Capítulo 3 #3
Era algo más, algo real. Y la obsesión por descubrir la verdad comenzaba a crecer dentro de ella, imparable, como un fuego que no podía apagar.
—Elena, ¿cómo estás, estás bien? —La voz de Valeria la sacó de sus pensamientos.
Elena parpadeó, obligándose a enfocarse en sus amigas. Sonrió, pero la sonrisa era débil, forzada.
—Sí, estoy bien. Solo… pensando.
Valeria la observó por un momento, su mirada era escéptica, pero dejó pasar el comentario y volvió a la conversación con Hannia. Sin embargo, Elena ya no estaba allí con ellas. Mentalmente, estaba lejos, en otro lugar, un lugar donde las sombras y las respuestas la esperaban.
Cada pequeño detalle de su vida cotidiana se veía ahora teñido por la presencia de la Sombra, como si su realidad estuviera entrelazada con algo mucho más grande de lo que podía comprender. Quería saber más. Necesitaba saber más.
Mientras se recostaba en su toalla y miraba el cielo azul sobre ella, una única pregunta resonaba en su mente, persistente y aterradora. ¿Quién es la Sombra? Y más importante aún, ¿por qué a ella?
La tranquilidad de la playa no podía competir con el torbellino de pensamientos que la arrastraba hacia el abismo. Aunque estaba rodeada de sus amigas, la distancia entre ellas parecía aumentar con cada segundo que pasaba.
Elena sabía que, tarde o temprano, tendría que enfrentarse a las respuestas que tanto temía.
Pero, por ahora, tendría que seguir fingiendo normalidad. Sonrió débilmente mientras observaba a Hannia y Valeria discutir sobre dónde ir a cenar más tarde, pero por dentro, su mente ya estaba planeando su próximo movimiento. No podía escapar de Sombra, ni tampoco quería.
Se había dado cuenta de que comenzaba a obsesionarse con la sombra y lo que ella le provocaba, con ese misterio que emanaba de ella y que sentía la necesidad de desvelarlo.
Elena seguía sumergida en sus pensamientos cuando dos figuras familiares se acercaron a su grupo. Levantó la vista y reconoció a Alex y Dani, dos chicos de su universidad, ambos con sonrisas despreocupadas y el bronceado típico de los que pasaban la mayoría de su tiempo libre en la playa.
—¡Eh, chicas! —saludó Alex con su tono jovial y encantador, mientras Dani levantaba la mano en un gesto amistoso—. Justo las estábamos buscando. ¿Qué plan tienen para cenar?
Valeria fue la primera en reaccionar, girando sobre su toalla con su bikini brillando bajo el sol.
—Aún no lo hemos decidido —dijo con una sonrisa coqueta, consciente de la mirada que Alex le lanzaba—. ¿Alguna sugerencia?
—¿Qué tal “Ca la Monse”? —propuso Dani, rascándose la nuca mientras miraba a Hannia, quien le devolvió una sonrisa—. Es una arrocería tradicional y deliciosa. Podríamos ir todos juntos, una buena cena para terminar el día de playa.
Valeria intercambió una mirada rápida con Elena y Hannia, como buscando la aprobación silenciosa de sus amigas.
—Suena bien —dijo Elena, intentando mantenerse en el presente a pesar de los ecos de su mente, siempre volviendo a Sombra—. Hace tiempo que no vamos por allí.
Hannia asintió, levantándose de su toalla, con un movimiento fluido.
—Perfecto, entonces está decidido —dijo Dani, mientras se sacudía la arena de los pies y miraba a Elena con una leve sonrisa—. ¿Medusas?
Elena se quedó en silencio por un momento, mirando las pequeñas marcas rojizas que las medusas habían dejado en su piel. Las sentía aún arder un poco, aunque había algo más profundo que la incomodaba, una sensación que no podía sacudirse tan fácil. Se frotó el brazo, pensativa.
—Sí… —respondió, sin mucha convicción—. Solo son picaduras, nada que no sane con el tiempo. Ca la Monse está perfecto. Además, necesito una buena paella después de tanto sol —bromeó, estirándose.
Valeria, entusiasmada con la idea, saltó ágil de su toalla y agarró sus cosas.
