Despertar (A las tres de la mañana 1) Capítulo 6 #2
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Capítulo 6 #2

¿Por qué los artistas las retratan así? ¿Tienen alguna base en algo más… real?

La profesora arqueó una ceja, intrigada por la repentina curiosidad de Elena.

—Es una pregunta interesante, Elena —respondió la profesora, cruzando los brazos—.

Los demonios y las representaciones del mal en el arte, especialmente durante el Renacimiento y la Edad Media, provienen de una mezcla de fuentes: la religión, la mitología antigua y, en algunos casos, el folclore local.

Muchos de estos artistas usaron la Biblia y otros textos sagrados como inspiración.

Los demonios en el arte cristiano, por ejemplo, simbolizan las fuerzas del mal que acechan a la humanidad, la tentación, y la lucha interna del alma.

—Pero, ¿hay algo más que eso? —presionó Elena, dando un paso más cerca—. ¿Algo que sugiera que estas criaturas son más que meras invenciones de la imaginación humana?

La profesora frunció el ceño por un momento, pensando cuidadosamente en su respuesta.

Finalmente, asintió, como si decidiera, que la curiosidad de Elena merecía ser satisfecha.

—Hay teorías, por supuesto, —dijo en voz baja, como si compartiera un secreto—.

Algunos estudiosos han propuesto que estos demonios no son solo figuras simbólicas, sino representaciones de miedos colectivos profundamente arraigados, de fuerzas que los antiguos percibían, pero no comprendían del todo.

Si te interesa ahondar en este tema, te sugiero comenzar con los textos de La Demonología Medieval de Jeffrey Burton Russell.

También está La representación del mal en la pintura renacentista, que explora la evolución de estas imágenes a lo largo del tiempo.

Elena tomó en su mente nota de los títulos, sintiendo un pequeño escalofrío recorrerle la espalda.

—Gracias, profesora —dijo con una sonrisa de agradecimiento, aunque su mente estaba ya muy lejos, vagando en los oscuros recovecos que había estado explorando.

—De nada —respondió la profesora con una sonrisa amable—. Es un tema fascinante, aunque un tanto inquietante. Ten cuidado de no dejar que te absorba demasiado.

Elena asintió mientras veía a la profesora alejarse. Las palabras resonaban en su mente: “no dejar que te absorba demasiado”. Pero ¿cómo no hacerlo, cuando todo lo que estaba descubriendo parecía estar conectado a lo que había estado experimentando con Erevan?

Dio un gran suspiro y se encaminó hacia la biblioteca de la universidad. No podía esperar. Necesitaba respuestas, y sabía que los libros que le había recomendado la profesora podían ser el primer paso hacia la verdad.

Una vez en la biblioteca, Elena buscó en los catálogos hasta que encontró los títulos que necesitaba.

Mientras hojeaba las páginas amarillentas de uno de los libros, leyó sobre cómo los demonios eran vistos como entidades reales, con un propósito claro: no solo tentar y condenar, sino también alimentarse del miedo, tal como había dicho Erevan.

La similitud entre lo que estaba leyendo y lo que Erevan le había contado sobre su mundo la dejó inquieta. Los antiguos artistas podían haber captado algo más que simbolismos; tal vez, sin darse cuenta, estaban retratando fragmentos de una realidad oculta a los ojos humanos.

Con los libros bajo el brazo, Elena salió de la biblioteca, su mente llena de teorías, ideas y preguntas. Cada vez sentía más que estaba caminando entre dos mundos, uno visible y otro que apenas comenzaba a develarse ante sus ojos.

Mientras avanzaba por los pasillos hacia la salida del campus, no pudo evitar sentir una presencia familiar en la brisa que acariciaba su rostro. ¿Estaría Erevan vigilándola incluso ahora? ¿O simplemente se estaba dejando llevar por la paranoia?

No podía esperar más. Tenía que encontrar la forma de volver a hablar con Erevan, de obtener respuestas reales. Pero la pregunta que no podía dejar de hacerse era: ¿estaba realmente preparada para saber la verdad?

Durante su trayecto diurno, el tren hacia Plaza Catalunya estaba lleno, como siempre.

Elena apenas logró encontrar un rincón junto a una de las puertas del vagón, resignándose a quedarse de pie.

El tren estaba abarrotado de gente; las conversaciones, risas y el sonido de notificaciones de teléfonos se mezclaban en un bullicio constante.

