Despertarás en otra vida CAPÍTULO 39
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CAPÍTULO 39

GAEL

A l fin podemos largarnos de Oturia, pero Cadaqués va a tener que esperar un poco más.

Valeria no me está poniendo las cosas fáciles.

Me grita a todas horas, me repite una y otra vez lo inútil y lo cabrón que soy, como si me odiara o fuera lo peor que le ha pasado en la vida.

Y, bueno, sí, debo de ser un cabrón, en eso tiene razón, porque, durante estos días, cuando he conseguido un poco de cobertura, he recibido tres wasaps escritos en francés de tres mujeres distintas con las que, por lo visto, tengo una aventura.

​ Regresamos a París.

​ No sé dónde vivimos ni tampoco dónde están ubicadas las seis cafeterías que Valeria y yo regentamos.

¿Cuatro de ellas son las mismas que tenía con Paula?

El lunes a primera hora tenemos una cita en ginecología.

Pero yo no tengo ilusión alguna por escuchar el latido de un bebé que no recuerdo haber fecundado.

Mi plan es dejar a Valeria en París y desaparecer.

¿Pero cómo voy a hacer algo así con un bebé en camino?

​ Joder. Joder. Joder.

​ Lo de que Sami, Samuel en esta línea temporal, está enterrado en el jardín de la casa rural de los padres de Valeria, me sobrepasó.

Desconozco qué hizo para acabar bajo tierra, ni siquiera sé quién lo mató.

Nadie buscó a Sami. Nadie denunció su desaparición.

Y es que, en la realidad de la que yo provengo, Sami no tenía a nadie.

Su única familia era Carlota. Su padre falleció hace años, meses antes de que él fuera a trabajar a Cadaqués, y su madre los abandonó cuando era un crío.

Si su pasado era el mismo en esta línea temporal en la que sigo sin saber qué hacíamos en Oturia el verano de 2014 en lugar de estar en Cadaqués como mi memoria se empeña en recordar, no me extraña que nadie se interesara por su desaparición.

Es como si Sami o Samuel jamás hubiera existido en esta realidad.

​ Busqué información sobre Manu. Transcurridos diez años, la noticia de su desaparición ha sido relegada a un plano casi invisible, pero algo he encontrado:

Otro joven desaparecido en las profundidades del misterioso bosque de Oturia del que circulan tantas leyendas, especialmente en estos últimos tiempos a través de redes sociales. M. C. T., de veintidós años y natural de Cadaqués, desapareció durante noche del 12 de agosto de 2014 sin dejar rastro.

​ Respecto a Joaquín y Sofía y al restaurante Casa Costa, también he conseguido recabar algo de información, lo poco que la pésima cobertura en Oturia me ha permitido: Joaquín falleció el 12 de agosto de 2014.

Diez años antes que en mi otra realidad.

Diez años exactos. ¿Casualidad? ¿Destino?

Desconozco qué le ocurrió. Encontré su esquela y una sentida nota en el periódico de Gerona, en la que, además, informaron que su su viuda, Sofía Torregrosa, y su hija, Paula Costa, tomarían las riendas del popular restaurante Casa Costa de Cadaqués.

No sé si fue muerte natural o suicidio, no lo especifica en ninguna parte, pero en mi memoria la muerte de Joaquín ocurrió hace escasas tres semanas y fue espantosa, sobre todo para Sofía, que fue quien descubrió su cadáver.

​ Casa Costa, en esta realidad, tiene mucho éxito.

No solo funciona en temporada alta, sino durante todo el año, y cuesta mucho reservar mesa.

Su propietaria en esta línea temporal es Paula, pero es Nicola Galli, un reputado chef italiano, quien se lleva todos los méritos.

Tiene un montón de seguidores en sus redes sociales, donde no solo presume de su talento culinario, sino también de encanto, sonrisa perfecta y de músculos, que de eso va incluso más sobrado…

​ Si es cierto que Paula también despertó en esta línea temporal y la Paula que es propietaria de Casa Costa sigue siendo mi Paula , lo habrá visto todo tan cambiado que habrá entrado en shock . Por lo tanto, me necesita. Yo sé que me necesita. Y esta vez no le voy a fallar.