Deshechizada (Reembrujada 2) Capítulo 26. La cosa más rara del mundo #3
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Capítulo 26. La cosa más rara del mundo #3

—Bueno, ese es el problema —vaciló Maeve, frustrada—.

Sentí que mi intuición ardía en llamas desde el momento en el que dejé este lugar.

Pensé que la presencia era fuerte mientras estaba aquí, pero la primera noche que me encontré sola de nuevo, me siguió…

y era como si todo se iluminara de rojo.

Como si tuviera una advertencia para mí.

Sabía que necesitaba hablar con ella, que tenía algo que decirme.

Así que intenté que sucediera, pero no pude mantener el hechizo de Nigromancia.

Intenté seguir las instrucciones de mi grimorio, pero la conexión no dejaba de fallar.

No tenía ni idea de lo que intentaba hacer.

—¿Me estás diciendo que nunca antes habías tenido una charla informal con un espíritu atormentado, niña? No suena propio de ti —bromeó Hal. Maeve le lanzó una mirada fulminante y él le devolvió una mueca.

—Creo… creo que está intentando decirme que estoy en peligro —concluyó Maeve con incertidumbre.

—Entonces tenemos que hablar con ella. Como es debido. —Hal se dio una palmada decisiva en los muslos—. Todos sabemos que tu intuición no se puede tomar a la ligera. Podemos encargarnos de esto. Juntos.

—¿Y qué propones, entonces? ¿Una sesión de espiritismo? —gimió Annie mientras él se levantaba.

La idea era una auténtica locura. Ella siempre había creído con firmeza que nada bueno podía salir de ese tipo de magia siniestra. Lo había vivido en sus propias carnes, arrastrada por la marea arrolladora del Splendidus Infernum . No le había traído más que angustia.

—Bueno, ¿y por qué no? La niña ya ha establecido contacto; ha abierto la puerta a sea lo que sea o quienquiera que sea este espíritu.

Y no la van a dejar en paz hasta que descubramos cuál es su problema.

De hecho, es probable que esa chica-espíritu ya esté aquí —supuso Hal con tanta naturalidad que a Annie le dieron ganas de tirarle la galleta a la cabeza.

—Desde luego que no —exclamó ella con firmeza, con un golpe de la mano en el aire—. Ni hablar.

—Pero por eso estoy aquí, por eso he vuelto: para que me ayudes a hacerlo bien. ¡Es Halloween! Es el momento perfecto —insistió Maeve, con voz quejumbrosa mientras golpeaba la mesa con el dedo para enfatizarlo.

Annie frunció el ceño al darse cuenta de que, sí, quizá Maeve tuviera razón en eso, como de costumbre… Pero no era tan sencillo. Se aferró a cualquier motivo posible para convencerse de que aquello era una idea pésima.

—Aunque quisiéramos —intentó Annie—, necesitaríamos algún tipo de imagen o vínculo afectivo con el espíritu para garantizar que funcione.

Una foto, un objeto… Las sesiones de espiritismo nunca salen bien sin algún vínculo identificable con el espíritu y ni siquiera sabemos quién es.

No puedes abrir una conexión al azar, Maeve.

Entiendo que te guste la idea de tener una amiga fantasma, pero…

—Es ella —soltó Maeve de golpe. De inmediato empezó a morderse el interior de la mejilla, como si se arrepintiera de haberlo dicho en voz alta.

Con vacilación, buscó la mochila bajo la mesa del comedor para abrir la cremallera y sacar el cuaderno de bocetos más lleno de su colección.

Lo dejó caer sobre la mesa con un golpe seco que hizo que las orejas de Karma se echaran hacia atrás.

Pasó las páginas a toda velocidad: montones y montones de los mismos bocetos, una y otra vez.

La chica de pelo oscuro que había dibujado.

—Es ella quien ha intentado hablar conmigo —dijo Maeve—.

Por eso llevo tanto tiempo dibujándola. Siempre la he podido ver en mi mente y la imagen se volvió más intensa cuando despertó mi magia.

He pasado mucho tiempo intentando recomponer su rostro a medida que se volvía más nítido.

Luego todo se volvió aún más claro y definido cuando llegamos a la Cabaña Arden y la vi. Necesito hablar con ella.

Annie vaciló. Había dado por hecho que la chica era un amor platónico del instituto o quizá un personaje de algún libro por el que Maeve sentía debilidad. Pero se trataba del espíritu que, por una razón u otra, la había elegido para manifestarse.

Con el tiempo, los bocetos se habían vuelto más detallados y realistas, hasta el punto de que los más recientes parecían auténticos retratos fotográficos gracias al talento artístico de Maeve.

Al examinarlos más de cerca, a Annie empezó a surgirle una sospecha inquietante. No podía ser posible…, ¿o sí?

—Bueno, todo esto es muy intrigante, ¿verdad?

—Annie sacudió la cabeza con vehemencia mientras sus mejillas empezaban a ponerse rojas—.

Pero, jovencita, si crees que voy a permitir que celebres tu primera sesión de espiritismo a los quince años para contactar con un fantasma atormentado y sin identificar, estás muy equivocada.

Una hora más tarde, Hal y Annie se preparaban lo mejor que podían para que la joven bruja celebrara su primera sesión de espiritismo a los quince años para contactar con un fantasma atormentado y sin identificar.