Despertarás en otra vida CAPÍTULO 58
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CAPÍTULO 58

PAULA

L legamos a la casa de Cadaqués a las once de la noche. Manu, que apenas ha hablado durante el viaje desde Oturia, sube directamente al piso de arriba y se encierra en su habitación, como si, efectivamente, en lugar de once años solo hubieran pasado unas horas.

​ —Déjalo —le digo a Gael cuando veo que tiene la intención de seguir a Manu, y es que ambos sabemos lo rarito que es—. Ya bajará. Voy a preparar unos sándwiches para cenar. Algo sencillo, es tarde y yo no tengo mucha hambre, pero Pol sí…

​ —El tío es un poco raro, ¿no? —interviene Pol.

​ —Es que está cansado —disimulo—. Ha sido un viaje muy largo.

​ —No tanto —rebate Pol, sin entender el doble sentido de mis palabras, antes de encender la tele y apoltronarse en el sofá.

​ —Tú descansa, yo me encargo de preparar algo para cenar —se ofrece Gael, y yo se lo agradezco, pues llevo horas deseando abrir el sobre que Toni dejó para mí antes de largarse de Oturia. No puedo esperar más.

​ —Gracias. Salgo al jardín a… ya sabes.

​ —¿Me dejarás leer lo que Toni escribió? —pregunta Gael, que también tiene mucha curiosidad por el contenido del sobre.

​ —Depende.

​ —Oye, Paula… Me siento un poco…

​ —¿Incómodo? Ya… Yo también.

​ —Es que… ya sabes lo que hice —dice Gael en un susurro—. Mandé a matar a tu hermano… y ahora está aquí, tiene… solo tiene veintidós años y... Joder.

​ —No hiciste nada, Gael. Eso no ocurrió.

​ —No aquí , ya, pero yo sí lo recuerdo. Recuerdo que lo hice. Que pasó.

​ —Te entiendo, y ya sabes por qué, pero intenta no darle vueltas a ese asunto, ¿vale? Bueno, voy a leer esto…

​ —Sí, sí, ve.

​ Cruzo el salón, donde Pol está viendo Stranger Things . ¿Qué le ha dado a todo el mundo con esta serie?

​ —¿Esa serie es adecuada para tu edad? —me preocupo, al ver a unos murciélagos gigantes y monstruosos atacando a un chaval, que está tendido en el suelo luchando por su vida e intentando desprenderse de lo que sea que le está aprisionando el cuello, dejándolo sin aire.

​ Pol no despega los ojos de la pantalla ni se digna a responderme. En lugar de eso, resopla con ese punto de hartazgo adolescente y trasgresor que me va preparando para lo que está a la vuelta de la esquina.

​ Salgo al jardín y me acomodo en una de las sillas de mimbre que hay en el porche, no sin antes sentir un leve escalofrío al recordar que lo que queda de Nicola se encuentra a escasos metros de mí, pudriéndose en el fondo del pozo tapiado.

​ Abro el sobre. La letra de Toni es clara y bonita, cada palabra está escrita con esmero, como si se hubiera esforzado para que no tuviera problemas a la hora de entender su mensaje.

​ Hola, Paula:

​ No sé si algún día regresarás a Oturia ni si Fina se acordará de darte esta carta. En cualquier caso, si la estás leyendo, objetivo cumplido.

​ Hace poco descubrí a David Deutsch, no sé si te suena.

Es un físico teórico de la Universidad de Oxford, miembro de la Royal Society y uno de los padres de la computación cuántica, que funciona porque utiliza múltiples universos al mismo tiempo.

Deutsch afirma que existen infinitas versiones de nuestra vida, pero que solo vivimos una.

Eso explica por qué, tras el salto de realidad que nos provocó la bruja, solo recordamos una vida, aun saltando a otro de nuestros mundos alternativos en los que nuestra conciencia permanece.

Eso no se debe a porque las otras realidades no existan, sino porque no todos podemos acceder a realidades mejores.

Deutsch asegura que no hay un solo universo, sino que hay muchos, y todos reales y coexistiendo.

​ Según la mecánica cuántica, cada vez que ocurre una posibilidad, la realidad no elige, se divide, y cada opción continúa existiendo en un universo distinto, no como metáfora o creencia, sino como consecuencia matemática.

​ Fascinante, ¿verdad?

​ Eso significa que existen versiones de nosotros mismos que se atrevieron o que no se conformaron, están las versiones que dudaron y las que no se quedaron esperando, o incluso las que se quedaron atrapadas.

Pero Deutsch dice que no todas las versiones son accesibles.

No porque no existan, sino porque nuestra conciencia no se mueve al azar.

El ser humano solo habita la realidad que es coherente con su forma de decidir, es decir, con su identidad.

Saltamos a realidades afines, no especialmente deseadas.

Colapsamos una línea de realidad y nos quedamos en ella, aunque perdamos mucho por el camino.