—¡Perfecto! Pero antes, nos enjuagamos rápido para quitarnos toda esta arena —dijo, sacudiéndose con energía mientras las demás la imitaban.
El grupo se dirigió a las duchas públicas cercanas.
El agua fría aliviaba el calor acumulado del día, arrastrando la arena y dejando una sensación de frescura en la piel.
Valeria fue la primera en vestirse con un vestido ligero de color blanco que resaltaba su bronceado.
Elena llevaba un conjunto sencillo, unos shorts de mezclilla y una blusa sin mangas que le permitía moverse con libertad.
Hannia, siempre práctica, traía un pantalón de lino y una camiseta suelta que complementaba su estilo relajado.
Después de arreglarse, caminaron juntos hacia el restaurante, disfrutando del suave calor de la tarde que comenzaba a desvanecerse mientras el sol se escondía tras los edificios de la ciudad.
El interior de “Ca la Monse” era acogedor y cálido, decorado con madera oscura y cuadros antiguos de paisajes costeros que reflejaban la tradición del lugar. El aroma a mariscos y especias inundaba el aire, haciendo que el estómago de Elena gruñera de anticipación.
Se sentaron alrededor de una gran mesa, y Alex, como era habitual, se ubicó justo al lado de Valeria. No pasó mucho tiempo antes de que comenzara a hacer comentarios divertidos y elogios apenas disimulados.
—Valeria, ese vestido te queda increíble —dijo, inclinándose hacia ella con una sonrisa torcida—. Pero bueno, claro, podrías ponerte cualquier cosa y, aun así, seguirías siendo la más guapa del lugar.
Valeria rio, pero su mirada traviesa dejaba claro que estaba jugando con él.
—¿Estás seguro de que no me estás confundiendo con alguna chica que conociste en la playa? —replicó, fingiendo inocencia mientras levantaba una ceja.
Elena y Hannia intercambiaron miradas divertidas mientras la conversación entre Valeria y Alex comenzaba a calentarse.
Dani, sentado al otro lado de la mesa, intentaba sin éxito involucrar a Hannia en una conversación sobre alguna serie que ambos seguían, pero cada vez que intentaba captar su atención, ella no podía evitar espiar el juego entre Valeria y Alex,
disfrutando de la tensión cómica que se desarrollaba a su alrededor.
—¿Entonces, chicas? —preguntó Alex, ignorando el aire despreocupado de Valeria—. ¿Se apuntan a otra fiesta después de esto? Conozco un lugar que abrirá una nueva terraza y podríamos continuar la diversión.
Valeria jugueteó con su vaso de vino, pensativa, pero al final negó con la cabeza.
—Hoy no, querido. Ya tuve suficiente de bailar por ahora —dijo con una sonrisa suave pero definitiva.
—Vaya, ¿en serio? —Alex parecía de verdad decepcionado, pero lo ocultó tras una risa ligera—. Siempre puedo contar contigo para la próxima.
—Siempre habrá una próxima —dijo Valeria, guiñándole un ojo de manera juguetona.
Mientras tanto, Elena y Hannia intercambiaban risitas.
—Este chico no se rinde, ¿eh? —susurró Hannia a Elena, tapándose la boca para no estallar en carcajadas.
Elena asintió, aunque su mente seguía divagando. A pesar de las risas y la camaradería, el pensamiento de la Sombra continuaba sobre ella, como una presencia constante que no podía sacudir, incluso en medio de una cena tan animada.
La paella llegaba a la mesa, dorada y humeante, y los aromas llenaban el aire, Elena intentaba concentrarse en el momento.
Pero cada vez que miraba hacia el mar a través de las ventanas del restaurante, no podía evitar pensar en lo que había sucedido.
Y, por encima de todo, en lo que vendría después.
Elena sonrió, levantando el tenedor mientras sus amigos reían y conversaban animados a su alrededor.
Pero en el fondo, sentía que estaba en otro lugar, atrapada entre la comodidad del presente y la inquietante oscuridad del futuro. El ruido del restaurante se desvanecía, y por un momento, todo lo que existía era el murmullo del mar y el eco persistente de las sombras en su mente.