Deshechizada (Reembrujada 2) Capítulo 18. Escenas familiares #3
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Capítulo 18. Escenas familiares #3

—Sé que se te habrá pasado por la cabeza lo mismo que a mí, teniendo en cuenta que ambos conocemos bastante bien el funcionamiento interno de Selcouth.

—Hal bajó la voz y se acercó más a Annie para hablar casi en susurros.

Se apoyó junto a ella en la puertecilla baja del establo, que estaba entreabierta; los dos cruzaron los brazos sobre la madera y se quedaron mirando al interior, observando cómo Mage volvía a su fardo de heno porque las manzanas se habían acabado—.

Una niña que habla con los espíritus, que monta sin querer una sesión de espiritismo, una necromancia potente a la tierna edad de quince años…

Podríamos decir que no será plato de buen gusto entre los ancianos.

Annie lo miró de reojo, sin decir palabra; el corazón le latía con fuerza. ¿Sabía algo?

—Que una adolescente perciba una presencia del otro mundo no es nada fuera de lo común —prosiguió Hal, como si sopesara sus propios pensamientos a medida que brotaban—. Pero ¿que se comuniquen con ella? ¿Que la usen como portavoz o canalicen a través de ella? Aquí pasa algo. Esto augura problemas.

Annie contuvo el aliento mientras intentaba articular qué decir a continuación, cómo disipar las sospechas de Hal lo más rápido posible.

Pero no logró movilizar su imaginación con la rapidez suficiente para arreglarlo.

Se sentía como una polilla que vuela demasiado cerca de una llama, batiendo frenética las alas para mantenerse en el aire sin llegar a tocar el fuego.

El hechizo ya estaba fallando; quizá su decisión de poner fin a su control había afectado ya a su potencia.

En lugar de encontrar una respuesta conciliadora que arreglara las cosas, Annie sintió como si se incendiase por dentro, irritada y a la defensiva ante el tono de sospecha en su voz.

Nada de eso era culpa de Maeve; era algo que tenía que quedar claro.

—Maeve no es un problema —dijo con firmeza. Aquella única y feroz llamarada de ira le resultó extraña por lo intensa que era.

Hal vaciló ante la expresión fulminante de Annie.

—No estoy diciendo que lo sea. Es una buena chica.

—Entonces, ¿qué estás diciendo? ¿Qué propones? ¿Por qué tengo la sensación de que estás a punto de soltar algún gran plan?

Él pareció un tanto sorprendido.

—No lo decía en ese sentido, no me refería a que ella sea el problema. Me refiero a que puede traernos problemas. Aquí. Si no averiguamos cómo protegerla como es debido.

Annie parpadeó.

—¿A nosotros?

Las mejillas de Hal se sonrojaron de nuevo y se encogió de hombros, incómodo.

—No a nosotros, pero… no sé. Solo pensaba preguntarte si necesitabas a alguien con quien hablar del tema. Desde mi punto de vista, parece mucha presión y mucha responsabilidad sobre tus hombros intentar arreglarlo todo tú sola. A veces es más fácil solucionar las cosas cuando hay un «nosotros».

Annie pareció quedarse paralizada, tanto física como mentalmente.

Una maraña de pensamientos confusos le inundó la cabeza, tan desconocidos que no estaba segura de cómo descifrarlos.

Pero, en medio de aquel caos, pudo reconocer que, por encima de todo, lo que sentía era alivio.

Ahí estaba. Una oferta de apoyo. Un consuelo tan curioso y tan envolvente en su amabilidad y sinceridad que pensó que las piernas podían fallarle.

En lugar de eso, apretó con fuerza el borde superior de la puerta del establo y hundió las uñas en la madera húmeda.

Forzó la mirada hacia las copas de los árboles y respiró hondo mientras sentía que le ardían los ojos y la nariz.

—No soy muy hablador —se disculpó Hal con voz ronca, consciente de que le correspondía a él romper un poco más el silencio—.

Como ya habrás notado a estas alturas. Pero sé escuchar.

Supongo que por eso a los animales les caigo bien desde que era un crío.

Así que… No digo que tengas que hacerlo, claro.

Pero si quieres… —Giró la cabeza para mirarla y su mano quedó suspendida en el aire, como si debatiera consigo mismo si ponerla sobre la de ella.

En vez de eso, dio su característico y concluyente golpecito en lo alto de la valla—.

Puedes hablar conmigo. Me gustaría apoyarte.

Sea lo que sea lo que esté pasando aquí, es mucho, pero lo arreglaremos juntos.

Annie no encontró palabras que no abrieran compuertas imposibles de cerrar.

En su lugar, se limitó a asentir en silencio; esperó con todo su corazón que Hal entendiera lo que quería decir con ese gesto.

La vida sin el hechizo que atenuaba a toda velocidad los sentimientos más intensos y suavizaba el impacto de los malos pensamientos ya estaba resultando difícil de manejar, y aún no había desaparecido por completo de su organismo.

—En fin, Mage necesita un cepillado, y sé que ya se ha percatado de tus dotes para trenzar esa cola tan bonita que tiene. No puedo decir que las mías estén a la altura. ¿Qué te parece? Incluso puede que te deje añadir unas cuantas flores si hay manzanas de por medio.

Hal hurgó en su bandolera y sacó un cepillo, que le tendió a Annie. Las yemas de sus dedos se rozaron con el más leve contacto.

—Gracias —susurró casi para sí. Primero a él, por el cepillo, y después a las fuerzas sobrenaturales que hubieran intervenido para que aquellos pastelitos de la amistad resultaran ser una receta tan potente.