Despertarás en otra vida CAPÍTULO 46
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CAPÍTULO 46

GAEL

D espués de un abrazo que ha durado una eternidad, Paula y yo hemos subido al piso de arriba y nos hemos encerrado en su habitación.

​ ¿Podemos perdonárselo todo al amor de nuestra vida?

​ ¿Todo, absolutamente todo, incluso si descubrimos que ha matado a alguien y se ha pasado diez años guardando un secreto tan terrible?

​ Después de besarnos como si hiciera años que hubiéramos estado esperando este reencuentro, le cuento todo lo que ocurrió durante el mes que estuve en nuestra otra realidad sin ella, y también lo que pensaba evitar: que encargué el asesinato de Manu en prisión.

Por eso la bruja también me eligió, haciéndome saltar a este mundo alternativo y demostrándome un poco de compasión al volver a encontrarme con ella, algo que Manu predijo, diciéndome que volviera al bosque, que volvería a verla.

​ Respecto a por qué encargué su asesinato, he intentado expresarme lo mejor que he sabido, con la verdad por delante porque no quiero que haya más secretos entre nosotros, por muy turbios que sean:

​ —No podía arriesgarme a que revelara tu secreto como me lo reveló a mí. Que mataste a Valeria con una violencia desmedida. Que sus restos están… estaban en el pozo.

​ —El pozo… —murmura ella, con los ojos anegados en lágrimas.

No ha parado de llorar desde que le he dicho que, tras su muerte, su padre se suicidó, curiosamente el 12 de noviembre, misma fecha que en esta línea temporal, aunque con diez años de diferencia—.

¿Qué habrá sido del mundo que abandonamos, Gael?

El mundo en el que, para todos, estamos muertos y la casa…

esta misma casa, está abandonada. Puede que encuentren los restos de Valeria. Que descubran lo que hice…

​ —¿Qué importa? Ya no importa, Paula, no pertenecemos a ese mundo y no volveremos a saber nada de él, aunque imagino que nadie podría sospechar de ti.

Seguramente, si descubren los restos de Valeria en el pozo, piensen que fue Manu.

Por lo que hizo cuatro años después. El caso es que ahora estamos aquí , en esta realidad del todo distinta, y es lo único que cuenta.

Y que volvemos a estar juntos y tenemos una nueva oportunidad.

¿Me perdonas por lo que hice? —le pregunto, con miedo a su respuesta.

​ Paula se encoge de hombros.

​ —Técnicamente, no ha pasado. No aquí , donde Manu lleva diez años en paradero desconocido y, sinceramente, es un alivio.

Fue un alivio desde el principio. Aunque mi madre tenga que vivir el resto de su vida preguntándose dónde está, nunca mató a esas tres chicas.

Es duro decirlo, pero… estamos mejor sin él. Y tú… ¿me perdonas?

​ —¿Yo? ¿Por qué? —me sorprendo.

​ —Por haberte ocultado durante diez años que maté a Valeria.

Te juro que odiaba guardarme para mí un secreto tan grande, no poder compartirlo contigo…

Supongo que ahora me ves como un monstruo, que es lo que soy, Gael, no soy una buena persona…

Pero perdí los papeles y… primero la pillé con mi padre.

Al día siguiente, en la playa, en lugar de pedirme perdón, me vaciló.

Y la noche en que la maté, me la encontré en la habitación de Manu empujándolo, tratándolo mal, pegándolo e insultándolo, y yo… estallé.

​ —Eso no… —dudo—. Eso no pasó.

​ —No aquí —repite—. Pero para mí sí pasó, sigo regresando a ese momento una y otra vez... Aunque Valeria esté viva, sigo sintiendo que la maté hace diez años, como tú sigues sintiendo que encargaste el asesinato de Manu en prisión. Y eso nos hace sentir mal con nosotros mismos.

​ —Ya…

​ —Gael, si estamos aquí, en este mundo alternativo donde tomamos otras decisiones o hubo otras situaciones que cambiaron nuestro rumbo, es porque no somos unas buenas personas.

Hay que aceptarlo. No lo somos ni aquí , ni en el mundo que dejamos, y tampoco lo son todas las versiones de nosotros mismos que haya pululando en el multiverso con sus propias historias.

​ —La vida aquí es distinta, sí. Aquí no fuiste tú quien descubrió a tu padre con Valeria.

—Paula me mira interrogante. ¿No lo sabe?

—. Aquí fue tu madre quien los pilló. Valeria me dijo que Sofía la amenazó, por eso ese verano nos escapamos unos días a Oturia en lugar de quedarnos en Cadaqués.

Valeria quería que las aguas se calmaran y…

​ —Sí, sé que aquí fue mi madre quien los pilló. Y se puso hecha una furia al recordarlo. Nunca la había visto así… con tanta rabia acumulada.

​ —Por lo poco que he podido ver, tu madre no es la misma en esta realidad.

​ —Aquí no tuvo cáncer de pecho —me cuenta—. Se desvive por Pol. Su nieto es toda su vida, está dedicada por completo a él… Y me dijo algo que me inquietó: que la muerte de mi padre la liberó.

