Deshechizada (Reembrujada 2) Capítulo 6. La extraviada #4
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Capítulo 6. La extraviada #4

—Te seré sincera, Wildwood. —Morena se puso en pie y se dirigió a la chimenea con las manos entrelazadas tras la espalda, con sus botines en punta repiqueteando sobre la pálida piedra—.

No es ningún secreto que consideramos que en Selcouth te espera un futuro brillante.

Es evidente para cualquier brujo o hechicero con dos dedos de frente, aunque no hay tantos como te imaginarías, que exudas una afabilidad natural.

Tienes la intuición y la ambición que me gusta ver en una joven bruja entre nuestras filas.

Annie esbozó una sonrisa radiante.

—No obstante, también eres bastante blanda a veces —continuó Morena, y a Annie le desapareció la sonrisa de la cara. Encorvó los hombros al enfrentarse a esa pequeña crítica—. Pero supongo que tu… naturaleza amable podría serle beneficiosa a una joven que necesita directrices.

—Como has dicho, soy demasiado blanda —admitió Annie—. No sabría ni por dónde empezar.

—No hace falta ser un genio, Andrómeda. ¿Qué se lleva hoy en día? Estoy segura de que los jóvenes no van más allá de la música rock y el satanismo. Eso unido a un espantoso delineador de ojos —sentenció Morena, encogiéndose de hombros.

—No creo que le sirva de mucha ayuda —insistió Annie, dudando de sí misma como acto reflejo.

Morena soltó un bufido y el silencio se alargó lo suficiente para que Annie se viera obligada a interrumpirlo—.

Pero… quizá podría venir a la pastelería conmigo, ¿no?

Tal vez tenga incluso un don para la brujería azucarada —comentó, sintiendo una burbuja de emoción, al mismo tiempo que su imaginación se ponía a trabajar.

Su mente vagaba por todas las tentadoras posibilidades de tener una miniyó bajo su ala, de moldear a la bruja más prometedora e impecable que Selcouth había visto desde…

bueno, desde ella misma. Los bolígrafos con pompón se moverían al unísono y el revoloteo mágico de manos y muñecas iría al mismo ritmo.

Añadirían ingredientes peculiares idénticos en la elaboración de pociones y explotarían las pompas de chicle a la vez al darles la vuelta a las cartas de tarot.

La posibilidad de usar capas a juego que provocarían las delicias de todo el aquelarre cada vez que presentara a su protegida…

—Selcouth tiene un denso historial sobre mentorías en relación con el sistema de magia —le explicó Morena—.

El grimorio anima a compartir conocimientos y experiencias.

Pero, dada la naturaleza de la estudiante, su juventud e ingenuidad respecto a nuestro mundo, el trabajo sin duda presentará desafíos únicos y exigentes.

Annie titubeó. Esperaba que lo hubiera hecho de forma imperceptible, incluso ante la mirada astuta de Morena.

Si era realista, no llegaría a todo, ¿verdad?

La pastelería, la Sortiedad y sus amigas, el trabajo en el aquelarre…

Sería imposible hacer malabares con eso, al mismo tiempo que guiaba a una bruja adolescente con problemas.

Ya estaba agotada de intentar mantenerse a flote en todos esos ámbitos.

No había forma de hacerlo. Punto. Así solo conseguiría rebasar su límite.

La respuesta correcta se escapó de entre sus labios, impulsada por el hechizo.

—Lo que necesitéis —contestó, al mismo tiempo que una sonrisa serena se le extendía por el rostro. Notó que le tiraba de las mejillas, haciéndole daño—. Puedo sacar algún hueco.

—Genial —aprobó Morena antes de asentir, satisfecha. Tomó un espejo de mano dorado de una mesa auxiliar y se arregló el contorno del pintalabios con la punta de la uña.

Annie tragó saliva con dificultad, incapaz de seguir aplacando la curiosidad.

—¿Y quién es?

Con una mano abierta que trajo consigo una cascada de chispas sobre las páginas, Morena abrió la cubierta del desgastado grimorio oficial del aquelarre que tenía sobre el escritorio y reveló el registro de los miembros, garabateado en las últimas páginas.

Annie arqueó las cejas, una petición silenciosa sobre si podía o no acercarse al libro.

La Bruja Sabia se lo consintió. Tras acercar la cara, Annie estudió la entrada más reciente.

—Maeve Cadmus. Qué mona. —Annie se encogió de hombros. Aparte del nombre, el resto de los datos de la chica seguían en blanco: el linaje, los gestos, la especialidad…, información que Annie tendría que rellenar para el aquelarre—. Estoy deseando conocerla.

—Me alegro —dijo Morena—. Le pediré a Sybil, de la biblioteca, que traiga los formularios. Empezaréis el 1 de octubre, una fecha muy apropiada. —Cruzó la habitación con un movimiento elegante y tomó el auricular del teléfono negro que reposaba sobre las alas de un enorme cuervo disecado.

—Ah, Annie… —Con una última caricia al rizo que se intuía bajo el ala de su sombrero, miró hacia atrás y clavó los ojos en la chica—.

Aunque no dudo de tu habilidad para que esta misión se desarrolle sin problemas, debo asegurarme de que te queda claro que no podemos permitirnos ningún desliz.

Debes informarme de inmediato de cualquier cosa sobre la señorita Cadmus que te resulte…

inusual. Atención indeseada, extrañezas, anomalías… A Selcouth no le gustan esas cosas.