Despertar (A las tres de la mañana 1) Capítulo 6 #3
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Capítulo 6 #3

Al caer la noche y con la cervecería comenzando a vaciarse, Elena se despidió de Luis con una sonrisa cansada y salió al aire fresco de la calle.

La brisa nocturna le acariciaba la cara, pero no lograba despejar del todo la nube de pensamientos oscuros que la seguía desde el momento en que había dejado su clase de historia del arte.

Se dirigió hacia la estación del metro, caminando entre las calles empedradas del Born, que a esa hora comenzaban a quedarse vacías.

Las luces amarillentas de las farolas proyectaban largas sombras sobre el suelo, y Elena no podía evitar mirar de reojo, preguntándose si esas sombras ocultaban algo más que su propia imagen alargada.

Una vez en el metro, el vagón estaba casi desierto.

Se acomodó en uno de los asientos junto a la ventana, sacó el libro que había comenzado a leer más temprano y lo abrió en la página donde había dejado el marcador.

El tren comenzó a moverse suavemente por las vías, y Elena se dejó llevar por el movimiento, sumergiéndose de nuevo en la lectura.

Esta vez, el texto hablaba sobre la antigua creencia de que los demonios no solo habitaban los sueños, sino que también podían cruzar al mundo real en momentos de debilidad emocional o espiritual.

El miedo, la desesperación, incluso el amor no correspondido, podían crear fisuras entre los mundos que les permitían infiltrarse en la realidad.

Elena frunció el ceño mientras leía esas palabras.

¿Fisuras entre los mundos? Esa idea resonaba en ella, como si de alguna manera confirmara lo que había estado sintiendo en las últimas semanas.

¿Era posible que Erevan no solo existiera en sus sueños, sino también en su mundo?

Y si eso era cierto, ¿qué significaba para ella?

¿Acaso su conexión con Erevan creaba esas fisuras?

Una sensación de inquietud recorrió su columna vertebral.

El tren seguía su trayecto, deslizándose en la oscuridad entre las estaciones.

A medida que leía más sobre los demonios y su capacidad para cruzar el plano físico, Elena sintió un nudo formarse en su estómago.

Había una sección que hablaba de seres que, al encontrar a un humano cuya energía fuera compatible con la suya, podían establecer un vínculo tan fuerte que sus mundos se entrelazaban.

Estos vínculos, sin embargo, rara vez eran benignos. Los demonios no tenían intenciones de amor o protección; buscaban dominar y consumir las almas humanas, alimentándose de sus miedos y emociones.

Elena cerró el libro bruscamente, sintiendo el latido acelerado de su corazón.

La idea de que Erevan pudiera estar vinculándose a ella de esa manera le resultaba aterradora.

Pero, al mismo tiempo, algo dentro de ella se resistía a creer que él fuera como los demonios descritos en esos textos antiguos.

Él había dicho que no podía alimentarse de su miedo, pensó, tratando de calmarse.

Sin embargo, esa duda persistente seguía creciendo en su interior.

¿Y si Erevan solo estaba jugando con ella?

¿Y si había algo más oscuro detrás de su conexión?

El tren llegó a la estación de Bellaterra.

Elena descendió al andén desierto, el eco de sus pasos resonaba en las paredes de la estación.

El aire fuera era más frío de lo que esperaba, y mientras caminaba hacia el sendero que la llevaría a las villas universitarias, sintió cómo la oscuridad del bosque se cernía sobre ella, casi como una presencia palpable.

Las sombras entre los árboles parecían más densas, más reales, y cada sonido del bosque nocturno la hacía estremecerse.

Elena se detuvo un momento en el camino, respirando profundamente, mientras observaba las sombras que se extendían más allá de la débil luz de las farolas.

Había algo en esa oscuridad que le recordaba a Erevan, a su presencia misteriosa y envolvente.

Sabía que no podía seguir ignorando lo que estaba sucediendo.

Tenía que hablar con él, confrontarlo, y entender si de verdad estaba cruzando esa línea entre los mundos.

Mientras se adentraba más en el sendero, su mente seguía dándole vueltas a la idea de que tal vez los sueños no eran el único lugar donde Erevan existía.

Quizá había algo en su vínculo que trascendía las barreras de la realidad y los sueños, algo que los conectaba de una manera más profunda y peligrosa.

Pero, ¿por qué ella? ¿Por qué Erevan había sentido esa atracción hacia su luz?

Y si él no podía alimentarse de su miedo, ¿qué quería realmente de ella?

Elena se detuvo de nuevo, sintiendo cómo el frío del bosque se volvía más penetrante, más cercano.

Se dio cuenta de que, a pesar de todas las respuestas que había buscado en los libros, todavía no sabía lo suficiente sobre Erevan y su mundo.

Necesitaba comprender la conexión que había estado fortaleciéndose, pero sabía que la única manera de hacerlo era enfrentarse a él directamente.

Apuró el paso hacia su apartamento, sintiendo una mezcla de temor y determinación.

Sabía que no podía escapar de Erevan, y lo que era aún más inquietante: no quería hacerlo.

Al llegar a su departamento, dejó caer sus cosas sobre la mesa.

Su mente seguía centrada en una sola idea: debía encontrar la manera de volver a verlo, antes de que esa conexión los arrastrara a un destino sin escape.