Capítulo 9
REVELACIÓN

Elena se despertó mucho después de que el sol se asomara por el horizonte. El reloj marcaba las 8:30 am. Su mente ya estaba demasiado activa para seguir durmiendo. Intentó hallar una lógica a lo que acababa de soñar, pero por más que lo intentaba, no encontraba nada que aclarara su mente.
Nada de lo que había soñado tenía lógica, y los eventos se mezclaban sin sentido claro. Los hombres que la acosaron estaban en una situación inofensiva, sus amigas parecían no estar completamente presentes, y Erevan estaba cerca, pero inaccesible.
Se levantó de la cama y abrió la ventana, permitiendo que el aire fresco de la mañana entrara en la habitación.
Se quedó ahí, mirando el exterior, su mente sumergida en los eventos recientes.
Algo había estado ocurriendo, como si un muro invisible entre los dos mundos se estuviera desmoronando lentamente.
Ese día, mientras el murmullo de la mañana envolvía todo, cerró los ojos, dejándose llevar por el susurro del viento.
El día apenas comenzaba, y Elena tomó una decisión.
Si Erevan iba a ser parte de su vida, necesitaba desvelarlo por completo, sin más sombras, sin más secretos.
No podía seguir atrapada entre dos realidades, entre la humanidad y lo sobrenatural.
La verdad sobre Erevan era inevitable, y estaba decidida a descubrirla.
Este día tenía que ser diferente, debía aprovechar cada segundo. Necesitaba respuestas. Y no las encontraría esperando a que Erevan apareciera en sus sueños. El mundo real también guardaba secretos.
Después de algunos minutos de reflexión frente a la ventana, cerró los ojos y respiró profundamente.
Sus pensamientos la abrumaban, pero su mente comenzaba a enfocarse.
Decidió salir. Había leído y buscado suficiente en internet; las respuestas no estaban allí, al menos no las que ella necesitaba.
Se vistió rápidamente, con la idea de que tal vez los lugares físicos: los libros, las galerías, los objetos tangibles, podrían ofrecerle algo que los bits y los píxeles no podían.
Si los sueños con Erevan estaban tan arraigados en símbolos y lugares antiguos, tal vez las respuestas estuvieran en textos olvidados o en las pinturas de épocas pasadas.
Recorrió su pequeño apartamento buscando su bolso, recogió su cabello en un moño descuidado y se preparó para salir cuando su teléfono vibró. Valeria le había escrito.
Valeria: ¿Elena? ¿Estás viva?
El mensaje estaba acompañado por un emoji de café y un sol sonriente.
Elena ignoró el mensaje por unos minutos, bajando las escaleras del edificio mientras pensaba en la calavera del puente y la sensación que había sentido al estar cerca. Algo conectaba ese símbolo con Erevan. Y si ella pudiera encontrar la pieza que faltaba…
Su teléfono vibró nuevamente. Esta vez era Hannia.
Hannia: Vamos al mercado, ¿vienes?
Otra distracción. Lo último que necesitaba era desviar su atención en un sábado que prometía revelaciones.
Se detuvo un momento en la entrada del edificio y, casi de forma automática, escribió una respuesta rápida.
Elena: Lo siento, chicas. No puedo. Tengo que hacer unas cosas importantes hoy.
No era una mentira. No completamente.
Había algo más grande que debía atender, algo que no podía compartir con ellas. Sabía que la consideraban un poco extraña últimamente, distante, pero no podían entender lo que estaba sucediendo en su vida.
Decidió ir a la biblioteca. No a una biblioteca cualquiera, sino a una que conocía bien, una que almacenaba antiguos libros de historia y ocultismo.
La biblioteca de Catalunya. Había oído de ciertos volúmenes que mencionaban símbolos similares al del puente y leyendas urbanas que databan de siglos atrás.
Su objetivo era encontrar referencias a esa daga oxidada y a ese puente.
Una convicción íntima la guiaba: los símbolos antiguos siempre albergaban respuestas si uno sabía dónde buscarlas.
Mientras caminaba hacia el metro, su teléfono vibró nuevamente. Valeria insistía.
Valeria: Elena, tienes que salir, ¡es sábado! Necesitamos vernos, desconectar un poco.
Elena mordió su labio, incómoda por la insistencia. Se sentía un poco culpable por mentirles, pero no podía compartir con ellas lo que realmente estaba buscando. Así que se limitó a responder con algo más vago.
Elena: La próxima semana, prometido.
Apenas al entrar a la biblioteca, el ambiente cambió.
El aire se sentía denso y el olor a libros antiguos la envolvió de inmediato.
Recorrió con la mirada las estanterías llenas de volúmenes empolvados.
A pesar del bullicio suave de la ciudad exterior, allí dentro el silencio era casi tangible.
Elena fue directa a la sección de ocultismo e historia medieval.
Pasó sus dedos por los lomos de los libros, buscando títulos que le hablaran de antiguas leyendas o símbolos arcanos.
Necesitaba algo que explicara la conexión entre el símbolo del puente y Erevan.
Después de varias horas hojeando libros, encontró referencias vagas, historias de figuras mitológicas atrapadas entre mundos, condenadas a vagar hasta que alguien las liberara.
