CAPÍTULO 56
GAEL
L a muerte de Sofía hace un mes debido a un cáncer agresivo que se la llevó en cuestión de semanas, no afectó tanto a Paula como la llamada que acaba de recibir.
Tras el funeral de Sofía a principios de julio que a mí me pareció experimentar por segunda vez, pues he visto a Sofía morir en dos ocasiones aunque de distinta forma, vinimos a pasar el verano en la casa de Cadaqués.
Nuestra vida ahora está en Barcelona, en un bonito piso en el barrio de Gracia, a dos calles de la cafetería que empezamos a regentar en febrero, antes del diagnóstico de Sofía, quien, hasta ese momento, parecía indestructible.
Veo a Paula ausente, acariciándose la cicatriz con nerviosismo, como si quisiera arrancarse la piel. Pol, que es quien más ha padecido la muerte de su abuela, está arriba, en su habitación, sin tener ni idea de que está a punto de conocer a su tío.
—Está… ha vuelto a… ¿Pero cómo es posible? —balbucea Paula, nerviosa, y es que el hecho de que Manu haya regresado no es una buena noticia. No para ella, que desde que saltó a esta realidad aseguró estar mejor sin él.
—Paula, si salimos ahora podemos llegar a Oturia a las seis.
—Ella me lo dijo.
—¿Qué?
—Que fue lo último que me dijo mi madre.
Que Manu volvería. Lloraba. Si la hubieras visto…
Por una vez, volvió a parecerme la madre que conocí y perdí en…
ya sabes, en la otra realidad. En esa realidad donde estamos todos muertos…
—Paula y yo hablamos de realidades alternativas como quien habla del tiempo, como si fuera lo más normal del mundo—.
Ella… mi madre… no podía parar de llorar porque sabía que no estaría aquí para volver a ver a Manu, y que ese era su castigo por todo el mal que había causado aquí… aquí.
Sé que el aquí tiene mucho significado para Paula. También lo tiene para mí.
Y es que Sofía, en su lecho de muerte, reconoció haber matado a sangre fría a Nicola.
«—Para protegernos a todos. Para protegerte a ti, Paula. Él era el mal y no lo veías, era el mal y no te lo advertí, al contrario… te arrastré al infierno. ¿Y para qué? Por las malditas apariencias. Por el maldito dinero. ¿De qué me sirve todo eso ahora, si me voy a morir?».
Supongo que ser plenamente conscientes de nuestra fragilidad cuando estamos a las puertas de la muerte, nos hace abrir los ojos.
Sofía nos contó lo que hizo. Y cómo lo hizo mientras nosotros estábamos en Carcassonne, ignorando que, en el campo de fútbol, era con ella con quien Nicola hablaba por teléfono y a quien amenazó con aquella sentencia que, de vez en cuando, resuena en mis oídos como si aún pudiera hacerse realidad: «Pase lo que pase, tanto si firma como si no, Paula está muerta».
«—En el pozo, está en el pozo —balbuceó Sofía sin fuerzas, convencida de que la mafia de la que el chef italiano provenía ataría cabos y vendría a por nosotros».
Pero Nicola lleva ocho meses muerto y nadie ha preguntado por él.
No parece que tengamos a la mafia encima como en una intriga de Al Capone.
Si el italiano tenía amigos en Cadaqués, algo que ignoramos, habrán pensado que ha regresado a su Sicilia natal o a cualquier otro rincón de Italia.
Al final, que Casa Costa ardiera, también nos benefició para que nadie sospechara sobre la repentina desaparición del chef estrella.
Después de matarlo, Sofía escondió la moto de Nicola en el garaje, pese al riesgo que suponía.
Podía venir la policía, hacer preguntas, encontrar la moto…
Pero nadie ha llamado a la puerta. A nadie le ha interesado que Nicola se esfumara, ni siquiera a su familia, con la que no se hablaba desde hacía años.
Además, tuvimos un golpe de suerte al ver que, en el último vídeo que publicó en Instagram y en TikTok, destinado a sus miles de seguidores, se despedía de las redes porque «necesitaba un descanso».
El descanso, solo nosotros lo sabemos, va para largo. Para toda la eternidad.
A veces me da por pensar en esta vida extraña, como la llama Paula, en la que Nicola está muerto aquí , en esta realidad, claramente lo está, su cadáver sigue pudriéndose dentro del pozo tapiado del jardín, mientras en el mundo alternativo en el que Paula y yo morimos en el bosque de Oturia, nunca nos topamos con él, por lo que sigue vivo, desconociendo nuestra anterior existencia, y con su fama como chef en redes sociales.
El golpe para Paula vino cuando la teoría de Valeria se hizo realidad.
Sofía reconoció haber matado a Joaquín, y, al confesarlo, pareció sentirse más ligera.
Saber que su madre había matado a su padre en esta realidad, destrozó a Paula, aun sabiendo mejor que nadie que el odio hacia una persona, por muy cercana que sea, puede hacernos cometer locuras, sacar lo peor de nosotros mismos, permitir que el demonio que todos llevamos dentro emerja, cometiendo un acto cruel que pesa toda la vida.