Despertarás en otra vida CAPÍTULO 14 #2
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CAPÍTULO 14 #2

Antes de regresar a Cadaqués, me detengo en la plaza.

Empieza a amanecer. Las luces de las casas están apagadas, pero Toni, como si hubiera intuido mi presencia, no tarda en asomarse a la misma ventana desde donde anoche me llamó.

Sostiene una taza de café y esta vez no me dice que suba.

Desaparece de la ventana y, al poco rato, sale por la puerta y se acerca a mí con ojos somnolientos.

Me bajo del coche. Lo primero que le digo es:

​ —No sé cómo me hice esta cicatriz. En mi otra realidad no la tenía.

​ —¿Qué has descubierto?

​ —No te dije por qué me eligió la bruja.

—Toni guarda silencio. Espera con expectación mi confesión—: En mi otra realidad maté a Valeria, sí, la hija de los Solaz, propietarios de la casa rural El Refugio de Valeria, aunque no aquí .

.. Aquí la propietaria es Valeria. Era mi mejor amiga.

En esta realidad está viva y ahora mismo está en Oturia con Gael, que era mi marido en mi otra…

ya sabes. Creo que aquí elegí matar a mi hermano.

Él… Manu, aquí , desapareció la noche del 12 de agosto de 2014, la misma noche en la que solo recuerdo haber matado a Valeria en mi anterior realidad, pero no tiene mucho sentido.

¿Por qué mi versión de aquí elegiría matarlo a él?

¿Qué motivo le dio? El caso es que creo que ese fue el momento en que mi mundo se resquebrajó y se dividió en dos, y, cuando algo así ocurre, no nos percatamos porque el ser humano ve una ínfima realidad de lo que existe, ¿verdad?

Puede que haya más universos paralelos, pero no estoy para pensar en otras posibilidades, en decisiones que no se tomaron o en caminos que no llegaron a nada.

​ —Fue un accidente o…

​ —No, Toni, no fue ningún accidente. Le abrí la cabeza.

Le golpeé en la cara repetidas veces hasta desfigurarla —confieso con dureza—.

Tenía mis motivos, mucha rabia acumulada hacia ella por lo que…

por lo que hizo. Por lo que estuvo a punto de hacerme.

Yo era una asesina. Y me temo que aquí también lo soy, o lo fui, pero elegí a otra víctima.

​ Toni traga saliva con dificultad. Aunque la cicatriz que ocupa toda mi mejilla izquierda me hace tener un aspecto algo peligroso, sé que, a simple vista, no parezco una asesina.

¿Aunque qué asesino lo parece? No llevamos un cartel pegado a la frente.

Siempre es quien menos te esperas. Está demostrado que hay más psicópatas en oficinas, cargos políticos y puestos de poder que en la población general.

​ Toni inspira hondo, asiente lentamente asimilando lo que le acabo de contar. Mi verdad. Con todas las consecuencias.

​ —Aquí tengo un hijo de nueve años. No sé quién es el padre.

Y Gael, mi marido desde hace siete meses en mi otra línea temporal, en esta vida está con Valeria, la amiga a la que maté.

Me acaba de decir que siente mucho lo que ocurrió una noche, no sé a qué noche se refiere, del verano de 2014.

Ahí está la clave de todo. En ese verano.

Concretamente, en la noche del 12 de agosto de 2014.

​ Toni vuelve a asentir pensando, posiblemente, que mis realidades son inquietantes y complejas.

​ —¿Cómo va el dolor de cabeza? ¿Y el frío? —se interesa.

​ —Mal, va mal. Todo va fatal —me lamento.

​ —¿Me quieres contar más? Sube, te invito a un café. Creo que lo necesitas.

​ —¿No me tienes miedo ahora que te he confesado lo que hice?

​ Toni esboza una risa seca. Claro. ¿Cómo me va a tener miedo, si me saca tres cabezas y podría hacerme papilla con una sola mano?

​ —Solo venía a despedirme y a hacerte una pregunta más. Vuelvo a Cadaqués, ahí está mi hogar en este mundo alternativo.

​ —Está bien que lo sepas y que tengas un lugar al que ir. ¿Qué pregunta quieres hacer?

​ —Sé que no tienes todas las respuestas.

​ —No, no las tengo.

​ —¿Dónde ha ido mi conciencia? Mi versión de aquí.

Es decir, en un principio, morí en la única realidad que conozco y recuerdo y acabé aquí, en mi mismo cuerpo pero con otra vida…

una vida muy distinta. Entonces ¿adónde fue mi otro yo , la versión que tenía esta vida?

Me siento como… como una sustituta. Una farsante ocupando una vida de la que sé muy poco y que no me pertenece.

​ —Lo entiendo, pero no tengo una respuesta exacta a esa pregunta.

Mi caso fue distinto al tuyo, porque vosotras , las dos versiones de ti misma, habéis coincidido en tiempo y en espacio en dos realidades distintas, ¿verdad?

Parece que en ambas líneas temporales estabais en Oturia, en El Refugio de Valeria .

Mismo tiempo y espacio, aunque realidades distintas —recalca.

