Capítulo 10 #5
Elena no apartó la vista de él, notando cómo sus palabras cargaban un peso que ella aún no podía comprender del todo.
—Y, aun así, decidiste cruzar —dijo ella, con una mezcla de admiración y preocupación en su voz.
—Porque no podía seguir observándote desde lejos —admitió Erevan, su tono más suave, esta vez—. No después de sentir lo que provocas en mi ser.
Elena sintió una punzada en su pecho ante la sinceridad de sus palabras.
Había algo profundo y antiguo en Erevan, una parte de él que la hacía sentir vulnerable y conectada de una manera que nunca había experimentado antes.
Pero también sabía que esa conexión traía consigo peligros que ambos apenas comenzaban a comprender.
Siguieron caminando, dejando que las palabras se asentaran entre ellos.
El cielo de Barcelona estaba teñido de un azul profundo mientras las luces de la ciudad danzaban en las ventanas de los edificios, reflejando la vitalidad de la vida urbana que contrastaba con la quietud que sentían ambos en su interior.
Finalmente, después de un rato, llegaron a un pequeño parque, uno de esos rincones tranquilos de la ciudad que parecían existir al margen del bullicio constante. Se sentaron en un banco, y por un momento, todo parecía casi normal. Pero Elena sabía que la calma era solo superficial.
—Hay algo que no te he contado —dijo Erevan, rompiendo el silencio mientras miraba hacia el cielo nocturno.
Elena frunció el ceño, sin apartar la vista de él, esperando que continuara.
—En mi mundo, los demonios sentimos la presencia de cada uno de los nuestros.
Mi ausencia no pasará desapercibida. Tarde o temprano, ellos sabrán que no estoy allí, y comenzarán a buscarme.
Y no lo harán de forma convencional —Erevan hizo una pausa, como si lo que estaba a punto de decir fuera demasiado grave—.
Me buscarán a través de los sueños de los humanos.
Elena sintió un escalofrío recorrer su espalda al escuchar esas palabras. ¿Buscarlo a través de los sueños? Ya sabía que Erevan estaba vinculado a las pesadillas, pero nunca imaginó que cruzar al mundo humano pudiera atraer tanto peligro.
—¿Qué significa eso? —preguntó ella, tratando de mantener la calma mientras las posibilidades se arremolinaban en su mente.
—Significa que cualquier ser humano podría convertirse en un mapa para ellos, usando los sueños como medio para buscar en tu realidad.
Tratarán de acceder a tu mundo a través de las mentes más vulnerables, aquellas que ya han sido tocadas por el miedo o la desesperación.
No saben que yo estoy aquí, pero saben que estoy en algún lugar.
Elena contuvo el aliento. La magnitud del peligro crecía con cada palabra que salía de la boca de Erevan. No era solo cuestión de enfrentarse a demonios del otro lado; ahora, cualquier humano, cualquier mente dormida, podría ser usado por ellos.
—¿Qué podemos hacer? —preguntó Elena, su voz quebrada por el peso de la situación.
—Puedo protegerte en cierta medida mientras estás dormida, pero ellos vendrán, tarde o temprano. Necesitamos encontrar la manera de mantenerte a salvo.
Elena asintió, pero el temor latía en su interior como una advertencia constante. El peligro no solo venía del portal, sino de cada sueño y pesadilla que los seres humanos tuvieran desde ahora. Estaba en el centro de algo mucho más grande de lo que jamás había imaginado.
—Hay que mantenernos vigilantes —mencionó Erevan, con una seriedad que hizo que Elena sintiera el peso de la responsabilidad que ahora compartían—. Barcino es un lugar antiguo, lleno de secretos y símbolos que han existido por siglos. Aquí hay poder, aunque latente.
La belleza y la historia de Barcelona parecían insignificantes en comparación con lo que Elena sentía en ese momento. Había sido testigo de algo más profundo que cualquier monumento o historia de la ciudad. Había sentido su vida cambiar, y ya no había marcha atrás.
—¿Y qué pasa con nosotros? —preguntó ella, su voz, apenas un susurro, mientras buscaba los ojos de Erevan. La pregunta que siempre había rondado su mente, ahora la expresaba claramente.—. ¿Estamos juntos en esto?
Erevan la miró intensamente, como si estuviera sellando algo más que una simple respuesta. Sus palabras, cuando finalmente llegaron, fueron una promesa:
—Estamos juntos… en esto, y en todo —dijo, su tono grave, pero lleno de convicción.
Elena supo, sin necesidad de más palabras, que lo que sentía por él iba más allá de lo que había imaginado. La atracción, el deseo, la conexión… todo cobraba sentido. No importaba lo que sucediera a partir de ahora. Erevan y ella estaban destinados a esto, a enfrentarlo todo juntos.
Erevan le regaló una sonrisa sincera, libre de cualquier sombra o duda. La preocupación que había contenido hasta ese momento se desvaneció, porque ahora lo sabía: Elena estaba con él. Y no estaba dispuesto a perderla.
Estaban sellando algo más que un acuerdo. Sus vidas ahora estaban entrelazadas de una manera que ninguno de los dos podría deshacer.
Mientras ambos se levantaban del banco, sus manos se entrelazaron. No había dudas, ni sombras, ni secretos entre ellos. Solo la certeza de que estarían juntos, sin importar lo que viniera después.