No vivimos la mejor versión posible, sino la que se nos permite según nuestra identidad.

​ Viniendo de un físico tan importante como David Deutsch, el tema que nos concierne no es una chaladura ni una fantasía, es ciencia, es real, no tan inverosímil, que nos ha pasado a ti y a mí, pero que, seguramente, hay muchas otras personas con experiencias similares que un día, sin saber cómo ni por qué y sin que la mano de la bruja de Oturia tenga nada que ver, han despertado en un mundo ligeramente distinto al que conocían.

​ Esta era la parte fácil de esta carta, Paula. Lo que a continuación voy a dejar por escrito, te va a impactar. Eso creo. Si no quieres saberlo, detente aquí. Guarda esta carta, rómpela en pedazos, quémala, hazla desaparecer.

​ ¿Vas a seguir leyendo?

​ ¿Sí?

​ ¿Estás segura?

​ Después no digas que no te lo advertí.

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​ Bien, adelante. Me imaginaba que seguirías leyendo. Pero, antes de nada, una cosa: perdóname, por favor.

​ Cuando te vi en el bar de Fina, tan convencida de que ella te conocía pero no era así, supe al instante lo que te había pasado.

Tú también habías saltado. Estabas en un mundo alternativo al tuyo en el que Fina no sabía quién eras.

Pero yo sí te conocía. Yo sabía quién eras y cómo te llamabas, porque en mi anterior realidad te maté.

O, mejor dicho, fui el causante de la muerte de una de tus versiones de una realidad que no has conocido ni recuerdas pero que se trata de mi mundo raíz.

Del único mundo que yo recuerdo y en el que tuviste la mala suerte de cruzarte en mi camino en el peor momento.

​ ¿Recuerdas que te dije que en mi mundo raíz, en la realidad que había abandonado, era un kamikaze que mató a su novia y a la pareja que iba en otro coche por tomar la nefasta decisión de conducir borracho?

​ Gael y tú erais la pareja que iba en el coche contra el que me estrellé por mi borrachera y mi conducción temeraria. Os maté en el acto.

​ Y es curioso que, años más tarde, tuviera la oportunidad de ayudaros a ambos o, al menos, explicaros lo mejor que sabía qué era lo que os había pasado en el bosque, para que pudierais seguir adelante sin tanto agobio.

​ Sí, Paula, la vida es extraña, y está repleta de causalidades.

​ Y ya. Eso es todo. Poco más te puedo contar.

En al menos dos realidades estás muerta y en una de ellas yo fui el causante, pero me consuela saber que aquí, en este mundo que compartimos, estás viva, y espero que Gael te haya ido a buscar y volváis a estar juntos.

Ey, final feliz , ¿no? Tenéis una nueva oportunidad, la de convertiros en las mejores versiones de vosotros mismos.

¿No debería ser así siempre, saltemos o no de línea temporal, creamos o no en el multiverso?

​ Que tengáis suerte. Y felicidad. Es lo único que deseo para vosotros, Paula.

​ Recuerdo con claridad la última vez que te vi.

​ Yo te dije:

​ —Si el destino quiere, nos volveremos a encontrar.

​ Y tú, muy sabia, respondiste:

​ —¿Y en qué realidad alternativa nos volveremos a encontrar, Toni?

​ Creo que una parte de mí sabía que tenía algo importante que hacer en Oturia y, ahora que siento que ya he cumplido mi misión, decido cambiar de rumbo.

No sé adónde me llevará la vida, Paula, ni qué sorpresas me depara el destino o si volveremos a coincidir, espero que con mejor suerte, en esta realidad o en otra, pero es un misterio que merece la pena descubrir sobre la marcha, ¿no crees?

Con afecto,

Toni

​ He perdido la noción del tiempo. No sé cuánto rato ha pasado desde que he acabado de leer la carta, debido a lo mucho que me ha impactado la revelación de Toni sobre que la pareja contra la que se estrelló con el coche en su mundo raíz éramos otras versiones de Gael y yo, pero ha debido de ser bastante.

Cuando entro en casa, Gael y Pol están acabando de cenar sentados en el sofá, absortos en Stranger Things .

​ —¿En serio, Gael? ¿Tú también has caído?

​ —Está genial. Oye, han sobrado un par de sándwiches para Manu y para ti. Por cierto, ¿qué se cuenta Toni? ¿Me dejarás leer la carta?

​ —No lo sé. Puede. Algún día.

​ Todavía aturdida por la carta y triste al saber que hubo otra versión de mí que no sobrevivió, pero decidida a no darle demasiadas vueltas, me quedo unos segundos con la mirada fija en el televisor, hasta que despierto del estupor y les digo que voy arriba a darme una ducha y a dormir.

Demasiadas emociones en tan pocas horas.

​ —Ahora subo —me dice Gael, pero vaticino que van a ver, como mínimo, un par de capítulos más, y se irán a dormir tarde. Da igual. No hay prisa. Estamos de vacaciones.