ARCHIVO SONORO
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(Clic) (Silencio. Dos golpecitos. Un suspiro raro, como si se acomodara)
—Vale… venga… esto ya está grabando.
Perfecto.
Hola, Noah. De nuevo.
(Se escucha la silla moverse)
—Bien.
Vamos al lío.
No sé cómo resumirte esta semana sin que parezca un informe, pero… Ivy lleva unos días viviendo en casa. Se rompió la tubería de su vecino y ella se ha venido aquí hasta que le arreglen la suya.
Y tú, amigo, estás perdido. Para bien, pero perdido.
Empiezo por los últimos descubrimientos que he hecho a lo largo de estos días: te sabes de memoria los gestos de Ivy. Los pequeños. Los que nadie registra.
Cuando se concentra, se muerde un poquito el labio. Cuando está cansada, se toca el pelo aunque no haga falta. Cuando algo no le cuadra, hace un gesto mínimo con la nariz. Sí, la nariz.
No te rías. Pasa de verdad.
Y cuando se ríe de verdad, intenta esconder la risa, baja la mirada un segundo y mira hacia el techo después. Ahí es cuando tú, literal, te vas a la mierda porque no sabes qué hacer con las manos ni con la respiración.
(Pausa. Golpe con los dedos)
—Bien. Más datos importantes:
Ivy con Maisie. Eso ya es otro nivel. Cada vez que la ves con Maisie, se te cae la baba.
Maisie la adora.
A-D-O-R-A.
Y tú… tú te haces el tonto, pero estás exactamente igual.
De hecho, estoy empezando a sospechar que en algún momento Ray y Eli van a dejar a la niña en la puerta con una maleta, tocar el timbre y largarse a las Maldivas.
Así, sin mirar atrás.
Y conociendo a Maisie, ni protestaría.
(Pequeña risa)
—Y ahora, otro dato para tu yo amnésico:
La relación entre Ivy y Wes. Te aviso, por si aún no los has visto juntos cuando escuches esta grabación: podría confundirte.
No es romanticismo. No es tensión. Es otra cosa. Se quieren de una forma muy especial. Como si hubieran sido hermanos en otra vida. Se entienden sin hablar.
Y verlos juntos te da paz, aunque no lo digas. Te hace sentir que ella está protegida incluso cuando tú no sabes cómo hacerlo. Y sabes que él siempre podrá apoyarse en ella de nuevo si tú vuelves a hacer el gilipollas.
(Pausa larga. Se oye cómo suelta el aire)
—Y ahora viene lo jodido: ella es todo lo que puede significar «hogar».
Eso es. Te lo digo así de simple para que no se te olvide.
No la casa. No el pueblo. No la rutina.
Ella.
Cuando está aquí, todo encaja. Cuando se mueve por la cocina, cuando deja su taza en el mismo sitio al lado de la cafetera, cuando se ríe sola mientras está leyendo, cuando te pilla mirándola… todo eso… es tu hogar.
(Pausa. Carraspeo)
—Y ya está por hoy. Que vamos a ir a comprar vasos nuevos. Hubo «problemas» al sacar el lavavajillas.
Solo quería dejar constancia antes de que te dé vértigo sentir tanto sin tener recuerdos que lo justifiquen.
Así que… eso.
Espabila.
Y por Dios, no borres esta grabación.
(Clic)