Despertarás en otra vida CAPÍTULO 23
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CAPÍTULO 23

PAULA

D esde que le he dicho a mi madre y a Pol que he quedado a las ocho con Nicola, el jefe de cocina, el niño se ha mostrado distante conmigo. Está enfadadísimo porque tengo que salir de casa. Además, con la que ha empezado a caer. Hace dos horas que llueve sin parar.

​ —No llegarás a tiempo para leer conmigo. Nos habíamos quedado en la parte más interesante del libro —se ha quejado.

​ Resulta que los fines de semana con Pol son sagrados, pese a mi trabajo en el restaurante, donde la responsabilidad, deduzco, recae en Nicola. Pol no me deja separarme de él ni una sola hora; por eso estaba tan ansioso de que regresara de Oturia.

​ —Lo sé, lo sé… Perdona, pero Nicola quiere enseñarme la nueva carta y…

​ —¿La nueva carta? —ha interrumpido mi madre riéndose y guiñándole un ojo a Pol, que también se ha echado a reír, lo cual me ha aliviado un poco, porque si algo he aprendido en mi primer día como madre, es que no me gusta verlo disgustado —.

Vosotros dos tenéis un lío muy raro desde hace tiempo.

Tengo una edad, pero sigo teniendo ojos, ¿sabes?

Nicola es alto, guapísimo, fuerte… ¡Qué espalda!

¡Qué brazos! ¡Qué mirada! De esas que te atraviesan, ¿a que sí, hija?

Cocina que quita el sentido y de lo guapo que es te roba el aliento, como esos guaperas que a veces me salen en los reels de Instagram con la cancioncilla esa de Te buscaré, bandido, te atraparé, bandido…

, pero ya sabes, tienes que decirle que donde tengas la olla, no metas la…

​ —¡Mamáááááá! —he gritado, haciendo un intento torpe de cubrirle las orejas al niño, que tampoco es tan pequeño y supongo que habrá oído de todo.

Acto seguido, nos hemos empezado a reír los tres, mientras mi madre ha seguido moviendo las caderas y canturreando la pegadiza canción del bandido, y me he acordado de Toni y de lo que me dijo: «A lo mejor te gusta esta vida.

Puede que te sorprenda y que seas feliz».

​ Ha sido un momento divertido y familiar en el que sé que mi madre ha actuado así para hacer reír a Pol y destensar el ambiente que el enfado del niño ha provocado.

He conseguido olvidarme un poco del frío y del dolor de cabeza, de las últimas horas desde que me adentré en las profundidades del bosque de Oturia, de los traumas de mi otra vida y los de esta, donde el pozo también está tapiado y no me atrevo a acercarme por lo que pueda haber ahí dentro.

Aunque intuyo que el pasado es tan turbio como en mi otra realidad, el presente aquí, pese a no estar con Gael, no parece estar nada mal, y debería conformarme con eso.

A ver, es lo que hay, por muy raro que siga pareciéndome.

Sé que podría adaptarme sin problema si no me obsesiono con encontrar respuestas a la multitud de preguntas que se me han ido acumulando desde que vi a Valeria con vida.

Pero sigue faltándome Gael, y soy incapaz de sacármelo de la cabeza y del corazón, que siento un poco roto, como si se hubiera partido en dos.

​ Así pues, he quedado con Nicola. Tengo mucha curiosidad por verlo en persona y saber qué nos une , pero también estoy deseando meterme en la cama y dormir un día entero, o dos. Estoy exhausta. Tanta intensidad y novedad me abruman.

​ No había vuelto a pensar en lo que me dijo Carlota al principio, cuando llegué de mi terrible paseo por el bosque, no tenía ni idea de lo que me había pasado, y todavía pensaba que me estaban gastando una broma de mal gusto.

Carlota dijo que el cocinero que tengo es fantástico y bastante famoso, que había oído maravillas de él, y que cómo había conseguido que entrara a trabajar en Casa Costa.

No me había dado por buscar a Nicola en Instagram hasta veinte minutos antes de haber quedado con él.

Nos seguimos mutuamente, le da «Me gusta» a casi todos mis posts , y es él quien lleva la cuenta de Instagram de Casa Costa, porque las redes sociales se le dan muy bien.

Y, sí, Nicola es bastante famoso, de ahí a que cada mes le pague una cantidad que, al verla en la nómina, casi me caigo del susto.

​ Tiene ciento ochenta mil seguidores en Instagram y unos cuantos más en TikTok, la mayoría mujeres.

Deduzco que no es solo porque grabe y publique vídeos de recetas que tienen una pinta exquisita, sino por lo guapo que es, por su simpatía y desparpajo.

