Despertar (A las tres de la mañana 1) Capítulo 13 #3
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Capítulo 13 #3

—¿Hannia…? ¿Cómo…? ¿Qué estás haciendo tú aquí? —Elena finalmente consiguió articular sus palabras, aunque su mente seguía resistiéndose a la realidad que tenía delante. Miraba entre Hannia y el cuerpo de Erevan en el suelo, sin poder conectar lo que estaba sucediendo.

Hannia dio un paso hacia ella, su rostro endureciéndose con una determinación inesperada.

Se detuvo a escasos metros de Elena y Erevan, sin dejar de mirar a su amiga con una mezcla de incredulidad y preocupación.

Su mano, la misma que momentos antes había sostenido el símbolo luminoso, ahora descansaba a un lado, temblando ligeramente.

—¿Qué haces aquí…? —preguntó Hannia con un tono más bajo, casi con miedo—. No deberías estar aquí, Elena—. Su voz era firme pero teñida de una preocupación palpable.

Elena se irguió lentamente, aun sintiendo el peso del frío cuerpo de Erevan bajo sus manos.

Su mente no dejaba de revolverse en preguntas, pero al mismo tiempo sabía que el momento para respuestas directas se le escapaba.

Había algo mayor sucediendo aquí, algo que superaba cualquier explicación lógica o conversación casual.

Aun así, no podía dejar que todo se desarrollara sin entender al menos una cosa.

—¿Qué le hiciste, Hannia? —preguntó finalmente, incapaz de contener su incredulidad—. ¿Cómo puedes…? ¿Y cómo sabías…? —Su mirada se desvió hacia Erevan, aún tirado en el suelo—. ¿Qué es lo que sabes sobre él?

Hannia suspiró muy profundo, su expresión suave pero cargada de emociones. Parecía debatirse entre la necesidad de proteger a su amiga y la urgencia de cumplir con un deber del que Elena no estaba al tanto.

Apartó la mirada un momento, visiblemente perturbada. Luego, con un suspiro profundo, volvió a fijar sus ojos en Elena. Su rostro estaba lleno de una mezcla de arrepentimiento y desconcierto.

—No sabía que era Erevan —respondió, finalmente, su voz cargada de culpa—. Pasaba cerca y… sentí el poder de la oscuridad. Algo tan fuerte y tan antiguo que no podía ignorarlo. Tenía que actuar, Elena. Si hubiera sabido…

Elena la miraba, tratando de procesar todo lo que estaba escuchando.

Su corazón latía con fuerza mientras la confusión se mezclaba con una creciente sensación de traición.

No sabía si podía creerle del todo, pero una cosa era clara: Hannia realmente no había sabido lo que estaba haciendo cuando atacó a Erevan.

Hannia se giró hacia el cuerpo de Erevan, ahora inerte en el suelo. Había un toque de horror en sus ojos al rememorar la escena.

—Cuando llegué aquí… vi a un demonio devorando el miedo de un humano.

Era una criatura de sombras, una entidad que no debería estar aquí.

¿Cómo puede estar aquí? No pude quedarme quieta —su voz temblaba ligeramente mientras hablaba—.

Usé el símbolo de luz… lo sentí retroceder, debilitándose, y luego vi a este hombre caer al suelo.

Pero… —se detuvo, sus ojos se abrieron en una mezcla de sorpresa y horror—.

No tenía idea de qué era Erevan. ¿Qué hace aquí, Elena?

¿Por qué estaba… devorando al vagabundo?

Elena sintió cómo el peso de la verdad caía sobre ella como una losa.

No podía proteger a Erevan sin ser sincera, sin compartir lo que sabía.

Cerró los ojos por un momento, intentando organizar sus pensamientos antes de hablar.

Cuando volvió a abrirlos, su mirada se encontró con la de Hannia, quien la observaba expectante, buscando respuestas.

—Erevan es… diferente —empezó Elena, su voz baja pero firme—.

Él ha estado rechazando su naturaleza, luchando contra lo que es, por mí…

—Las palabras salieron de su boca con una mezcla de emoción y confusión—.

Pero está debilitado, Hannia. No quiere hacer daño, pero necesita alimentarse, y eso…

eso lo empuja hacia el borde. Su cuerpo puede mantenerse con alimento, como cualquier humano.

Pero su esencia… lo que realmente lo define, se alimenta del miedo y las pesadillas.

Sin ello, su poder se debilita cada vez más, aunque físicamente parezca estar bien.

Es una lucha interna que lo consume lentamente.

Hannia dio un paso atrás, sus ojos abiertos de par en par, intentando procesar lo que Elena le decía.

Sacudió la cabeza lentamente, como si no pudiera aceptar lo que escuchaba.

—¿Es un demonio real? —su voz temblaba entre incredulidad y miedo—.

¿Y tú lo sabías? —La voz de Hannia se quebró al final, llena de una mezcla de desconcierto y traición.

—¿Cómo pudiste pensar que podías manejar esto sola, Elena?

Sus ojos se abrieron con incredulidad y su voz adquirió un tono más agudo, casi de alarma.

—¿Un demonio real? —preguntó, su voz cargada de sorpresa y preocupación—. ¿Es eso lo que es Erevan? ¿Y tú lo sabías, Elena?

