Después de olvidarte Antes de olvidarte
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Antes de olvidarte

- PRIMAVERA -

Noah

Mamá me hace una llamada muy extraña y me pregunta treinta veces cuándo voy a ir al pueblo.

La noto rara, por lo que cancelo unas cosas que tenía que hacer y cojo el coche hasta allí.

Cuando llego, la camioneta de Wes está aparcada frente a nuestra casa y una mala sensación me recorre la espalda.

Entro en la casa y están los dos en el salón.

Mi hermano tiene la cara desencajada. Ella tiene un montón de papeles organizados por montones encima de la mesa baja de centro.

Me siento y lo suelta.

—Tengo cáncer de mama. Está avanzado, pero lo han pillado a tiempo —explica—. Me operan la semana que viene.

No le tiembla la voz. Desde luego es más fuerte que nosotros, que estamos temblando.

—¿Qué podemos hacer?

—Nada, de momento.

—Creo que sería mejor que te vinieras a Seattle. Buscaremos a los mejores oncólogos y la mejor clínica para el tratamiento.

—Sí, mamá. Estoy de acuerdo con Noah. Yo iré para allá todos los días libres.

—Está bien. Pero solo si a Ivy le parece bien.

Asiento.

Y me doy cuenta de que lo dice en serio: no quiere ser una carga.

Lo que parece es que no se da cuenta de que nadie la ve así.

Ivy

Cuando me lo cuenta, Noah está apoyado en la encimera. Le pongo la mano en el brazo, él descansa su cabeza en mi hombro y se derrumba.

—Dile que haga la maleta.

Dos semanas después, Abigail está con nosotros.

Entra por la puerta con una bufanda, una caja de galletas y su frase habitual:

—He traído azúcar para compensar los dramas.

La casa cambia enseguida.

Dar se ha acomodado en casa de un sobrino y acompaña a Abigail a las sesiones de quimio cuando Noah y yo no podemos por horario. Cuando Abigail se encuentra bien, cocinan juntas mientras cantan. Cuando no lo está, Dar le canta a ella para que «se le quiten todos los males».

Noah llega del entrenamiento y se encuentra a las dos en la cocina, cantando fatal.

Wes viene cada día que tiene permiso y no le quita el ojo a su madre. Cuando se le empezó a caer el pelo, él fue el que se lo rapó «porque tiene experiencia».

Abigail me ayuda a corregir exámenes y yo la acompaño a pasear cuando a ella le apetece.

Nunca se queja. Es increíble.

Solo una vez, al volver del hospital, me dice:

—Si algún día me pongo insoportable, prométeme que me echarás de casa.

—Ni lo sueñes.

—Sabía que dirías eso.

Por las noches, se sienta con Noah a ver partidos antiguos. A veces se queda dormida en el sofá y él la coge en brazos y la mete en la cama.

Los miro desde la puerta mientras él la arropa y pienso en la suerte que tenemos de estar todos juntos, a pesar de todo.

- Ese otoño -

Noah

Hay días buenos. Y luego hay otros .

En los malos, cuando ella descansa, me encierro en el gimnasio o conduzco sin destino.

Ivy se encarga de todo a lo que yo no llego sin que se lo pida.

Mamá la mira y dice que «nunca había visto tanta paciencia junta».

Una noche, mientras preparo la cena, mi madre sale de la habitación. Va en zapatillas, con el pañuelo puesto.

—¿Sabes lo que más me fastidia de esto? —dice.

—¿Qué?

—Que me estoy perdiendo los partidos en el campo.

Río.

—Te los cuento después.

—No hace falta. Los leo en la cara de Ivy. Cuando perdéis, tiene la misma cara que cuando se me corta la mayonesa.

Miro hacia la cocina. Ella está de espaldas, tarareando.

Y pienso que no hay palabra para eso que se siente cuando sabes que la vida está desordenada, pero todo el mundo se está esforzando por mantenerla en pie.

- JUNIO DEL AÑO SIGUIENTE -

Ivy

La boda de Eli y Ray es en un jardín enorme, con farolillos y mesas largas.

Eli está espectacular. Ray lleva los nervios metidos en los bolsillos. Noah no se separa de él. Se le nota el orgullo. También un poco de miedo a llorar delante de tanta gente.

Durante la ceremonia, veo a Abigail en segunda fila junto a Dar y a Wes. Lleva un vestido verde oscuro y una diadema a juego que compramos en Seattle, cuando empezó a crecerle el pelo.

Yo avanzo por el pasillo y veo a Noah al final, al lado de Ray, que está histérico y no para de moverse hasta que ve a Eli por el pasillo del brazo de su padre. Está preciosa, con su melena oscura suelta y el velo que llevó su madre el día de su boda.

Es una ceremonia preciosa y no puedo dejar de llorar.

Antes de la tarta, Noah y yo hacemos una lectura conjunta que parece más un espectáculo cómico que algo tierno. Después del brindis, bailamos todos.

Ray saca a bailar a Abigail, que se deja llevar, riéndose como si no lo hubiese hecho nunca antes.

Noah los mira desde la pista y se pasa las manos por la cara.

Yo le cojo una y se la bajo.

—Está bien —le digo—. Vamos a bailar, Carter. Enséñame los pasos prohibidos.

Y salimos a la pista a darlo todo.

Noah

Estoy apoyado en la barra hablando con el entrenador Brooks mientras nos tomamos una copa cuando veo que mamá y Wes están en la pista bailando. Ella está más delgada, pero sonríe. Y está guapísima.

Pienso que es la persona más fuerte que conozco.

De repente, un huracán vestido con doscientas capas de tul blanco viene directo hacia mí y me arrastra para una foto.

Los cuatro juntos.

Ray con la camisa abierta. Eli con la corbata de su ya marido atada en la frente. Ivy apoyada en mi hombro mientras le da un trago a su copa.

Por un segundo, todo parece sencillo otra vez.

- OCTUbrE -

Ivy

A finales de año Abigail sale de la consulta de la oncóloga con una sonrisa que no le cabe en la cara. Dice la palabra «remisión». Noah repite la palabra tres veces, como si aún no se la creyera.

Por la noche, lo celebramos en casa junto con Wes.

Ella levanta su vaso de agua y dice:

—Brindo por no volver a ver una aguja en lo que me queda de vida. Y por irme ya de esta casa. Os quiero, pero os prefiero de visita en la mía.

Nos echamos a reír.

Cuando la casa se queda en silencio, Noah se apoya en el marco de la puerta.

—Ha sido un año raro —dice.

—Bueno, pero raro.

—Sí.

Noah y yo nos miramos.

Es uno de esos momentos en los que no hace falta decir más.