes de olvidarte
- Tres meses Después de la remisión de Abigail -
Ivy
—Si es una broma, juro que te dejo aquí plantado.
—No es una broma. Es una sorpresa —dice.
—Pero es tu cumpleaños. Se supone que soy yo la que te tiene que dar la sorpresa a ti.
—¿Quieres callarte ya y cerrar los ojos?
Cierro los ojos. Pero abro uno un poco, por si acaso.
Lo veo sonreír, nervioso. Tiene una caja pequeña en la mano.
No sé si tiembla él o tiemblo yo.
—¿En serio?
—Claro que es en serio.
Estoy paralizada. Paso la mirada de sus ojos a la caja. La abre y veo un anillo de oro blanco precioso. Tiene un brillante negro en el centro, custodiado por dos pares de diamantes blancos más pequeños. Es justo lo que siempre dije que quería.
Nos reímos los dos, sin saber muy bien qué hacer con las manos ni con el aire.
Él coge la mía, que se ve aún más pequeña junto a la suya, que no para de temblar. El anillo entra a la primera, como si hubiera estado esperándolo.
—No tengo un gran discurso —dice—. Pero Ivy, sin ti nada sería igual. Yo no sería igual. Da igual lo que pase o las vidas que vivamos. Todos los caminos me llevarán a ti. Tú eres mi hogar.
Intento hablar, pero solo me sale una risa temblorosa y se me empiezan a caer las lágrimas.
—Joder, Noah. Yo no me he maquillado hoy para esto.
Él se ríe.
—¿Entonces eso es un «sí»?
—Pues claro que es un «sí».
Nos besamos. Pegados. Con el corazón desbocado.
El reloj del pasillo marca las siete y algo y por la ventana entra la luz de final de la tarde, dorada y absurda.
Él se separa un poco.
—Quiero una foto de este momento.
Saca el móvil. Nos giramos hacia el espejo del recibidor: mi pelo hecho un desastre, su camiseta vieja, el anillo torcido.
Después, me besa la frente.
—Te quiero. Hoy, mañana y siempre.
Y yo, sin pensarlo, respondo:
—Y para siempre.
Nos quedamos así, medio riendo, medio llorando, sabiendo que acabamos de hacernos la promesa de que nada entre nosotros va a cambiar.
Noah
Vamos a Crescent Hollow a dar la noticia de nuestro compromiso. Hemos decidido hacerlo en persona para ver las reacciones de todos en directo.
Organizamos una comida en casa de los padres de Ivy con la excusa de que no hemos celebrado aún mi cumpleaños.
Cuando por fin llega el postre, Ivy se pone de nuevo el anillo y todo el mundo se vuelve loco: mi madre, Dar y Cecilia saltan de alegría y se ponen a hablar de dónde celebrar la boda.
Peggy, la abuela de Ivy, me abraza tan fuerte que creo que me ha roto una costilla.
Ray y Eli ya están pensando en las fotos vergonzosas que van a poner en el video que quieren prepararnos.
Wes se queda parado. Veo que está aguantando las lágrimas cuando Ivy se acerca a él y se abrazan.
Ahí él se derrumba. Oigo cómo le dice «vas a ser oficialmente mi hermana.
Te quiero muchísimo, enana», y yo me deshago.
Creo firmemente que Wes la quiere más a ella que a mí, y eso es lo que más me gusta.
Un carraspeo me saca de mis pensamientos. Me giro y lo primero que veo es un bigote: el entrenador Brooks. Mi futuro suegro.
—Enhorabuena, Carter.
—Gracias, entrenador
Me da un abrazo, con palmada incluida y añade:
—Espero que no hayas olvidado que sigo teniendo la escopeta de perdigones en el garaje. Y que tengo buena puntería.
Trago saliva. Más me vale no enfadar a este hombre.
Unos meses después…
- Marzo -
Noah
Desde que le diagnosticaron la enfermedad a mamá, cada vez que va a la revisión es un sin vivir. Aunque ya cada vez es menos drama, ya que desde que entró en remisión son sólo buenas noticias.
