Capítulo 4 #2
Los enviados de la oscuridad: Demonios en los sueños humanos. Hizo clic, ansiosa por leer más.
La página estaba mal diseñada, con un formato confuso y una mezcla de imágenes perturbadoras y texto mal alineado.
Aun así, algo en la introducción capturó su interés.
Hablaba sobre entidades que habitaban en un plano diferente al de los humanos, pero que se alimentaban del miedo generado durante los sueños.
Elena leyó con más detenimiento. Los demonios oníricos, decía el artículo, eran capaces de penetrar en los sueños humanos, aprovechando las emociones negativas para fortalecerse. Se alimentaban del miedo, la ansiedad, la desesperación.
Siguió leyendo, completamente absorta en las palabras que parpadeaban en la pantalla.
Cada párrafo parecía llevarla más profundo en un mundo que solo había conocido a través de sus sueños.
El artículo continuaba describiendo a los demonios oníricos con mayor detalle, revelando algo que no había esperado leer: esos demonios no pertenecían al mundo de los sueños.
Usaban ese reino como un puente, un canal entre su propia dimensión y la de los humanos.
El mundo onírico era solo una herramienta para ellos, una manera de acceder a la energía humana.
“Ellos no viven en los sueños,” leyó Elena, sintiendo cómo el aire se volvía más espeso a su alrededor.
“Los demonios oníricos provienen de un mundo distinto, una dimensión que está más allá, un lugar que los humanos desconocen. Solo en los sueños pueden interactuar con los mortales, aprovechando las emociones más profundas y oscuras para fortalecerse.”
La idea le provocó un escalofrío que recorrió su espina dorsal.
Eso explicaba por qué el mundo de los sueños se sentía tan extraño, tan ajeno a todo lo que conocía.
No era solo su subconsciente el que estaba siendo invadido.
Era un campo de batalla, una puerta que conectaba dos mundos completamente distintos.
Elena se inclinó hacia la pantalla, sus dedos nerviosos tamborileando sobre la mesa.
El artículo hablaba sobre jerarquías entre estos seres, cómo algunos demonios eran mucho más poderosos que otros y, en raras ocasiones, algunos de ellos podían desarrollar intereses o conexiones con los humanos más allá del miedo que generaban.
Un nuevo párrafo llamó su atención. “Existen reportes muy antiguos de demonios que, atraídos por la luz de ciertos seres humanos, desarrollan una obsesión que va más allá del terror. Estos demonios, aunque reticentes al principio,
pueden llegar sin saber a proteger a su objetivo en lugar de destruirlo, confusos por la dualidad de la energía que experimentan.”
Elena se detuvo en seco, su respiración contenida.
“¿Proteger?”, susurró para sí misma, sin poder procesar del todo lo que estaba leyendo.
La Sombra la había salvado en el mar, de eso estaba segura.
Pero ahora todo tomaba una nueva dimensión.
Si la Sombra no solo era un demonio cualquiera, sino uno que estaba conectado a ella por razones que aún no comprendía…
¿Qué significaba eso? ¿Por qué la había elegido a ella?
Elena se recostó en su silla, sus pensamientos estaban enredándose más de lo que ya estaban.
Por un lado, sentía miedo. Después de todo, estaba tratando con una entidad que pertenecía a un mundo ajeno al suyo, y cuya naturaleza era peligrosa.
Pero, por otro lado, no podía ignorar la sensación de seguridad que había sentido cuando la Sombra la había protegido.
No podía negar la conexión que había entre ellos, por muy extraña que fuera.
El silencio en la habitación era profundo, solo interrumpido por el suave zumbido de la laptop.
Se mordió el labio, su mente procesando todo lo que acababa de leer.
La verdad era que no tenía idea de cómo enfrentar lo que venía.
La información que había encontrado no le proporcionaba respuestas claras, solo más preguntas.
Elena se levantó de su silla y comenzó a caminar por la habitación, su mente intentando ordenar los fragmentos de información. Había una jerarquía entre los demonios, lo cual significaba que la Sombra no era la única de su tipo. Eso la hizo sentir una mezcla de inquietud y fascinación.
Si la Sombra había roto alguna regla al interesarse por ella, ¿qué significaba para ambos? ¿Podría haber consecuencias?
De repente, el sonido de un mensaje en su teléfono la hizo sobresaltarse.
Era un mensaje de Valeria, que preguntaba sobre sus planes para más tarde.
Elena observó el mensaje por un momento antes de suspirar profundamente.
Por ahora, no podía decirle nada a sus amigas.
Esto era demasiado extraño, demasiado peligroso como para compartirlo con ellas.
Tenía que seguir fingiendo normalidad, como siempre.
Se obligó a ignorar el mensaje, escudándose en la hora de la madrugada en la que había llegado; su mente estaba lejos de cualquier conversación trivial.
“Necesito entender más,” pensó mientras apagaba la laptop y se dejaba caer de nuevo en la cama. “Necesito encontrar a la Sombra de nuevo y preguntarle directamente. Ya no puedo evitarlo.”
Las palabras del artículo resonaban en su mente, mezclándose con la imagen de la Sombra en sus sueños.
