45 Ashton
Ashton
—Estoy agotada y quisiera darme un buen baño —susurró Cassia mientras Ryker y Sorren discutían entre sí.
Ashton no había querido dejarla de lado, pero debió darse cuenta de lo agotador que había sido el día para ella. No estaba acostumbrada a cabalgar a ese ritmo durante dos días seguidos.
Cuando alzó la vista, Margot los observaba. Lo sabía.
Por supuesto que sí. Margot llevaba casi toda la vida descifrando lo que ocurría entre hombres y mujeres. Eso la mantenía a salvo, a ella y a sus muchachas. Además, le llenaba las arcas.
—¿Podrías…?
—Por supuesto —dijo Margot antes de que él terminara. Así era ella: amable y atenta a todo, aunque a veces demasiado controladora y otras, la madre que los tres habrían querido tener. Entendía lo que necesitaban antes de que se lo dijeran.
—Es demasiado tarde para un baño caliente, pero mañana… —dijo él.
Margot se puso de pie. —Haré que se lo preparen esta noche. —Luego se volvió hacia Cassia—. Ha pasado por mucho y merece ese pequeño consuelo. No es ninguna molestia.
Llenar una tina de agua caliente suponía bastante trabajo, pero Margot les daría unas monedas extra a las criadas. Él se ofrecería a dárselas, pero Margot se negaría.
Sabía todo aquello tan bien como se conocía a sí mismo.
—Me gustaría ayudar en algo —dijo Cassia, extendiendo la mano hacia la bandeja. Pero Margot le hizo un gesto para que no lo hiciera—. No hace falta, se lo aseguro. Venga conmigo.
Mientras Sorren y Ryker los observaban, él y Cassia intercambiaron una mirada. Ella apartó la mano de la bandeja y siguió a Margot. En ese instante, Ashton cambió de plan.
Hasta que pudiera averiguar qué los aguardaba fuera de aquellos muros, no se quedarían allí.
A Margot no le gustaría.
—Haz lo que quieras —dijo Ryker en cuanto ellas salieron de la habitación—, pero no te engañes sobre lo que está pasando.
Sorren suspiró hondamente, se llenó la jarra con el contenido del cántaro que Ryker había traído y se recostó como si estuviera a punto de presenciar un ahorcamiento.
—Explícate —fue lo único que dijo Ashton.
—Nunca te había visto tan protector. Desde… jamás. Y no es solo desde que volviste del Wild Boar. También veo cómo te mira ella.
Sorren parecía complacido, probablemente porque, por una vez, no era el blanco de las pullas de Ryker.
—¿Y qué?
—Nada, salvo que tú mismo nos has advertido muchas veces a Sorren y a mí que no debemos acercarnos demasiado a nadie.
Era cierto, y tenía buenas razones para ello.
—Sigo pensando lo mismo.
Sorren se inclinó hacia delante. —¿Qué piensas hacer?
No preguntó si tenía un plan. Conocía demasiado bien a su hermano para eso.
—Documentos —dijo Ashton—. Los de una viuda, lo bastante auténticos para aguantar cualquier inspección en cualquier puerto. Con el tiempo, un barco para sacarla de aquí. Pero no esta noche ni desde aquí.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Ryker.
—Que quiero sacarla de esta casa hasta que sepa a qué nos enfrentamos. Ahora hay demasiados ojos pendientes de nosotros, ahora que aumentaron la recompensa. Se irá conmigo a casa del viejo Tam hasta que tenga un plan más claro.
Sorren alzó una ceja. —¿Renunciarías a la habitación?
Ashton no dijo nada.
—¿Y el Reach? —preguntó Ryker, ahora en voz más baja—. No has dicho una palabra de eso desde que te sentaste.
—Porque ya sé lo que vas a decirme.
—La semana pasada vieron a un hombre de De Grey recorriendo dos veces el lindero norte. No eran soldados. Un agrimensor, o algo parecido. —Ryker apretó la mandíbula—. Está calculando cuánto vale, Ashton. Igual que nosotros.
Ashton guardó silencio un largo momento.
—Entonces tenemos menos tiempo del que creía —dijo al fin—. Para todo.
—¿Qué le dirás a Margot?
La pregunta vino de Sorren.
—Exactamente lo que cualquiera de nosotros le dice cuando se va. No necesita saber dónde estamos. No somos niños para que nos vigile. Por eso tenemos el lugar de Tam.
En realidad, Sorren había sido el primero en proponer que buscaran un sitio lejos del Daisy, pero todavía en Mere's End, por si surgían problemas y Margot los necesitaba. Ahora recurrían a la cordelería cuando el Daisy se les hacía demasiado asfixiante; Ashton, más que los otros.
El lugar de Tam era lo único que tenían sin que Margot lo supiera. Podría descubrirlo fácilmente si los seguía o mandaba seguirlos, pero no llegaría al extremo de tratarlos como prisioneros. Al menos, Ryker y Sorren no lo creían.
Ashton creía que Margot haría casi cualquier cosa si ella, «sus muchachos» o las mujeres que trabajaban para ella se vieran amenazados.
—Se preguntará qué pasó con la viuda.
Ashton le lanzó a Ryker una mirada cortante. —Cassia —lo corrigió.
—Era lady Cassia cuando te fuiste —señaló Ryker. Luego se encogió de hombros para quitarle filo a la acusación—. Da igual. No soy tu guardián. Haz lo que quieras, siempre que no hayas perdido el juicio.
—Hasta dormido tengo más juicio que tú completamente despierto —replicó Ashton.
—Sí, y la mitad de tu encanto —dijo Ryker—. La mitad mala.
Sorren soltó una risotada contra el borde de su jarra.
—Se te ablandaron los sesos además del corazón —añadió Ryker, levantándose para servirse más en vez de esperar a la muchacha—. Una viuda, una cordelería y ni una noche de buen sueño en quince días. Margot te habrá sacado toda la verdad antes del verano.
—Primero tendrá que atraparme.
—Siempre lo consigue.