Despertarás en otra vida CAPÍTULO 31
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CAPÍTULO 31

GAEL

​ ¿A quién voy a encontrar en la casa?

​ ¿Quién me va a recibir?

​ Nada de lo que he vivido este último y catastrófico mes ha ocurrido aquí .

El suicidio de Joaquín. El hallazgo de las pinturas de Manu en el desván.

Enterarme de que Paula mató a Valeria a sangre fría, con una crueldad y violencia inimaginables.

El suicidio de Sofía, la carta, mi promesa incumplida.

Los restos de Valeria en el pozo, que volví a tapiar.

El asesinato de Manu en prisión que ordené, con la intención de que el terrible secreto de Paula siguiera a salvo y su nombre no se manchara.

Pero, si en ese mundo resulta que yo he muerto, ahora la casa no es de nadie…

y encontrarán a Valeria en el pozo. Tarde o temprano darán con sus restos, y ya no estaré ahí para impedirlo.

Aunque, con Manu muerto, supongo que sospecharán de él y no de Paula, y eso me tranquiliza un poco.

​ —Tienes que descubrir esta realidad por ti mismo —me ha dicho Toni, envuelto en una nube densa del humo de su cigarrillo—.

No voy a volver a preguntarte qué hiciste mal, qué decisión perversa tomaste para que la bruja de Oturia te haya identificado como alma corrupta y te eligiera cuando te adentraste en su zona del bosque, pero el castigo es aterrizar en otra realidad recordando solo la anterior. Es una especie de reinicio.

​ Sin embargo, me ha asegurado que Paula vive.

​ Vive aquí.

​ Y, si puedo volver a verla, la bruja no me ha castigado ni me ha lanzado un maleficio ni nada por el estilo. Lo que ha ocurrido es un milagro y no recordar haber muerto es un alivio, porque, según Toni, la muerte no existe ni el tiempo es lineal, sino circular y repetitivo.

​ Manu no me mintió.

​ Vuelve al bosque.

​ Volverás a verla.

​ «¿Cómo lo sabías, Manu? ¿Cómo es posible que te anticiparas a todo? ¿Por qué me lo dijiste, seguramente para echarme un cable, si tenías la seguridad de que yo era el responsable de tu inminente asesinato?».

​ Aquí, aunque aún no termine de creérmelo, tengo la posibilidad de volver a ver a Paula, y era lo único que me importaba.

En la realidad en la que supuestamente he muerto, ya no me quedaba nada que me ilusionara para seguir adelante.

Pero no ha ocurrido como imaginaba. Ha resultado ser mejor.

Resulta que he tenido que morir para acabar en un mundo en el que Paula sigue viva y en el que los dos podemos empezar de cero y tener una nueva oportunidad.

Aunque no tengo ni idea de quién soy aquí.

Si hay algún suceso de mi pasado que me atormenta, si mi padre es el mismo déspota que en la realidad que he abandonado, si la única preocupación de mi madre sigue siendo que se le rompa una uña o la peluquera se confunda con el tinte de pelo, si sigo viviendo en París, si regento cuatro cafeterías en las mejores zonas de la ciudad…

​ ¿Quién soy aquí ?

​ —En la realidad que recuerdas, Paula y tú habéis dejado de existir.

En esta realidad, ambos vivís —ha recalcado Toni, que anteriormente me ha estado contando, aunque hay muchísimo que asimilar, que las decisiones que tomamos son las que suelen dividir nuestro mundo en varias líneas temporales, aun siendo conscientes solo de una.

A veces es algo tan simple como elegir izquierda o derecha, pero suele ser más complejo y las malas elecciones son las que normalmente marcan la diferencia de una realidad a otra.

​ —¿Y dónde está la conciencia que pertenecía a esta realidad? —le he preguntado, metido por completo en el papel.

​ —Paula también me preguntó por la versión que vivía en este mundo alternativo al vuestro.

