CAPÍTULO 35
GAEL
L levo cuatro días atrapado en Oturia con Valeria, sin apenas cobertura ni para enviarle un wasap a Paula, sintiéndome el hombre más desgraciado del mundo.
Dicen que este año la nevada se ha adelantado, que las carreteras están cortadas y que por aquí tarda en pasar la quitanieves, así que nos tenemos que apañar como podemos.
Hay que joderse.
Tengo que salir de esta casa a la que he venido durante siete años para homenajear a una muerta que resulta que aquí no está muerta, o me voy a volver loco, más de lo que creo que estoy.
Por suerte, tenemos comida para pasar unos cuantos días más, y eso que Valeria tiene hambre a todas horas debido al embarazo que no puedo ignorar.
Esta línea temporal no me gusta. No soporto a Valeria, no entiendo qué hago con ella, y no me extraña que mi versión de esta realidad beba más de la cuenta.
Las veces que he intentado sonsacarle algo sobre cómo empezó lo nuestro en esta realidad en la que no me entra en la cabeza que no esté con Paula, Valeria se ha ido por las ramas y no me ha aclarado nada.
Nos pasamos el día discutiendo. Bueno, ella discute conmigo y yo callo y me armo de paciencia, porque no sé a cuento de qué me tiene tanta inquina.
Por lo visto, le he sido infiel alguna vez y no se fía de mí.
Tampoco puedo hacer como que no sé o preguntar más de la cuenta sobre sucesos que en un principio he vivido; me mandaría a un psiquiátrico.
Afortunadamente, el frío que se había instalado en mi cuerpo como un inquilino molesto, ha desaparecido.
Y el dolor de cabeza, cuatro días después, ha remitido un poco. Apenas necesito medicarme.
Aprovecho que no sé dónde se ha metido Valeria para escabullirme y dar un paseo hasta el centro del pueblo, pese a lo fatigoso que resulta caminar con la nieve llegándote hasta las pantorrillas.
Quiero ir al bar de Fina o a la plaza, a ver si con un poco de suerte veo a Toni, que es algo así como el San Pedro de Oturia que recibe a las almas perdidas o castigadas por la bruja del bosque, que viene a ser lo mismo, allanándote el camino con sus retorcidas explicaciones.
Lástima que no tenga respuestas para todo.
Cualquiera que me oiga…
Todo es tan surrealista e increíble, que todavía tengo que pellizcarme para asumir que lo que ha ocurrido es real. Digno de una novela de ciencia ficción o de fantasía, pero tan real como el cielo plomizo con el que hemos amanecido hoy.
Al salir por la puerta de casa y enfrentarme al viento y a los incesantes copos de nieve, que me entran en los ojos como balas, mi móvil guardado en el bolsillo del abrigo cobra vida y emite un pitido.
Por fin. Ha pillado algo de cobertura, después de horas «Sin servicio».
Casi se me sale el corazón del pecho al ver que Paula se ha dignado a contestar el wasap sin sentido que por lo visto le mandé cuando yo no era yo, sino el Gael de esta realidad.
Sigo ignorando el motivo por el que se sentía culpable y no podía perdonarse.
También podría haberle escrito yo pese a las idas y venidas de esta mala cobertura, pero ¿qué le habría dicho?
En mi cabeza lo he ido ensayando, pero no es algo que puedas escribir y enviar por wasap y quedarte tan ancho, no, es un tema que hay que hablar cara a cara:
«Me ha pasado lo mismo que a ti, Paula.
He muerto en nuestra otra realidad. No, no me mires así, sabes perfectamente de lo que te hablo.
Ahora, en la realidad que recordamos, ambos estamos muertos.
Lo recuerdas tan bien como yo; de hecho, es lo único que recordamos, ¿verdad?
Ese mundo en el que estábamos juntos, vivíamos felices en París, teníamos cuatro cafeterías.
.. Tenemos que vernos y volver a estar juntos, solo hay un problema.
Valeria está embarazada. Estoy atrapado en una vida que no es la mía, que siento que no he elegido yo, y sé, por Toni, a quien tú también conociste en Oturia, que te pasó lo mismo».
Eso me hace pensar que es posible que el Gael de este mundo, esté donde esté aunque tal y como me contó Toni seamos una misma conciencia, estará contento de haber escapado de aquí y que yo, de alguna forma, haya ocupado su lugar.
Me da la sensación de que no soportaba su vida.
Por eso bebía. Y fumaba un montón, seguro que tengo los pulmones hechos mierda y muero más joven de lo que podría haber muerto en el mundo que he dejado atrás.
He encontrado un par de cajetillas de tabaco que me he apresurado a tirar, no vaya a ser que, a estas alturas, me dé por engancharme.
Leo el wasap de Paula con el corazón en un puño:
PAULA
No fue culpa tuya.
Pero lo mejor será
que no me escribas más.
—¡¿Qué?! ¡No!
Me dispongo a escribirle, cuando, de repente, desaparece la foto del cartel de Casa Costa que Paula tenía en la foto de perfil de la aplicación de WhatsApp.
¿Me ha bloqueado? ¡¿Me acaba de bloquear?!
