Capítulo 15
LAZOS DE CONFIANZA

Elena y Hannia caminaban por la explanada del palacio Real, el eco de sus pasos resonaba suavemente contra las paredes de piedra mientras el sol del atardecer teñía la ciudad de dorado. El aire estaba fresco, y el bullicio de la ciudad parecía un murmullo lejano.
Elena se detuvo en seco, sus ojos recorriendo los muros del Palau Reial con una expresión de asombro que Hannia no pudo evitar notar. —He pasado por aquí miles de veces, — murmuró Elena, como si las palabras apenas pudieran salir de su boca—, y jamás imaginé lo que ocultaban estos muros…
Las paredes de piedra, que siempre le habían parecido simples vestigios de un pasado distante, ahora brillaban con un aura diferente bajo la luz dorada del atardecer.
Era como si pudiese ver más allá de las fisuras y cicatrices que el tiempo había dejado en la piedra.
La magia que había ignorado durante tanto tiempo se revelaba ante ella, vibrando en el aire mismo que respiraba.
El eco de sus pasos, que antes solo era un sonido más en el bullicio de la ciudad, ahora resonaba como una melodía misteriosa, como si cada golpe en el suelo contara una historia antigua, una historia que ella había estado ciega a escuchar.
Hannia la observaba en silencio, permitiendo que Elena absorbiera la revelación.
El mundo se sentía más vasto, más antiguo, como si los siglos se comprimieran en un solo instante.
El Palacio no solo era piedra e historia, sino un umbral hacia lo desconocido, hacia algo que siempre había estado ahí, esperando a ser descubierto por alguien que supiera mirar.
Y ahora, con cada paso, Elena sentía como si estuviera cruzando un umbral invisible, adentrándose en el verdadero corazón de Barcelona, enredado en magia y secretos.
—Elena… —comenzó Hannia, rompiendo el silencio—, jamás hubiera imaginado que estaríamos juntas en esta situación. Luchando contra sombras reales, protegiendo portales y aliados que nunca creí posibles.
Elena la miró de reojo, sintiendo la conexión que las unía ahora de una manera más profunda que antes.
Sabía que Hannia había mantenido secretos, pensaba que solo estudiaba para ser la mejor de la universidad, para no perder la beca, no sabía que había estado inmersa en algo más grande durante mucho tiempo, pero nunca se había sentido más cerca de ella.
—Yo tampoco —respondió Elena suavemente—. A veces pienso que todo esto es una pesadilla. Pero luego recuerdo que no estoy sola. Ustedes siempre han estado ahí, y aunque es difícil de aceptar, ahora, Erevan también está conmigo.
—Erevan— decía Hannia mientras mostraba con sus manos como le explotaba la cabeza. —como imaginarlo —.
Hannia sonrió débilmente, aunque su expresión reflejaba cansancio. —Sabes, me costó mucho tiempo aceptar mi rol en la Orden del Umbral. Todo comenzó como una responsabilidad familiar, algo que heredé. Nunca pensé que terminaría protegiendo a mi mejor amiga de demonios y fuerzas oscuras. Es… irreal.
—Mi amiga Hannia, una bruja — decía Elena imitando la expresión de explotarle la cabeza.
Elena sintió una punzada de curiosidad. —Nunca me hablaste de la Orden. ¿Cómo funciona todo? ¿Qué esperan de nosotras ahora?
Hannia respiró hondo antes de continuar.
—La Orden del Umbral se formó hace siglos, antes de que la ciudad fuera lo que es hoy.
Su propósito siempre ha sido el mismo: mantener el equilibrio entre los mundos.
Los portales, como el que casi liberaste, son focos de energía que conectan nuestro mundo con otros, como el de Erevan.
Mi rol ha sido observar y actuar cuando sea necesario, aunque nunca pensé que te vería envuelta en todo esto.
—Durante siglos, la Orden del Umbral fue un grupo pacífico dedicado a enseñar a aquellos que nacían con magia, a controlar los elementos: el fuego, el aire, el agua y la tierra.
Los miembros de la Orden eran guías, protectores, quienes mostraban a los jóvenes cómo usar sus dones para sanar, cultivar, y mantener la armonía entre el mundo humano y las fuerzas naturales que los rodeaban.
Sus enseñanzas eran secretas, pasadas de generación en generación, y la ciudad, entonces conocida como Barcino, vivía en una sutil paz entre lo mundano y lo mágico.
Pero todo cambió en la oscura era del Medievo, cuando los demonios, que habían sido relegados a las sombras, encontraron la forma de irrumpir en el mundo humano.
Fue aquí, en las calles de Barcino, donde los portales se abrieron de par en par, y la ciudad se vio sumida en el caos. Las criaturas de la oscuridad comenzaron a infiltrarse, destruyendo y sembrando terror, alimentándose del miedo de los humanos.
La Orden, que hasta entonces había trabajado en las sombras, se vio forzada a unirse a los humanos en su lucha.
Usando sus conocimientos ancestrales, combinaron su magia con la habilidad humana en la forja y, en un acto desesperado, crearon un arma que sellaría el destino de los demonios.
Forjaron una daga de un metal puro y ancestral, extraído de los rincones más recónditos de la tierra, y la fundieron con piedras mágicas, cada una imbuida del poder de los cuatro elementos.