​ —Sí —confirmo.

​ —Es posible que en ambas realidades os adentrarais en el bosque y acabarais en la cabaña al mismo tiempo.

Puede que tú murieras en tu otra línea temporal y saltaras a esta, mientras tu versión perteneciente a esta realidad haya ido a otro mundo alternativo, no sé si me explico.

Es complejo, solo son suposiciones y no hay una respuesta clara al respecto, aunque lo que está claro es que no puede haber dos o más versiones de nosotros en una misma línea temporal.

Sería caótico. He llegado a la conclusión de que la conciencia es una cosa y el recuerdo es otra; por lo tanto, somos una misma conciencia en distintas realidades con recuerdos que varían según el mundo alternativo en el que te encuentres.

​ —Eso es muy difícil de comprender, Toni —me exaspero—. Porque, al igual que yo morí en mi otra realidad, la versión que estoy ocupando también podría haber muerto, ¿no? Pero, en lugar de morir, consiguió salir del bosque conmigo… ¿conmigo dentro?

​ —Ya, es difícil... Yo, por ejemplo, tengo la creencia de que no usurpé el cuerpo de ninguna de mis otras conciencias existentes en otras posibles realidades.

Que, al morir en mi mundo raíz, salté a este y empecé de cero, si acaso eso es posible, pues que otra versión de mí estuviera precisamente aquí, en un pueblo tan perdido como Oturia, era poco probable.

Como todo, cada caso es diferente. Nadie en Oturia me conocía ni yo conocía a nadie.

Simplemente, aparecí aquí sin un pasado claro.

Sin padres ni familiares que en estos siete años se hayan preocupado por mí, sin amigos…

En mi otro mundo mis padres llevaban años muertos, nunca he tenido hermanos ni familia cercana.

En este mundo lo mismo, pero yo recuerdo a personas que conocí en mi otra realidad, y aquí es como si nunca las hubiera conocido. Y, como te dije ayer, es mejor así.

​ Pienso en Sami. En que en este universo paralelo no está con Carlota y ella ni siquiera sabe quién es.

Cuando pregunté por él, me dijo: «¿Quién es Sami?

». Nunca lo llegamos a conocer. Puede que en esta línea temporal Sami no fuera a Cadaqués el verano de 2014 a buscarse la vida, que es lo que nos dijo cuando lo conocimos trabajando en uno de los chiringuitos de la playa.

A Agus le cayó tan bien, que lo invitó a unirse a una fiesta y, desde entonces, no se separó de nosotros.

A lo mejor, en este mundo, Agus no lo invitó a la fiesta o Sami rechazó la invitación, y por eso Carlota no recuerda haberlo conocido, aunque sí coincidiéramos con él.

​ —Como si hubieras aparecido de la nada —reflexiono al cabo de un rato, tras pensar en Sami y en su aparente inexistencia en esta realidad alternativa.

​ —Exacto, como si hubiera aparecido de la nada —conviene Toni—. Mira, Paula, si tratáramos de entenderlo todo, acabaríamos locos, así que es mejor que dejes a un lado las preguntas sobre este suceso extraordinario al alcance de muy pocos.

​ —Al alcance de las malas personas, por lo visto —comento con fastidio.

​ —No sé… Creo que hay más lugares alrededor del mundo que causan un efecto parecido al que hemos vivido tú y yo en el bosque de Oturia, y no tiene por qué pasarle siempre a las personas que han cometido…

dejémoslo en actos delictivos. Pecados capitales.

Hay tantas versiones como seres existen en el planeta.

El multiverso existe. Y somos la prueba.

Céntrate en descubrir quién eres aquí y en vivir.

Va a ser raro, Paula. A pesar de todo, de las decisiones que tomaste, te deseo lo mejor.

​ Me atormento pensando que sigo siendo la misma versión que asesinó a sangre fría a Valeria, aunque en esta realidad no ocurriera.

​ —Gracias, Toni. Por todo. También te deseo suerte.

​ —Si el destino quiere, nos volveremos a encontrar.

​ —¿Y en qué realidad alternativa nos volveremos a encontrar, Toni?

​ Mi pregunta parece hacerle reflexionar, y percibo cierto disgusto en la expresión que compone.

Toni sonríe, asintiendo pensativo, un gesto muy suyo, mientras yo me subo al coche y me alejo de la plaza con el olmo seco donde se colgó una mujer que no pudo soportar la nueva línea temporal a la que había saltado tras adentrarse en las profundidades del bosque y ser cazada por la bruja. La maldita bruja.

​ A medida que me alejo de Oturia, siento que puedo respirar algo mejor.

Como si dejara atrás la locura, aunque no es más que una mentira que me cuento.

Predigo que la locura, a partir de ahora, va a ser mi sombra.

El truco está, creo, en mantener la locura controlada.

Al menos, pese al dolor, el frío, las ganas de llorar y el aturdimiento por lo sucedido, tengo un lugar al que ir y al que poder llamar hogar.

​ Vuelvo a casa. Y eso es lo único que debería importarme en este momento.