Pero Elena estaba acostumbrada a ese caos. En vez de dejarse arrastrar por el ruido, sacó uno de los libros que había tomado de la biblioteca y lo abrió con cuidado sobre su brazo, apoyándose en el barandal para leer.

Mientras el tren avanzaba, se perdió en las palabras de la demonología medieval.

El libro hablaba de la coexistencia de planos paralelos, de seres que podían penetrar en los sueños y alimentarse del miedo de los humanos.

No era solo un mito para asustar a la gente en tiempos antiguos; era una representación más profunda de fuerzas que, según algunos textos antiguos, compartían nuestro mundo, aunque no las viéramos.

Elena devoraba las palabras, mientras sus ojos viajaban rápido sobre las líneas, ignorando el vaivén del tren y el calor que sentía por la multitud a su alrededor.

El tiempo pasó volando, y cuando el tren finalmente llegó a su destino, apenas notó que había llegado a Plaça Catalunya hasta que el tren se detuvo con un pequeño chirrido. Guardó el libro con cuidado y salió, caminando con pasos automáticos hacia el barrio Gótico.

A medida que avanzaba entre las estrechas calles de piedra, Elena no podía dejar de pensar en todo lo que había leído.

Había algo familiar en esas leyendas sobre los demonios que habitaban entre los sueños y la realidad, algo que la hacía sentir que lo que estaba experimentando con Erevan iba mucho más allá de una simple conexión onírica.

El ambiente del barrio Gótico estaba impregnado de historia, pero también de algo más, algo que siempre había estado presente, pero que ahora Elena comenzaba a percibir con mayor claridad.

Al cruzar bajo el famoso puente del obispo, no pudo evitar alzar la vista y que su mirada se encontrara con la calavera con una daga incrustada que adornaba la parte baja del puente.

Siempre había oído las leyendas sobre ese símbolo oscuro; decían que si retiraban la daga, la ciudad entera se derrumbaría.

Pero hoy, al observarlo, sintió un escalofrío recorrer su cuerpo.

¿Y si los mundos no estaban tan separados como ella había creído? pensó, observando la daga oxidada. Tal vez las leyendas y los mitos no eran simples fantasías. Quizás ese puente era un umbral entre lo que los humanos podían ver y lo que solo se revelaba a través del miedo y los sueños.

Con esa incómoda sensación, continuó su caminata hacia la cervecería.

Las calles estaban llenas de turistas que sacaban fotos, familias que paseaban tranquilas y locales que seguían su rutina diaria.

A pesar de la normalidad del entorno, Elena no podía evitar sentir que había algo oculto, como si cada sombra entre los edificios escondiera secretos que nadie más podía ver.

Al llegar a la cervecería, se puso su delantal y se preparó para el turno. Luis estaba detrás de la barra, secando vasos con una sonrisa relajada.

—¡Hola, Elena! Hoy vienes con una cara diferente ¿qué, has dormido mejor? —bromeó Luis mientras le lanzaba un vaso.

Elena atrapó el vaso en el aire y sonrió, aunque su mente estaba muy lejos de la ligereza que intentaba proyectar.

—Sí, un poco mejor —respondió, intentando sonar despreocupada—. He estado ocupada con algunas lecturas interesantes.

Luis levantó una ceja con curiosidad, apoyándose en la barra.

—¿Lecturas interesantes?¿Tipo, novelas o algo más oscuro?

Elena vaciló por un momento, recordando lo que había leído en el tren y lo que había pasado por su mente mientras caminaba por el barrio Gótico.

—Digamos que estoy aprendiendo más sobre el lado oscuro de las cosas —dijo finalmente, sin querer dar demasiados detalles.

Luis sonrió, pensando que se trataba de alguna broma o referencia a un libro oscuro de ficción.

—Bueno, no te metas demasiado en el lado oscuro, ya sabes lo que dicen —replicó con una sonrisa—. Es mejor mantener un pie en la luz.

Elena asintió y se permitió reír un poco, aunque sabía que había algo más profundo en sus palabras.

Mientras atendía a los clientes durante el día, su mente volvía una y otra vez a Erevan, a las sombras que se escondían entre las calles de Barcelona y a las leyendas antiguas que cada vez parecían menos mitos y más verdades distorsionadas por el tiempo.