Capítulo 6
La llamada con Priya era en principio sobre números.
Priya Mehta llevaba en Caldwell Imogen estudió la carta durante un momento con la misma atención que le prestaba a cualquier documento, lo cual Sarah encontró, en lugar de excesivo, completamente coherente.
Cuando llegaron las copas, Sarah apoyó los codos en la mesa y miró a Imogen.
—Priya cree que me he vuelto rara —dijo.
Imogen levantó una ceja.
—¿En qué sentido?
—En el sentido de que dice que llevo semanas diciendo que el trabajo va bien sin decir nada más.
—El trabajo va bien.
—Sí —dijo Sarah—. Eso es lo que le digo.
Hubo un momento. No un silencio incómodo, sino el tipo de pausa que ocurre cuando dos personas están leyendo la misma página y ninguna ha decidido todavía si pasar a la siguiente.
Imogen miró su copa. Luego a Sarah.
—Tim también ha dicho algo —dijo—. No directamente. Pero lo ha dicho.
—¿Qué ha dicho?
—Que últimamente llego a las reuniones con mejor humor.
Sarah se rió. Imogen no se rió, pero dejó que la comisura derecha hiciese su trabajo durante un segundo y medio, que era, Sarah había comprobado, su máximo registrado hasta la fecha.
—Eso es un problema —dijo Sarah.
—Posiblemente.
Afuera, un autobús pasó por la calle. Dentro, la luz seguía siendo del color de las siete de un viernes que nadie tenía prisa por terminar.
Sarah cogió su copa. No dijo nada más, y Imogen tampoco, y eso era también, descubrió Sarah, suficiente.