Marco su número pese a la mala cobertura, pero, directamente, salta el buzón de voz.
Pruebo a escribirle. Con un simple «Hola» bastará para comprobar si me ha bloqueado o no.
En la pantalla aparece una línea, una en lugar de dos, por lo que constato que Paula ha bloqueado a Gael .
Solo hay una forma de decirle que soy yo , aunque, a estas alturas, ya no sé ni quién soy, y que, al igual que ella, no tengo nada que ver con lo que sea que ocurriera en esta realidad: cuando pueda salir de aquí, tengo que ir a Cadaqués.
Avanzo un par de pasos en dirección a la salida, cuando me detengo en seco al ver a Valeria frente al sauce llorón sin hojas, con las ramas invisibles bajo la nieve.
Está próximo a la valla que encierra la propiedad.
Valeria está sentada de rodillas, sin que parezca sentir el frío de la nieve traspasando la tela de sus pantalones de algodón.
Extrañado, me acerco a ella por si se encuentra mal, sorprendido al ver que está llorando a lágrima viva.
—¿Qué pasa? —le pregunto, hecho un manojo de nervios por lo que pueda descubrir.
Valeria me mira ida, con los ojos anegados en lágrimas.
—Fue aquí, ¿verdad? No recuerdo el lugar exacto, pero juraría que fue aquí donde lo enterramos.
Todo mi cuerpo se tensa y el dolor de cabeza que pensaba que había desaparecido cuatro días después de mi salto a esta línea temporal, regresa con fuerza.
—¿De qué estás hablando, Valeria?
—De lo que hicimos hace diez años, Gael —contesta con exasperación.
Valeria me habla como si fuera evidente.
Claro, es que me lo dice como si yo lo supiera, y lo tendría que saber, pero no tengo ni idea de lo que me está hablando ni de lo que hicimos hace diez años.
Esta amnesia incomprensible para los pertenecientes al mundo alternativo en el que soy un novato, es el «castigo» de la bruja de Oturia a las almas corruptas como la mía y como la de Paula.
Y provoca una angustia terrible. Porque nos aferramos al pasado y a lo que perdimos, en lugar de mirar hacia delante.
Pero en mi caso, la cosa cambia. Mi pasado ya no me pertenece, y mis crueles actos han quedado impunes.
Nada de lo que hice en mi anterior realidad sucedió aquí .
Sin embargo, ahora descubro que aquí también se ha cometido un crimen, y se me ponen los pelos como escarpias al saber que, bajo la tierra cubierta de nieve que piso, hay un cadáver enterrado.
—Se lo dije a Paula. La invité a Oturia para asegurarme de que continuaría con el pico cerrado, que un secreto como este nos podría destrozar…
Prescribirá cuando pasen veinte años, pero solo han pasado diez, y no sabes lo mucho que me cuesta convencerles a mis padres de que no pongan la casa a la venta —continúa hablando Valeria—.
Ya me conoces. Supongo que Paula se asustó, que soné amenazante, altiva…
Aunque ella está muy rara, ¿no te parece?
No tiene nada que ver con la Paula que conocíamos.
.. Lo que pasó le dejó marca, se nota. Ya sabes que esto me ha perseguido toda la vida, y ahora con el embarazo estoy muy sensible, Gael.
.. Demasiado, a veces no me reconozco. ¿Te dijo algo?
Cuando os vi hablando, antes de que Paula se fuera… ¿Hablasteis de esto?
Joder, y yo qué sé de lo que «hablamos» si yo no era yo. Por toda respuesta, me encojo de hombros.
—Sé que se lo merecía, que lo que hizo fue…
joder, no me arrepiento de haberlo matado, pero a veces creo…
Fuimos malos. Fuimos violentos. Y perversos…
Tendríamos… tendríamos que haber tomado otra decisión, pero se me fue la cabeza…
Se me fue. Y lo más triste de todo es que han pasado diez años y nadie lo ha buscado, Gael… ¡Nadie! ¿Es que no tenía a nadie?
Creo que Valeria ha empezado a delirar y en su estado no es conveniente, me preocupa que se altere más de la cuenta y le pase algo.
A fin de cuentas, el bebé que espera es mío, y, aunque no recuerdo haberlo engendrado, porque desde que estoy aquí no he tocado a Valeria, seguiría siendo mío, ¿no?
Con las ganas que teníamos Paula y yo de formar una familia…
Vaya, espera, que me voy por las ramas.
Sigo sin saber de qué me está hablando Valeria, probablemente con la intención de desahogarse conmigo.
—Valeria, quién… ¿Quién está enterrado ahí? —le pregunto, temiéndole a la respuesta que vaya a darme.
Valeria me mira como si estuviera frente a un completo extraño que debería saber quién está enterrado bajo la tierra cubierta por cuarenta centímetros de nieve.
Algo así, como lo que parece estar recordando Valeria, no se olvida.
Pero sí, resulta que soy un extraño, un impostor que viene de otra vida y no tiene ni idea de lo que pasó en esta.
Sin embargo, necesito respuestas para saber a qué atenerme.