“¿Erevan está atrapado?”, pensó. La idea revoloteó en su mente, pero no encontró suficiente evidencia para confirmarlo.
Sin embargo, la sensación de estar cerca de algo importante no la abandonaba.
Cada palabra que leía parecía acercarla más a una revelación, pero siempre faltaba una pieza crucial.
Al salir de la biblioteca, el sol ya estaba ocultándose en el horizonte, y una ligera brisa recorría las calles. Las sombras crecían alrededor de los edificios, recordándole demasiado a las que solían envolverla en sus sueños. Se estremeció, pero continuó caminando hacia su casa.
Sus amigas le escribieron otra vez. Esta vez fue Hannia la que insistía.
Hannia: Elena, necesitamos hablar. ¿Estás bien? Te has estado alejando.
Elena miró el mensaje por unos momentos. Sabía que estaban preocupadas, pero su vida había tomado un rumbo que no podía explicarles. No quería preocuparlas con historias que podrían parecer descabelladas, así que les envió un mensaje rápido y tranquilo.
Elena: Estoy bien, de verdad. Solo estoy cansada y necesito un día a solas, ustedes me entienden.
Llegó a su apartamento, donde la noche ya se había asentado, y se dejó caer en la silla frente a la computadora.
Pero la pantalla seguía sin ofrecerle respuestas.
Solo había leyendas absurdas que mencionaban que la separación de la daga y la calavera, provocaría el derrumbe de la ciudad de Barcelona.
Las sombras en las esquinas de la habitación parecían moverse como lo hacían en sus sueños, pero esta vez no había calma. Había confusión, una mezcla de obsesión y frustración.
Elena miró la ventana, contemplando el oscuro cielo nocturno. Sabía que las respuestas no estaban allí, en la luz de la computadora. Estaban en algún lugar más profundo y más peligroso. Y ella estaba dispuesta a encontrarlas, cueste lo que cueste.
Elena apagó la computadora tras unos minutos de contemplación. A pesar de que la pantalla brillaba frente a ella, ninguna respuesta había llegado.
Un suspiro escapó de sus labios mientras apagaba las luces de su apartamento y cerraba la persiana, dejando que la penumbra envolviera la habitación.
Se dejó caer sobre su cama, cerrando los ojos con la intención de dormirse de nuevo. Estaba agotada, pero su mente no dejaba de girar en torno a sus pensamientos. Necesitaba entender, necesitaba darle sentido a todo esto que le estaba ocurriendo. Y solo había una manera de conseguirlo.
El sueño llegó rápidamente, sumergiéndola en un mundo de sombras, donde todo parecía flotar entre la realidad y la fantasía. La atmósfera era densa, cargada de una energía que reconocía como el espacio donde Erevan solía esperarla.
Ahí estaba él, en medio de la penumbra, su figura más nítida que antes, como si hubiera tomado más sustancia desde la última vez que se vieron.
—Erevan —murmuró Elena, dando un paso hacia él.
Erevan levantó la cabeza, y aunque no dijo nada, brillaba con una intensidad oscura. Parecía más presente que nunca, como si hubiera cruzado nuevamente los límites de su mundo y se hubiera materializado casi por completo.
—¿Cómo es posible? —preguntó Elena, su voz era firme, aunque teñida de confusión—. Lo que sucedió la noche anterior… ¿Cómo pudiste estar ahí? No era un sueño.
Erevan la observó en silencio por un momento antes de responder. Su voz resonaba como un eco profundo que impregnaba el aire a su alrededor.
—Lo que pasó anoche fue algo que ni siquiera yo esperaba. —Admitió, su tono grave y cauteloso—. La luz que emanas, Elena, me da más poder del que jamás pensé tener; no lo entiendo.
Erevan la observó, su mirada intensa, pero suave, como si estuviera eligiendo cuidadosamente sus palabras. Después de una pausa, habló con una voz que resonaba profundamente en el aire, como un eco distante, pero inconfundible.
—La conexión entre nosotros resulta ser más profunda de lo que podemos imaginar —comenzó—.
No es solo una cuestión de sueños o pensamientos.
Lo que siento por ti va más allá de lo que alguna vez consideraste posible.
A través de tu mente, Elena, soy capaz de proyectarme hacia tu realidad.
No de la forma en la que existen las criaturas en tu mundo, pero lo suficiente para influir en él.
Elena frunció el ceño, intentando procesar lo que él estaba diciendo. No era algo que pudiera entender completamente, aun así, sentía la verdad en cada palabra.
—Cuando aquellas medusas te atacaron en el agua —continuó Erevan—, lo que ocurrió no fue casualidad.
Esa sensación que tuviste de que algo te estaba protegiendo, esa fuerza que te permitió escapar…
era yo. Tu miedo y nuestra conexión me brindaron la oportunidad de manifestar mis sombras en tu realidad.
—Aunque solo fue por un breve momento, estuve ahí, a tu lado, proyectado por la intensidad de esto que hay entre nosotros.
Elena recordó el momento vívidamente: la desesperación bajo el agua, las medusas alrededor, la sensación de ser arrastrada por una fuerza invisible, y la certeza que había tenido, incluso entonces, de que no estaba sola.
—¿Entonces eso también fue real? —susurró, más para sí misma que para él.