ARCHIVO SONORO
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(Clic)
(Silencio. golpecitos contra el micro. Tos. Una silla que se arrastra. Ruido de algo cayéndose al suelo)
—Vale. Esto está grabando… creo.
Hola, soy yo. O sea, tú. Noah.
No sé si esto es una idea brillante o de las que te hacen quedar como un loco con iniciativa. Pero bueno.
Supongamos que pasa algo y... otra vez no sabes quién eres. Bienvenido al club.
Hoy hace trece días que te despertaste en una cama de hospital sin saber quién eras.
Te llamas Noah James Carter. En el momento de esta grabación tienes 35 años. Naciste el 29 de septiembre de 1989 y tus padres se llamaban Thomas y Abigail Carter. Aunque ellos ya no están.
(Se escucha como traga saliva. Respiración profunda)
—Fuiste jugador de fútbol americano profesional en la NFL. Quarterback. Eso parece importante. Hay cascos en tu habitación. También muchas entradas de cine. ¿Eras muy romántico? ¿Muy cinéfilo? ¿Ambas? En cuanto lo descubra, te lo cuento.
Vives —vives ahora— en Crescent Hollow. Es un pueblo al norte de California. Hay más panaderías que gente joven, pero todo el mundo te conoce. El equipo de fútbol americano del instituto son Los Lobos y, al parecer, tú fuiste una estrella en tu época allí.
Tienes un hermano, Wes (de Weston), que es un cruce entre un marine y un santo. Es instructor en una base militar del ejército del aire. Tiene cero paciencia para tonterías pero te quiere mucho. O eso parece. Y cocina decente. Punto a favor.
También está Dar. No es tu tía de sangre, pero sí postiza. Era la mejor amiga de tu madre. Aparece con comida cada vez que viene a casa y te cuida. No pregunta, solo actúa. Tiene un gato al que saca a pasear con correa. El gato no coopera. Se llama Newman. El gato, no tu tía.
Y también está Ivy.
Ella... bueno. Ella es… Dice que es tu amiga. Pero cuando la miras, algo en tu estómago se mueve. Puede que sea hambre. Puede que no.
El otro día te dijo cómo te gusta el café. Y acertó. Sin dudarlo. Y tú casi lloras en la cocina como un imbécil con espuma de leche en la cara. Literalmente.
Apunta: con leche, sin azúcar y con canela espolvoreada. Ya me darás las gracias por esto.
No tienes recuerdos. Nada. Ni un olor, ni una escena, ni una frase. Pero tienes instinto. Y el instinto te dice cosas. Aunque en realidad no sabes qué son esas cosas. Pero lo irás descubriendo.
¡Ah! No te preocupes por el dolor de cabeza. Es normal. Respira hondo. Cierra los ojos. Se pasa.
Has descubierto que te gusta la tarta de zanahoria, que no eres alérgico a los gatos y has encontrado una foto del baile de graduación.
Dar te ha contado que tu mejor amigo se llamaba Ray y la mejor amiga de Ivy, Eli.
No conozco a Eli personalmente todavía, pero en esa foto da miedo.
Así que precaución con ella. Solo por si acaso.
(Pausa larga. Respiración profunda)
—En fin… que si mañana o dentro de un mes vuelves a despertarte sin saber quién eres… Recuerda esto: estás intentando averiguarlo.
No estás solo.
Y confía en las señales que te manda tu cuerpo. Está mejor que tu cerebro.
(Pausa)
—¡Y otra cosa! Compra un móvil. No sé si seguirán vendiendo CDs o si la radio habrá sobrevivido.
(Silencio largo)
(Clic)