Despertarás en otra vida CAPÍTULO 45
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CAPÍTULO 45

PAULA

C uando Pol y yo llegamos a casa y veo a Gael sentado en el sofá del salón, casi se me para el corazón.

​ No he sufrido una alucinación en el campo de fútbol. Gael estaba allí. Ha estado allí de verdad, era real. ¿Pero por qué no se ha acercado a saludarme? ¿Por qué no lo he visto al salir?

​ Dejo la bolsa de deporte de Pol en el suelo del vestíbulo.

​ Me tiemblan las manos.

​ —¿Cómo ha ido el partido? —se apresura a preguntar mi madre, antes de que a Pol le dé por mirar mal a Gael, que se acaba de levantar para recibirnos—.

Pol, te presento a Gael. Es un amigo de tu madre de hace años, de cuando eran jóvenes.

Que aún son muy jóvenes, eh —añade con humor—.

Pero ya sabes, de más jóvenes —se ríe, barriendo el aire con la mano.

​ Pol, al contrario de lo que pensaba debido a las malas caras que le ha puesto a Nicola cada vez que lo ha visto, le sonríe a Gael y extiende el brazo para estrecharle la mano.

El problema, acabo de deducir, no es que vengan a casa «amigos de mamá», el problema era Nicola.

Pol se muestra simpático y extrovertido con Gael al preguntarle:

​ —¿Mi madre siempre ha sido tan guay?

​ «Vale. ¿Pol acaba de decir guay ? Está bien que piense que soy guay ».

​ En otras circunstancias, se me habría escapado la risa. Pero ahora estoy nerviosa. Nerviosa y muy confusa. ¿Qué hace Gael aquí? ¿Y Valeria?

​ Gael, un poco cortado, me mira y me sonríe.

Se ha afeitado. Está tal y como lo recuerdo de mi anterior realidad.

Yo apenas puedo moverme. Dirige una mirada rápida a la cicatriz de mi cara que yo, como por instinto, trato de ocultar con el cabello.

Hoy no he tenido tiempo de ponerme mil capas de base de maquillaje para hacerla casi desaparecer como hago cuando voy a trabajar al restaurante, donde tengo que estar presentable para recibir a los clientes.

Sin embargo, Gael no me mira con disgusto como me miró en Oturia, sino con algo que se le acerca al cariño…

al amor. Es como si volviéramos a ser… nosotros.

Los de siempre. Los de antes. Es una sensación extraña, aunque «extraña» es la palabra que define mi vida desde que morí en mi anterior realidad y salté a esta.

Un cosquilleo me recorre todo el cuerpo y los nervios se disipan un poco al mirar a Gael a los ojos.

Es como si en ellos estuviera mi hogar. El de verdad.

O puede que solo sea una ilusión, como lo fue Nicola al principio de esta vida, por las ganas que tenía de superar las dolorosas horas en Oturia hace poco más de un mes, y hoy me haya visto obligada a cerrar el restaurante y a pedirle a la encargada que anule todas las reservas que había.

​ —Tu madre siempre ha sido muy guay, Pol —contesta Gael sin dejar de mirarme con fascinación, y yo trato de decir algo, lo que sea, pero solo me sale un distante:

​ —¿Qué haces aquí?

​ —Bueno —interviene mi madre—. Pol, vamos arriba, que tienes que darte una ducha y Gael y tu madre querrán hablar a solas.

​ Pol, chico listo, capta la directa. Le guiña un ojo a Gael y, sin protestar ni poner malas caras, sube con mi madre al piso de arriba a darse una ducha. Normalmente no es tan obediente, pero Gael, por motivos que desconozco, le ha caído bien.

​ Al fin, Gael y yo nos quedamos a solas. Soy yo la que rompe el silencio:

​ —Te mandé un wasap. Te dije que lo mejor era que no volviéramos a hablar… —Me callo que esto fue después de descubrir el diario y saber lo que hicimos, lo que ocurrió en esta realidad—. Te bloqueé.

​ —Y por eso he tenido que venir, porque tenemos que hablar. Paula, es increíble volver a verte porque… soy yo.

​ —¿Qué?

​ —Sé lo del bosque de Oturia, lo de la leyenda de la bruja que ha resultado ser cierta… porque yo… yo también salté, Paula. Soy yo —repite con la voz entrecortada.

​ Me quedo bloqueada. Sé lo que está tratándome de decir, algo tan extraño que, aun teniendo la seguridad de que le voy a creer porque vengo del mismo lugar que él, no sabe ni cómo poner en orden las palabras.

Pero no le veo sentido. ¿Por qué le ha pasado también a él?

¿Qué hizo Gael para que la bruja lo eligiera?

Yo maté a Valeria. ¿Y él? ¿Qué mal provocó Gael para morir en nuestra anterior realidad y saltar a esta, precisamente a esta, que también es el lugar donde yo he acabado y lo recuerdo y lo sigo queriendo?

​ —Paula… soy yo —insiste—. El que vivía contigo en París.

Pero moriste en el bosque sin llegar a decirme que estabas embarazada.

¿Habría cambiado algo? No lo sé. Tú… tú moriste y todo se fue a la mierda.

No me perdoné haberte dejado salir sola.

O debería haberte hecho caso y no ir a Oturia, ya no, porque, ¿qué sentido tenía seguir yendo en honor a Valeria, diez años después de su desaparición?

​ —Eres tú… —murmuro, mirándolo fijamente a los ojos.

​ Soy incapaz de contener por más tiempo las ganas que tengo de abrazarlo, dejando para después o quizá para nunca, la pregunta que me está empezando a inquietar: ¿Qué horrible pecado cometió Gael para que la bruja de Oturia también lo eligiera, matándolo en nuestra anterior realidad y haciéndolo saltar a esta?