No tengo una respuesta clara a esa pregunta, pero te diré lo mismo que le dije a ella.

Yo he llegado a la conclusión de que la conciencia es una cosa y el recuerdo es otra; por lo tanto, somos una misma conciencia en distintas líneas temporales con recuerdos que varían según la realidad en la que estés.

La conciencia se desdobla, por decirlo de alguna manera, y es posible que se deposite en nuestro «yo original» como un eco que existe pero no domina.

​ —Joder. Eso es muy difícil de entender.

​ —Paula dijo lo mismo.

​ —Es que ella y yo…

​ «… éramos uno».

​ He tenido que reprimir las lágrimas.

​ —Gael, cuantas menos preguntas te hagas, mejor, porque podrías enloquecer. No sé, piensa que Paula está aquí … y que tenéis una oportunidad de crear nuevos recuerdos en una realidad distinta a la que conocíais.

​ Antes de llamar a la puerta de la casa rural de los padres de Valeria, miro por las ventanas de la planta de abajo, pero no veo a nadie en el salón, que está tal y como lo recuerdo.

Sigo teniendo frío. Toni, muy amable, una especie de guía en este suceso de locos, me ha ofrecido un paracetamol y el dolor de cabeza es algo más soportable.

​ Como todavía no me atrevo a entrar, cojo el móvil para echarle un vistazo.

Tras un breve reconocimiento facial, abro la aplicación de WhatsApp.

El último wasap que envié fue a Paula, así es como la tengo en contactos, «PAULA», pero esto no lo he escrito yo, lo escribió la versión de esta realidad antes de que yo ocupara su lugar.

Jamás debí dejarte sola.

Llevo diez años cargando con la culpa de lo que pasó.

Espero que algún día puedas perdonarme,

porque yo aún no puedo.

​ Enviado a las tres de la madrugada del lunes día 3 que hace un par de horas ha quedado atrás.

El doble check está azul, por lo que Paula ha leído el mensaje, pero no ha contestado.

¿Por qué? ¿Y qué es eso de que jamás debió dejarla sola, de que lleva diez años cargando con la culpa de lo que pasó?

¿Qué pasó en esta realidad? ¿Qué culpa?

​ A lo mejor sí es un castigo y una maldición no recordar nada del mundo alternativo al que la bruja de Oturia nos traslada tras una muerte olvidada.

​ —¡Gael! ¡Son las dos de la madrugada! ¿Por qué has tardado tanto? ¿Qué haces ahí parado? ¿Has estado bebiendo? ¡Me dijiste que dejarías de beber! ¡Joder, entra ya!

​ Pasmado, porque no reconozco la voz de mujer que me acaba de gritar desde alguna de las ventanas del segundo piso como si me odiara y yo tuviera problemas con el alcohol, desvío la mirada del móvil hacia arriba, pero me es imposible distinguir sus rasgos. Su rostro está envuelto en penumbra.

​ —¡Vaaaaaaa! —vuelve a gritarme—. ¡La puerta está abierta!

​ Cuando abro la puerta, vislumbro unos pies descalzos bajando las escaleras, hasta que se muestra ante mí y me quedo en shock.

No puede ser ella. Valeria está muerta, Paula la mató hace diez años, no puede ser…

Recuerdo con total claridad el cuadro que Manu pintó como si lo volviera a tener delante.

Manu vio y pintó la versión diez años mayor de la mujer que tengo delante y que me mira con desprecio, como si fuera lo peor que le ha pasado en la vida.

​ —Vamos a la cama, no puedo más y ya sabes que no me gusta quedarme sola en esta casa, que hay ruidos raros y me acuerdo de…

Bah. Además, no puedo ni comer, en cuanto me llevo algo a la boca me entran náuseas.

Si todo el embarazo va a ser así, te pido por favor que me mates y acabes con mi sufrimiento.

​ ¿Embarazo?

​ ¿Valeria no solo está viva en esta realidad, sino que está embarazada?

​ ¿De mí?