Despertar (A las tres de la mañana 1) Capítulo 11 #3
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Capítulo 11 #3

Su presencia emitía una vibración de hierro frío y ceniza, una energía que no pertenecía al flujo de la vida ni al hambre del abismo, sino a algo antiguo, estéril y punitivo.

No eran hombres, sino sentencias de muerte vestidas de tela y silencio.

Erevan reaccionó de inmediato. Su agarre en la mano de Elena se hizo más fuerte, casi doloroso. Ella dejó escapar un pequeño gemido de sorpresa, sintiendo cómo sus dedos eran aplastados por la fuerza involuntaria de Erevan. El dolor fue lo suficiente para arrancarla de la tranquilidad del momento.

—¡Erevan! —exclamó, luchando por liberar su mano—. ¡Me duele!

Erevan la soltó de inmediato, su mirada era una mezcla de confusión y alarma. Por un momento, pareció haberse olvidado de su propia fuerza, perdido en la sensación de peligro que lo envolvía.

—Lo siento —murmuró, sin apartar la vista de las figuras en la distancia—. ¿Los ves tú también?

Elena siguió su mirada, su respiración se volvió más rápida al darse cuenta de lo que él estaba preguntando. Su corazón se aceleró, y sus ojos se fijaron en las figuras que permanecían inmóviles al otro lado del espacio abierto.

—Sí… —susurró, sintiendo una corriente de temor recorrer su columna vertebral—. Sí, los veo.

Erevan apretó los dientes, y aunque su rostro seguía tranquilo, ella pudo notar la preocupación en su mirada.

Las figuras con los sombreros puntiagudos no se movían, pero su mera presencia hacía que el aire a su alrededor se sintiera más denso, como si estuvieran rodeados por una energía oscura que se acercaba lentamente.

—No podemos quedarnos aquí —dijo Erevan en un tono firme, sin apartar la mirada de las figuras—. Debemos alejarnos, ahora.

Sin más preguntas, Elena asintió. Se giraron rápidamente y comenzaron a caminar en dirección contraria, acelerando el paso mientras las sombras detrás de ellos parecían alargarse y seguirlos en silencio.

La sensación de peligro se intensificaba con cada segundo, y aunque intentaban mantener la calma, el terror latente era innegable.

No se detuvieron hasta que las calles y edificios los envolvieron por completo, ocultando las figuras sombrías que los habían acechado.

Elena, aun con el corazón latiendo con fuerza, no pudo contenerse más. El miedo y la confusión hervían en su interior, mezclándose con la necesidad de entender lo que acababan de presenciar.

—¿Qué fue eso? —preguntó, su voz baja pero cargada de urgencia—. ¿Quiénes eran esas personas? ¿Eran personas siquiera?

Erevan frunció el ceño, todavía desconcertado por lo que acababa de ocurrir. Se detuvo bajo la luz de una farola y se volvió hacia Elena, su expresión más tensa de lo habitual.

—No lo sé —respondió finalmente, su tono reflejaba una mezcla de frustración e incertidumbre—. Definitivamente, parecían humanos… pero su energía era diferente, más oscura, más densa. No se sentían como el resto de las personas en este mundo.

Elena se quedó en silencio por un momento, tratando de procesar sus palabras. Sentía que las piezas del rompecabezas se iban juntando, pero ninguna encajaba todavía.

—¿Podrían ser como tú? —preguntó en un susurro—. ¿Seres que cruzaron desde tu mundo?

Erevan negó con la cabeza, aunque su expresión seguía siendo de duda.

—No. No se parecían a nada de lo que conozco en mi mundo —dijo, mirando hacia el vacío, como si estuviera buscando alguna respuesta oculta en las sombras—. Hay algo en ellos… algo antiguo, algo que ha estado aquí durante mucho tiempo.

Elena tragó saliva, sintiendo una nueva oleada de miedo en su estómago.

—¿Crees que podrían ser… guardianes? —preguntó, recordando las historias sobre los antiguos protectores de los portales que había leído en los libros.

Erevan no respondió de inmediato. Sus ojos oscuros se encontraron con los de ella, y durante un breve momento, compartieron la misma preocupación. Finalmente, Erevan habló, su voz suave pero grave.

—No lo sé, Elena —admitió—. Pero lo que sea, no es algo que podamos ignorar. Las fuerzas en este mundo que no entienden nuestra conexión, y no se detendrán ante nada para mantenernos separados.

Erevan apartó la mirada, como si la idea misma lo atormentara.

—Si son guardianes, están aquí por una razón. Su propósito no es protegernos, sino proteger algo mucho más grande que nosotros, incluso si eso significa destruirnos. Y si no lo son, entonces temo que lo que enfrentamos podría ser aún peor.

Elena sintió un escalofrío recorrer su espalda, pero no era solo el miedo lo que la mantenía inquieta. Era la certeza de que, aunque estaban juntos, lo que venía era mucho más grande y más peligroso de lo que había imaginado.

—No importa lo que sean —dijo, con una determinación que sorprendió a ambos—. Vamos a enfrentarlo.

Erevan la miró con una mezcla de admiración y cautela, pero antes de que pudiera responder, una extraña sensación comenzó a instalarse en el aire a su alrededor, como si algo estuviera observándolos desde lejos.

—Tenemos que estar preparados —dijo Erevan finalmente, sus ojos recorriendo la oscuridad como si esperara que algo más apareciera de las sombras—. Esto… apenas comienza.