Elena sintió el latido de su corazón acelerarse, no obstante, sostuvo la mirada de Hannia, sabiendo que no podía retroceder ahora. Tragó saliva y asintió lentamente.

—Sí… —respondió su voz, apenas era un susurro, mientras apartaba la mirada, con la vergüenza pintada en su rostro—.

Lo supe desde hace un tiempo. —Elena tragó saliva, su mirada bajó al suelo antes de volver a encontrar los ojos de Hannia—.

Pero no es como los otros, Hannia. Él lucha contra lo que es, está intentando no convertirse en el monstruo que todos esperarían.

—Las palabras le salieron con dificultad, como si al decirlas el peso en su pecho se hiciera aún más fuerte.

La expresión de Hannia osciló entre la sorpresa y la ira contenida.

Su mandíbula se tensó y sus ojos parecían buscar algo más en el rostro de Elena, algo que la ayudara a entender.

—¿Y si no puede evitarlo, Elena? —preguntó, dando un paso hacia atrás, sus brazos cruzados frente a ella, como si necesitara protegerse de la verdad—.

¿Y si, a pesar de todo, termina lastimándonos?

—La duda estaba claramente marcada en su voz.

—No es solo tu vida la que está en juego aquí.

—Hannia, debemos ayudarlo —pidió Elena en tono de súplica

—¿Ayudarlo? —repitió, casi en un murmullo, mientras sus ojos se llenaban de confusión—. Elena, ¿entiendes lo que estás diciendo? Es un demonio. Alimentarse del miedo, devorar la oscuridad… eso es lo que son. ¿Cómo esperas cambiar algo así?

Elena dio un paso hacia ella, su mirada desesperada, buscando la comprensión de su amiga.

Dentro de sí, una ola de culpa la arrastraba.

Sabía que había tomado decisiones arriesgadas, que tal vez había cometido errores al no compartir la verdad antes, pero ¿cómo podía abandonarlo?

Cada día que veía a Erevan luchar contra su propia oscuridad, el dilema se hacía más pesado, y la idea de dejarlo solo era insoportable.

—Lo sé, pero… he visto algo en él, Hannia. Algo que me hace creer que hay más. No solo el demonio. Si él estuviera completamente perdido, no estaría luchando, no estaría rechazando lo que necesita. No puedo dejarlo solo. No cuando sé que también está intentando salvarme a mí.

Hannia permaneció en silencio, sus pensamientos claramente en conflicto. Finalmente, dejó escapar un largo suspiro, y aunque aún había duda en sus ojos, también había una chispa de empatía.

—No sé si puedo entenderlo, Elena… pero si él realmente está intentando luchar contra lo que es, entonces necesita más ayuda de la que pensaba. Solo espero que no sea demasiado tarde para ambos.

—Elena —dijo Hannia lentamente—, he escuchado y leído mucho sobre ellos. Sé de lo que son capaces. Este mundo no está hecho para ellos. No importa cuánto intente resistirse, eventualmente… —hizo una pausa, buscando las palabras adecuadas—. Jamás había visto a uno. — dijo Hannia pensativa.

Elena sintió un escalofrío recorrer su cuerpo al escuchar las palabras de Hannia.

Sabía que había verdad en lo que decía, pero su corazón se negaba a aceptarlo por completo.

Miró a su amiga, sus ojos llenos de confusión y, finalmente, dejó escapar la pregunta que había estado atormentando su mente desde que comenzó toda esta locura.

—Hannia… ¿Quién eres realmente? —preguntó, en voz baja, sus palabras cargadas de incertidumbre—. ¿Qué es lo que eres? Eso que hiciste, es algo que ninguna persona normal podría hacer.

Hannia la observó en silencio durante un momento que pareció eterno. Su expresión cambió ligeramente, como si estuviera debatiendo internamente si debía contarle la verdad o no. Pero al final, solo suspiró y negó con la cabeza.

—No es el momento para eso, Elena —dijo con un tono suave pero firme—.

Lo que importa ahora es que llevemos a Erevan a un lugar seguro antes de que sea tarde.

Aquí no estamos a salvo. Ninguno de nosotros.

—Se inclinó hacia Elena, su rostro mostrando una urgencia palpable—.

Confía en mí. Te lo explicaré todo, lo prometo, pero ahora necesitamos movernos.

Debemos alejarnos de aquí antes de que algo más encuentre a Erevan… y a ti.

Elena sintió una mezcla de frustración y miedo. Sabía que Hannia estaba protegiéndola, pero no podía evitar sentirse arrastrada a un conflicto que no comprendía. Sin embargo, no tenía muchas opciones. Asintió lentamente y, con cuidado, se agachó junto a Erevan para intentar levantarlo.

—¿A dónde lo llevamos? —preguntó Elena, esforzándose por mantener la calma.

Hannia miró hacia la oscuridad del callejón y luego hacia Elena.

—Conozco un lugar —respondió, sin dar más detalles—. Confía en mí, allí estaremos a salvo… por ahora.

Elena tragó saliva y, con la ayuda de Hannia, levantó el cuerpo débil de Erevan. Juntas, se adentraron en los callejones oscuros de la ciudad, cargando con él hacia lo desconocido.