Ese ser oscuro que la había observado, acechado, y ahora…
¿Protegido? Elena sentía que estaba al borde de descubrir algo importante, algo que cambiaría su vida para siempre, pero también temía lo que eso podría significar.
Sabía que, de una manera u otra, tendría que enfrentarse a la Sombra de nuevo, y cuando lo hiciera, no se iría sin respuestas. No podía seguir viviendo en esa incertidumbre, en esa línea borrosa entre lo real y lo onírico.
Elena se preparó mentalmente para lo que sabía que vendría. Se recostó en su cama, con el camisón de satín acariciando su piel mientras apagaba la luz.
El silencio de la madrugada envolvía su habitación, pero en su interior, su mente estaba lejos de la calma. Cerró los ojos, sabiendo que, esta vez, buscaría a la Sombra en sus sueños.
El sueño tardó en llegar, cuando al fin se dejó llevar por él, todo comenzó de manera tranquila. Caminaba por un prado iluminado por la luz de una luna llena, las hojas de los árboles meciéndose suave con la brisa. En lo profundo de su ser, Elena sabía que esto era solo el preludio.
Caminó decidida, sabiendo que Sombra estaba en algún lugar de ese vasto paisaje. La búsqueda la llevó por un camino serpenteante hasta que la oscuridad familiar comenzó a infiltrarse en el paisaje. Las sombras se alargaron, el aire se volvió más denso, y pronto lo sintió.
La Sombra estaba allí, observándola desde algún lugar entre las penumbras.
—Sombra —llamó, su voz firme, aunque su corazón latía con fuerza—. Sé que estás aquí. Quiero hablar contigo.
El silencio la rodeó por un momento que pareció eterno, hasta que una figura emergió de entre las sombras. La Sombra, envuelto en una penumbra densa, se acercó poco a poco a ella, pero esta vez no hubo amenaza en su presencia, solo una extraña sensación de reconocimiento.
—¿Por qué me salvaste? —preguntó Elena, su voz temblando, pero decidida—. ¿Qué es lo que quieres de mí?
La Sombra no respondió. En su lugar, la observó, sus ojos, o lo que fuera que usara para percibir el mundo, clavándose en ella con una intensidad insondable. Su voz vibrante resonó en el aire, profunda y llena de algo que Elena no pudo identificar.
—Eres diferente —respondió Sombra, su tono neutral pero cargado de significado—. Tu luz… brilla más allá de lo que puedo comprender.
Su cuerpo temblaba al escuchar esas palabras. Su luz. Esa era la segunda vez que él mencionaba algo sobre su luz, pero ella no entendía a qué se refería. ¿Cómo podía ella, una simple humana, afectar a un ser como él de esa manera?
—¿Qué significa eso? —preguntó, intentando obtener más respuestas—. ¿Por qué te importo?
La Sombra dio un paso hacia delante, y aunque su figura seguía siendo imponente, no sintió el mismo terror que antes. Había algo más en él, algo que iba más allá del miedo.
—No lo sé —respondió Sombra, su voz más suave, casi introspectiva—. Mi existencia se ha basado en el miedo, en la oscuridad. Pero contigo… todo es diferente.
Elena lo miró con una mezcla de curiosidad y cautela. No sabía en qué estaba a punto de involucrarse, pero estaba más decidida que nunca a averiguarlo.
—Entonces, ¿qué sucede ahora? —preguntó, con una chispa de valentía en sus palabras.
La sombra permaneció en silencio por un momento antes de responder.
—Eso es algo que también me pregunto —dijo con una voz que resonaba como un eco lejano en una caverna profunda, cargada de misterio.
Elena frunció el ceño, sintiendo que tenía una oportunidad única para entender más sobre él. No podía dejar pasar el momento.
—¿Qué eres en realidad? —preguntó con cautela, sin dejar de observar la figura nebulosa que tenía frente a ella.
La Sombra se mantuvo en silencio por unos instantes, como si estuviera considerando qué decir. Después de un momento, su voz profunda volvió a llenar el aire, aunque esta vez parecía más reflexiva.
—Lo que ves es solo una manifestación, una bruma que se desliza entre los velos del mundo onírico.
No soy de este lugar, ni de tu mundo —la voz de la Sombra resonó con un eco antiguo, como si cada palabra estuviera cargada de siglos de conocimiento olvidado—.
Mi verdadera esencia habita en un plano que tu mente jamás podría abarcar.
Este es el único modo en que puedo existir aquí, en tus sueños.
Elena parpadeó, tratando de procesar lo que acababa de escuchar.
Lo que tenía frente a ella no era la verdadera entidad, sino una proyección, una sombra tenue en el punto en que ambos mundos se rozaban de manera efímera.
Lo que veía era solo un reflejo, una apariencia superficial de algo mucho más complejo y vasto.
—Si no estás aquí, entonces… ¿Cómo puedes hacerme daño? —preguntó Elena, sintiendo cómo la incertidumbre y el miedo se mezclaban en su voz.
—No puedo —respondió la Sombra con una calma perturbadora.
—Pero… en mis sueños, siento el miedo, siento el dolor —insistió Elena, su voz quebrándose con la intensidad de los recuerdos de noches llenas de angustia.
—Exacto. Solo son eso, sueños. Pero tu mente, humana y frágil, es a la vez asombrosamente poderosa.