Al ver su perfil en Instagram, algo en mi cabeza ha hecho clic .

Yo había visto a Nicola antes . Esta expresión me hace sentir un poco extraterrestre, pero no hay otra forma de decir que, de donde yo vengo , Nicola también es muy popular, aunque el escenario donde graba sus vídeos, es decir, la cocina, es distinta.

En la línea temporal que he dejado atrás, él no me seguía a mí, y yo no lo seguía a él en redes sociales, tampoco vivíamos en Cadaqués, ni trabajaba en el que ahora , y aquí , es mi restaurante.

Carlota tenía razón. Me pregunto qué ha cambiado para que en este mundo alternativo Nicola haya acabado viviendo en Cadaqués y trabajando en Casa Costa.

Y cómo es posible que yo le guste con esta cicatriz tan enorme y tan fea en la cara que me he esmerado en cubrir con maquillaje y en presentarme en su puerta un poco decente, aunque lo que más tengo en el armario sean zapatillas Converse, tejanos, jerséis gruesos y poco favorecedores, hasta diez con estampado navideño, Dios mío, qué horterada, y sudaderas anchas con capucha.

Complicado lucirse cuando toda la ropa es negra o gris.

​ Conducir por las empinadas callejuelas de Cadaqués con un coche grande es terrible, tienes que estar muy acostumbrada, pero, por lo menos, en la calle Josep Pla, que es donde vive Nicola, hay sitio para aparcar.

Cierro el paraguas, lo dejo apoyado en la pared y llamo a la puerta.

Me tiemblan un poco las piernas, pero los nervios se disipan cuando Nicola abre dedicándome una amplia sonrisa que me inspira cercanía y confianza.

Parece alegrarse mucho de verme, y yo agradezco un recibimiento así después del fracaso que debió de suponer para mi versión de esta realidad la reunión en Oturia.

El chef italiano desprende una energía magnética que atrae sin remedio desde el principio. Jamás había conocido a nadie así.

​ — Bella, come stai?

​ ¿Me acaba de preguntar que cómo estoy?

​ Hecha una mierda, me gustaría responderle.

Pero no me da tiempo. El italiano se acerca a mí, está muy cerca de mí, saltan todas las alarmas, pero no me aparto.

Mi cuerpo no se resiste a Nicola. Extrañamente, reacciona a él con total naturalidad.

Es como si ya lo conociera y lo acogiera con gusto, mientras mi mente está en otra parte, en otros brazos, en otra mirada.

Dejo que me abrace y me dé un beso en los labios.

Y… Uau. No ha estado nada mal. Me quedo sin habla, casi sin respiración.

Sí, mi madre tenía razón. Nicola tiene unos ojos oscuros y penetrantes que te atraviesan.

Me permito, por un momento, dejar de pensar en Gael y en la estúpida idea de que le estoy siendo infiel, pues no es así.

Tengo que recordarme que en esta realidad no estoy con él.

​ —Ah… bien, todo bien —contesto sin entusiasmo, metiendo las manos en los bolsillos de mi abrigo porque no sé qué hacer con ellas, mientras Nicola me invita a pasar al interior de su pequeña y acogedora casa.

​ —¿Qué tal en Oturia, cómo ha ido? —me pregunta con interés, cuando pasamos al salón.

​ La chimenea está encendida, pero yo sigo sin notar nada de calor.

Lo primero en lo que me fijo es en una fotografía enmarcada colgada en la pared.

Nicola debe de ser alguno de los cinco niños que aparecen con un montón de gente, probablemente sus padres, tíos, abuelos, primos…

, alrededor de una mesa a rebosar de comida.

​ —Pse…

​ —Mmmm… no ha ido bien —adivina—. Tú sabías que no iría bien, Bella .

​ ¿Ah, sí? ¿Lo sabía?

​ —Ya… pero bueno, no quiero hablar del tema. A ver, enséñame la nueva carta, que Pol me ha pedido que vuelva pronto.

​ —No me gusta cuando vienes con prisas, ya lo sabes.

​ Ay, madre. ¿Y qué espera que pase? Mi cuerpo lo ha reconocido, eso está claro, y no me he sentido del todo extraña cuando me ha abrazado y me ha besado en los labios, pero mi mente, mi conciencia o lo que sea que ha venido conmigo desde mi otro mundo , no está preparada para ir más allá con él.

Para mí, Nicola sigue siendo un desconocido, aunque está claro que he estado cientos de veces en esta casa.

​ —Ya, Nicola, pero estoy agotada y a Pol no le ha gustado nada que salga de casa y menos con esta lluvia… Parece que no le gusta mucho la lluvia.