Con esta daga, los miembros de la Orden lucharon al lado de los guerreros humanos, contrarrestando las fuerzas demoníacas y sellando los portales uno por uno. La batalla fue larga y agotadora, pero finalmente, lograron expulsar a los demonios del mundo humano.
Desde entonces, la Orden del Umbral ha protegido los portales, y el equilibrio entre los mundos. Estos focos de energía conectan nuestra realidad con otros planos.
—¿Qué esperan de mí ahora? —preguntó Elena, con un tono de seriedad que sorprendió incluso a Hannia.
—No lo sé, Elena. Pero creo que eres crucial.
La Orden lo ve también. Hay algo en ti, algo que conecta ambos mundos.
Lo que sucedió con Erevan no es una simple coincidencia.
Y la Orden cree que puedes ayudar a restablecer ese equilibrio, aunque…
—Hannia vaciló un momento, sus palabras cargadas de emoción—, aunque signifique ponerte en más peligro.
Elena miró a Hannia, intentando procesar lo que estaba escuchando, pero antes de que pudiera responder, Hannia continuó, con una mirada más intensa.
—En el mundo mágico están asombrados, casi atónitos —susurró—.
Lo que hiciste, Elena, no tiene precedentes: que una sola humana, sin entrenamiento en nuestras artes, haya sido capaz de abrir un portal es algo que desafía todo lo que la Orden creía saber.
No solo eso… —Hannia la miró directamente a los ojos—. Soportaste la magia ancestral de la daga por ti misma. Ningún humano debería haber sido capaz de hacerlo. Esa daga fue forjada con las energías más antiguas, energías que han destruido a seres más poderosos de lo que podrías imaginar.
En el Consejo del Umbral, algunos creen que eres una anomalía, una especie de excepción.
Otros están convencidos de que tienes un propósito mayor, que estás destinada a ser un puente entre los mundos.
Pero lo que todos coinciden es que tu conexión con Erevan y con el portal no es algo accidental.
—Hannia respiró hondo antes de continuar—.
Se teme lo que podría suceder si los demonios se enteran de que alguien como tú existe.
Podrían intentar usarte para intentar abrir los portales.
La responsabilidad que ahora recae sobre ti es inmensa, Elena.
La Orden te protege, aunque… —Hannia hizo una pausa, como si las siguientes palabras le pesaran en el alma—, lo cierto es que caminarás por una senda peligrosa.
No obstante, también creemos que eres nuestra mejor esperanza para conservar el equilibrio.
Elena permaneció en silencio, procesando las palabras de su amiga. Sabía que su vida nunca volvería a ser como antes. Y aunque la incertidumbre la asustaba, sentía la determinación crecer dentro de ella.
—Erevan —comenzó Elena después de un rato—, ¿cómo lo ve la Orden? Quiero decir, sé que lo están… estudiando. Pero no es como los otros demonios, Hannia. Lo siento en él.
Hannia la miró, su expresión cargada de seriedad. —No es fácil para ellos confiar en un ser como Erevan, no después de que ellos casi desaparecen esta ciudad en el pasado. Pero yo te creo. Lo he visto también.
—Y aunque sigue siendo un demonio, está dispuesto a aceptar su situación aquí. Eso dice mucho. Sin embargo, no podemos bajar la guardia. Erevan estará siendo entrenado, y estudiado por la orden… pero aún no sabemos cuánto tiempo podrá mantener su control.
Elena apretó los labios, sintiendo el peso de esa realidad. Sabía que había arriesgado mucho por Erevan, pero algo en su interior le decía que valía la pena. Que había algo más grande detrás de su conexión.
—¿Y tú? —preguntó Hannia, cambiando ligeramente de tema—. ¿Cómo te sientes realmente? Has estado pasando por muchas cosas, y no me refiero solo a los demonios.
Elena suspiró, mirando el suelo mientras caminaban. —Siento que me estoy alejando de todo lo que conocía. Valeria, nuestras vidas. Todo parece tan lejano ahora. Como si estuviera viviendo en dos mundos diferentes. A la vez… siento que estoy donde debo estar. Es confuso.
Hannia asintió en silencio, comprendiendo ese sentimiento mejor de lo que Elena pensaba.
—Lo que sea que venga, lo enfrentaremos juntas —dijo Hannia finalmente—. No sé exactamente cómo será, pero estoy contigo en esto. Y aunque no entiendo del todo lo que tienes con Erevan, sé que es importante para ti.
Elena miró a su amiga, sintiendo una calidez reconfortante en sus palabras. Por primera vez en mucho tiempo, no se sentía tan sola en todo esto.
—Gracias, Hannia. De verdad. No sé cómo hubiera manejado todo esto sin ti.
Hannia le regaló una sonrisa sincera que reflejaba la profundidad de su amistad. —No tienes que hacerlo sola.
Y recuerda, aunque Valeria no esté aquí ahora, siempre tendremos a quien recurrir. Incluso en los momentos más oscuros.
La conversación entre ambas dejó una sensación de alivio en Elena.
Sabía que lo que venía no sería fácil, pero al menos ahora tenía a alguien en quien confiar completamente.
Y aunque su amor por Erevan seguía siendo complicado, sentía que estaban más unidos que nunca, listos para enfrentar cualquier desafío que se les presentara.