Pero esta vez es diferente.
—El cáncer ha vuelto.
—No pasa nada. Se solucionará como la última vez.
Ella se queda en silencio.
—No tiene solución esta vez.
No sé cómo actuar. No sé si me he quedado muy quieto o es que el tiempo se ha parado también. Oigo cómo Wes y mamá hablan. Ella dice que no quiere irse a ningún lado, que quiere quedarse aquí, en el pueblo, en su casa. Wes intenta convencerla, pero no tiene éxito.
Él lo organiza todo. Dar la acompaña al hospital.
Yo me ofrezco a pagarlo todo, firmo todo, y aun así no estoy haciendo nada. Sé que nada de lo que haga servirá.
Entreno, viajo, sonrío cuando me enfocan.
Pero en cuanto apagan las luces, el aire se vuelve espeso.
- Abril -
Noah
Empiezo a llegar tarde a todo.
Entrenamientos, ruedas de prensa, incluso a casa. No lo hago a propósito. Solo me cuesta parar.
Cuando paro, pienso.
Y cuando pienso, duele.
Gabe dice que estoy en mi mejor temporada. Yo sonrío como si me importara.
Ivy me escucha hablar del contrato nuevo, asiente, pero la noto lejos. Y lo peor es que no la culpo. Yo también estoy lejos. A veces incluso cuando estoy con ella. Por las noches, la miro dormir y me repito que todo va bien.
Mentir nunca fue tan fácil.
- Principios de julio -
Ivy
Estoy de vacaciones y decido irme al pueblo unos días. Intento convencer a Noah para que venga conmigo pero está ausente. Dice que tiene que hacer cosas, pero sé que cuando vuelva lo encontraré exactamente en el mismo sitio en el que lo he dejado.
Después de comer con mis padres voy a casa de los Carter. Cuando aparco, me encuentro a Dar y a Abigail en el porche, como si me estuvieran esperando. Newman me recibe con un maullido vago y se frota contra mis piernas para que le haga mimos.
—Pero bueno, si es mi dúo cómico favorito.
—Tú sí que tienes cara de chiste, niña —añade Dar, mientras se levanta para abrazarme.
Abigail está muy débil. Hace el esfuerzo de levantarse pero sé que no puede, así que me adelanto y la abrazo fuerte.
Los días siguientes los paso ayudando en lo que puedo, cocinando, leyendo con ella. A veces se queda dormida y yo me quedo mirando cómo se ha apagado el tono de su piel.
Cuando vuelvo a Seattle, él está en el sofá, en la misma posición que cuando me fui.
—¿Cómo está? —pregunta.
—Cansada.
Asiente.
No dice nada más.
Y no la llama.
- Agosto -
Ivy
Eli me llama una mañana:
—Tengo una noticia.
—¿Buena?
—Depende de si te gustan los bebés.
La risa le sale atropellada, dulce.
Ray grita algo al fondo y ella lo manda callar.
—Te lo iba a decir en persona, pero no podía aguantarme. Lo sabemos desde hace un mes pero acabamos de salir de la ecografía y nos han confirmado que está todo bien.
—Estoy tan feliz por vosotros. ¿Voy a poder ser su tía favorita, verdad?
—Pues por supuesto.
Después cuelgo y me quedo un rato en silencio, viendo cómo la lluvia golpea el cristal.
Noah entra al salón, pasa por detrás de mí, pregunta si quiero cenar.
Le cuento lo del embarazo de Eli y sólo hace una mueca que interpreto como una sonrisa. Me doy cuenta de cómo mira el anillo que llevo en el dedo de reojo.
No hablamos de nuestro futuro.
Solo dejamos la tele puesta y fingimos que no nos estamos apagando.
- Septiembre -
Noah
El partido es en casa. El estadio está lleno, los focos ciegan.
No pienso en nada más que en el siguiente pase.
No quiero pensar en la pelea que tuve con Wes hace dos días porque no he ido a ver a mamá.