​ Nicola me mira como si hubiera dicho algo fuera de lugar.

Otra vez esa cara… la he visto en mi madre y en Pol esta misma mañana cuando lo he llamado por su nombre y no bichito .

¿Cómo llamo a Nicola? ¿Bello? ¿Cari? ¿Chef?

¿O quizá ha sido por lo que he dicho de Pol, que parece que no le gusta mucho la lluvia?

Una madre que conoce bien a su hijo nunca diría «parece». Voy a tener que cuidar cada palabra.

​ —Okey, okey, ¡marchando la carta! —exclama con alegría, tendiéndome una hoja con un montón de garabatos, desorden y palabras tachadas.

​ Todo está escrito a mano con una letra perfecta pese al caos.

Habrá que pasarlo a ordenador y enviarlo a imprenta.

Todo suena increíble y ahora sé por qué le pago tanto.

Con lo que he visto que facturamos al mes, doy fe de que lo tenemos siempre lleno incluso en temporada baja gracias al famoso Nicola Galli, mi jefe de cocina desde hace tres años según el papeleo que he revisado por encima, que hace las veces de encargado de Casa Costa cuando tengo que ausentarme.

Me mira ilusionado, deseando saber qué opino de su propuesta.

Según he visto en la cuenta de Casa Costa en Instagram, solo libramos los lunes, por lo que abrimos de martes a domingo, comidas y cenas, y los clientes reservan con semanas y hasta meses de antelación.

Mañana es lunes, nuestro día libre, por lo que auguro que lo aprovecharemos para cocinar estas delicias, probarlas, y apostar por ellas en la nueva carta.

Me da la sensación de que mi versión de esta línea temporal pasa mucho tiempo con el chef italiano.

Lo miro con el rabillo del ojo y le sonrío.

Sorprendentemente, no me siento incómoda, pero sí estoy en alerta y a la expectativa.

​ En fin, me centro en la nueva carta, que es a lo que he venido, aunque es complicado concentrarse con un hombre como Nicola al lado mirándote fijamente.

​ Los platos suenan como el mar: sabores intensos, frescos, platos que suenan a poesía y prometen conquistarte el paladar…

Es imposible elegir, lo pediría todo. Es una combinación de tradición italiana con guiños marítimos, la marca de la casa desde que mi padre abrió el restaurante en 1994, hace treinta años.

Mar de Sorrento, ola de trufa . Calamares al horizonte siciliano .

Bruma de sardinas en punta . Espuma de limoni y ostra solar .

Capri en la Costa Brava . Ventisca de Mero y Panna .

Pescado al alba marina . Sorpresa de calabacín y salicornia .

Neptuno en la pizza . Garganta de cangrejo en corallo …

​ —Es increíble, Nicola. Todo suena genial.

​ —Nunca me has llamado Nicola —me dice, y supongo que es por eso por lo que antes me ha mirado raro, pero su expresión no es seria, sino divertida—. ¿Qué pasa, Bella ?

​ —¿Y cómo te llamo? —pregunto directamente, cansada de tener que estar adivinándolo todo.

​ —Si no lo sabes tú… —Debe de ver la súplica en mi mirada cansada, porque enseguida resuelve mi duda—: Nico. Simplemente, Nico —me dice, como si nos acabáramos de conocer, y así es para mí. Lo acabo de conocer.

​ —Nico…

​ —Estás distinta. Tus ojos son… distintos, no me miran igual que siempre.

—Se acerca a mí, me agarra las manos con ternura y las mira como si estuviera buscando alguna diferencia.

Las acaricia, las mima, me estremezco con el contacto.

Me gustaría conocer nuestra historia. Cómo empezó, cuándo, quién dio el primer paso…

Y no me habría importado nada vivirla, la verdad.

A pesar de Gael. A pesar de todo. La forma en que Nicola me mira no es la de alguien que solo te quiere para un rato, y esa seriedad que intuyo en la relación me asusta un poco dadas las circunstancias.

Me siento un poco mal al pensar que le he robado algo bonito y especial a la versión que pertenece a este mundo—.

¿Qué ha pasado en Oturia? No te diré lo de: «Ya te dije que no debías ir», no, no, nada de eso, pero…

me sabe mal por ti. ¿Tan malo ha sido volver a verlos?

​ —¿Por qué tendría que haber sido malo?

​ —Por lo que te hicieron —contesta como si fuera obvio, y yo, claro, tendría que saberlo, pero no lo sé. En cambio, sí tengo la seguridad de que confío mucho en Nicola y que si está conmigo en esta vida, es por algo.

​ Pero ahora… otra incógnita, una más para la extensa colección:

​ ¿Qué me hicieron?

​