​ —No debería decírtelo, pero Valeria insinuó que, detrás del aparente suicidio de tu padre, podía estar la mano de tu madre.

​ —No… no puede ser —niega Paula con contundencia—.

Mi madre no podría… no es… no es como yo.

Además, mi madre me dijo que nunca deberíamos haber ido a Oturia, por lo que entiendo que sienta cierta inquina hacia Valeria, no solo por haberse acostado con mi padre, en esta realidad y en la anterior en la que posiblemente no se enteró, sino por la desaparición de Manu.

Es posible que mi madre, internamente, haya culpado a Valeria de todas sus desgracias. Pero de Valeria no me creo nada, Gael.

​ —Pues si en esta realidad fuimos a Oturia, fue porque tu madre amenazó a Valeria —recalco, callándome que de veras parecía que Valeria había querido a Joaquín y que yo solo fui un reemplazo como Valeria lo fue para mí tras el rechazo de Paula—.

En fin… todo esto me lo ha contado Valeria antes de romper conmigo.

​ —¿Que Valeria ha roto contigo? O sea que… ¿no has sido tú?

​ Parece decepcionada al saber que no he sido yo quien ha roto la relación.

​ —A ver… fue complicado… estaba esperando un bebé del otro Gael, que, por lo que he podido ver en WhatsApp, le era infiel con varias mujeres y bebía mucho… Ah, y fumaba. Y ya sabes que yo detesto el tabaco.

​ —Vaya.

​ —Sí. Seguro que tengo los pulmones hechos mierda.

Y no quiero pensar en cómo tengo el hígado.

Cortesía de mi versión de esta línea temporal.

Total, que me he quedado en París más tiempo del que habría querido por el tema del bebé que esperaba Valeria, además de los días que estuvimos atrapados en Oturia por una fuerte nevada, que fue cuando recibí tu wasap y después me bloqueaste.

.. Me sabía mal dejar a Valeria en un momento tan delicado para ella, aunque siempre me estaba echando bronca por todo.

​ —Típico de Valeria —sonríe con nostalgia.

​ —Conservaremos las seis cafeterías de París…

​ —Dos más que nosotros —me recuerda con tristeza. Y es que las cafeterías que regentábamos en nuestra otra realidad lo eran todo para Paula.

​ —Sí, dos más. Pero por lo demás… ya no estoy atado a ella de una manera íntima. Soy libre. Y podemos volver a estar juntos.

​ —Es todo tan raro, Gael… el pasado de esta realidad, tan distinto al que recordamos, es un vacío. Me da la sensación de que aún nos quedan mil cosas por descubrir, aunque intentemos vivir el presente y no enloquecer haciéndonos tantas preguntas, como me recomendó Toni.

​ —Toni, el San Pedro de Oturia.

​ —¿Así lo llamas? Toni, el San Pedro de Oturia —repite reflexiva—. Tiene sentido. Me gustaría contarle qué tal ha ido todo. Hablarle de este encuentro… Toni me ayudó mucho a comprender lo que me había pasado. Imagínate el shock, Gael. Ver a Valeria viva… y contigo…

​ —Puedo imaginármelo.

​ —Y cuando descubrí la cicatriz de mi cara…

​ —Yo te veo tan guapa como siempre —le digo, levantando la mano con la intención de acariciarle la mejilla donde tiene la cicatriz que le provocó la versión de Sami de esta línea temporal, pero ella se aparta y se pone tensa.

​ —Pol… mi hijo… ¿sabes quién es el padre?

—Yo asiento y todo el rostro de Paula se ensombrece al preguntar—: ¿Sabes lo que pasó la noche del 12 de agosto de hace diez años aquí , en esta realidad, cuando fuimos a Oturia, sin saber que Valeria estaba huyendo de mi madre por el lío que había tenido con mi padre?

—Vuelvo a asentir con un dolor punzante en el pecho, porque sé que mi versión de este mundo nunca pudo perdonarse lo que le pasó a Paula, mientras ella se levanta de la cama.

Se pone en cuclillas frente a la pared, y desencaja un trozo de zócalo, de donde saca un cuaderno—.

Todo está en este diario escrito por la versión de mí que vivió ese infierno.

Lo que me sorprende es que Sami fuera tan distinto aquí a como lo conocimos en nuestra anterior realidad, aunque supongo que la droga que tomó ese día influyó en lo que me hizo.

Por lo visto, tu versión de esta realidad siempre se sintió culpable.

​ —Lo sé.

​ —Y lo rechacé. Lo rechacé porque no podía con tanto dolor y ¿sabes qué hizo? Irse con Valeria. En lugar de luchar, él…

​ —… se rindió y fue a lo fácil —termino por ella, sin llegar a comprender la decisión que tomó el Gael de este mundo que, en cierto modo, también soy yo. Por eso, sueno convincente cuando añado—: Y tengo la seguridad de que se arrepintió de esa decisión durante toda su vida, Paula.

​ «Una vida que ahora yo he suplantado y voy a reconducir», me callo.