Ella dice que está bien, que no hace falta que haga el viaje y pierda entrenamientos sólo porque esté en el hospital.
Él me llama egoísta y me recuerda que estamos en una cuenta atrás y que me arrepentiré.
Yo lo mando a la mierda y le digo que ya soy mayorcito para que venga a sermonearme.
Ganamos. A pesar de mi nefasta actuación.
Cuando vamos por el túnel, veo a Ivy y a Gabe esperándome en la entrada del vestuario. Ivy tiene los ojos hinchados y la nariz roja. No hace falta que me diga nada más.
Ni siquiera me ducho. Solo entro a quitarme la equipación y nos vamos. El camino se hace eterno y parece que los kilómetros de distancia se han multiplicado.
Llegamos al hospital y busco a Wes. Lo encuentro sentado en el suelo, frente a la puerta de la habitación de mamá, con la cabeza entre las manos. Dar y los demás también están allí. Cuando me ve, se levanta y nos abrazamos. Y yo no puedo más que romperme en los brazos de mi hermano mayor.
Noah Carter. Quarterback. Capitán.
Ganador de partidos imposibles.
Huérfano.
Ivy
He venido a casa de los Carter a coger ropa para Wes y Noah. También voy a coger el vestido favorito de Abigail, ella quería descansar eternamente con él.
No sé cómo vamos a poder superar esto.
Noah
El cementerio es pequeño.
El aire pesa más que el ataud que hemos transportado hasta allí.
Wes habla.
Yo no. No puedo.
Ivy está a mi lado. No me suelta, aunque tengo las manos flojas entre las suyas.
Veo caras, abrazos, voces que no recuerdo.
Solo quiero irme.
Cuando el ataúd desaparece, siento que me lleva con él.
Y me quedo vacío.
Ivy
Tras el funeral, la casa está llena de comida que nadie toca.
Dar intenta mantener a todos ocupados.
Wes está con Max en la cocina.
Noah simplemente no habla.
Por la noche, lo busco.
Está en el porche, sentado en la silla de su madre.
No se gira.
—No sé qué hacer con esto —dice.
—No tienes que hacer nada ahora mismo.
—Claro que sí. Siempre tengo que hacer algo.
Se levanta, entra en casa y me deja fuera.
Al año siguiente...
Ivy
Intento mantenerlo cerca.
Cenas, películas, paseos. A veces funciona pero la mayoría no.
Él se apaga despacio. Habla con monosílabos. Se encierra a leer o se queda mirando al vacío de la terraza. Ya ni siquiera dibuja.
Yo sigo aquí, pero cada vez más sola.
Cuando Eli da a luz a Maisie unos días antes de mi cumpleaños, voy con Wes al hospital.
Ray no puede parar de llorar de la emoción.
Le hago fotos y se las mando a Noah.
—Es preciosa —le digo al llamarlo por teléfono.
—Ya la veré.
—Deberías venir.
—No me apetece.
No insisto.
Cuando todos preguntan, digo que tenía fiebre.
Es más fácil que decir la verdad: que ya no sé cómo alcanzarlo.
- MESES DESPUÉS -
Noah
Entreno demasiado. Duermo poco. Hablo menos.
Gabe dice que descanse. No le hago caso.
En un partido sin importancia me lesiono. Nada grave, pero lo suficiente para estar semanas fuera. El equipo gana igual.
Y yo empiezo a sentir que da lo mismo.
Ivy
El verano está a punto de llegar y la casa está muda.
Noah ya no pone música cuando se afeita ni me despierta con café. Deja los trofeos en cajas y los guarda en el armario.
Una noche lo intento:
—Noah, amor, creo que tenemos que hablar.
—¿De qué?
—De lo que te pasa.
—No me pasa nada.
—Creo que deberías ir a hablar con alguien.
—Ni tengo ni quiero hablar con nadie. No empieces como Wes.
Y ahí está todo: el miedo, la pérdida, la grieta.
Nos quedamos en silencio.
El reloj avanza.
Y pienso que hay amores que no se rompen de golpe. Solo se van apagando, igual que la luz del sol cuando se acaba el día.
- Junio -
Noah
Doy una rueda de prensa que dura exactamente tres minutos en los que leo lo que Gabe me ha escrito. Cuando acabo me levanto y no dejo que ningún periodista haga preguntas.
Luego subo un comunicado a mis redes sociales. Corto e impersonal. Doy las gracias al equipo, a mis compañeros y a mis fans.
Fin.
Unos dicen que es por una lesión. Otros que con treinta años ya no estoy en la misma forma.
Nadie termina de acertar.
Lo dejo porque ya no siento nada.
Apago el teléfono.
Desinstalo todo.
Durante un tiempo, ni siquiera me levanto a abrir las cortinas.
Ivy intenta llenar los huecos.
Cocina, habla, me toca el hombro.
Yo no reacciono.
Ella aguanta, pero sé que se está agotando.
Ivy
Eli me llama por la tarde.
—La señora Whitaker va a jubilarse. Si quieres, el puesto es tuyo.
No digo nada.
—No tienes que decidir ahora —añade—. Sería para el próximo curso. Pero piénsalo.
Se lo cuento a Noah esa noche. Está en el sofá, haciendo como que mira el móvil.
—Podríamos irnos a Crescent Hollow una temporada. Creo que nos vendría bien.
—Tú puedes irte.
—He dicho «podríamos».
—No voy a volver allí.
—¿Ni siquiera por un tiempo?
—Haz lo que quieras, Ivy.
- Agosto -
Noah
Después de que Ivy me propusiera volver al pueblo, no volvemos a hablar del tema.
Ella empieza a buscar piso cerca de casa de sus padres. Empaqueta las cosas con cuidado, deja posits en las cajas: ropa, libros, cocina.
Yo finjo que trabajo en algo importante para no mirar.
Cuando llega el día, la acompaño al coche.
No digo que no quiero que se vaya. Tampoco digo que sí. Solo le abro la puerta.
—Llama cuando llegues —murmuro.
—Claro.
No lo hace. Sólo manda un mensaje «ya estoy aquí».
Y lo entiendo.
- SeptiembrE -
Ivy
El primer día del curso, Eli me lleva un ramo de tulipanes a la sala de profesores.
—Bienvenida a casa —dice.
No sé si es verdad.
Al principio, Noah escribe alguna vez. Mensajes cortos, sin emoción. Luego deja de hacerlo.
Empiezo a dormir bien otra vez, pero me despierto con culpa.
Le digo que ese sábado vamos a ir todos al lago.
No responde.
No aparece.
- MESES DESPUÉS -
Noah
El veintisiete de marzo amanece igual que cualquier día. Sé que es su cumpleaños, pero dejo el teléfono en la otra punta de la casa. No sé por qué.
O sí.
Porque no tengo nada que decir que llene este vacío.
Paso el día sin hablar con nadie. Por la noche, abro una botella de vino. Miro el móvil. Una notificación: mensaje nuevo. Sé que es de ella. No lo leo.
Ivy
Lo coge al cuarto tono.
—Hola.
—Hola.
Silencio.
—¿Vas a decir algo? —pregunto.
—Feliz cumpleaños.
La voz le sale baja, sin fuerza.
—Gracias.
Espero algo más.
Nada.
—Noah…
—¿Qué?
—Que ya no puedo más.
—Lo sé.
—Entonces di algo.
—No sé qué decir.
Las lágrimas me llegan sin avisar. Trago saliva contra el nudo que me aprieta la garganta y respiro hondo.
—Vale.
—¿Vale, qué? —me pregunta.
Cojo más aire del que pueden soportar mis pulmones.
—Que ya está.
Se hace un silencio largo. Casi eterno.
—Cuídate, Noah —digo al final.
No responde.
Cuelgo.
Y es así como termina todo: sin gritos, sin escena, solo una voz cansada al otro lado de la línea y la certeza de que ya no queda nada que salvar.