Capítulo 6. La extraviada #3
Annie entornó los ojos con cautela mientras desplegaba el primero de los pergaminos.
Estaba en su segundo año de prácticas tras haber superado el juicio de la Obscuración de Selcouth, cuando estaba en la Casa Hécate, se pasaba casi todo el tiempo enterrada bajo montañas de libros antiguos para seguir con sus investigaciones, con Morena como mentora.
La mayor parte de su trabajo lo hacía en remoto para poder acoplarlo al caótico horario de Celeste, por lo que visitaba la Casa Hécate solo cuando la citaban.
No obstante, los martes por la noche solía sumergirse en las profundidades de la biblioteca para pasar una página polvorienta tras otra, a veces incluso activando encantamientos inesperados.
La última semana, había estado a punto de darse de bruces con una antigua maldición.
Había gritado tan fuerte que de repente Morena había aparecido volando y había lanzado un hechizo protector por la habitación, lo que había derribado en el proceso un cuadro con una fotografía suya que tenía sobre la chimenea.
Se había puesto furiosa ante el desastre y había decidido que todo era culpa de Annie.
En secreto, a esta le había conmovido que hubiera corrido a defenderla, pero no se había atrevido a decir nada.
Morena sufriría un aneurisma al pensar que, sin querer, había tenido un gesto amable con ella.
—Hablando de pesadillas… —Morena levantó la cabeza—, no te pongas manos a la obra todavía, Andrómeda.
Annie tragó saliva. Esas palabras nunca iniciaban una conversación agradable.
—Supongo que tendrás curiosidad por saber a qué ha venido esta citación imprevista.
Me temo que nos hemos visto obligados a paralizar nuestros procedimientos habituales por el momento.
—Morena entrelazó sus dedos larguiruchos y se inclinó sobre el escritorio.
Arqueó la ceja izquierda y puntiaguda hasta que casi le rozó la raíz del pelo—. Tenemos a una… extraviada.
Annie hizo una pausa. Mantenía el dedo índice en el aire para rebuscar con magia entre los pergaminos, pero, al perder la concentración, todos los documentos cayeron desordenados.
—¿Una extraviada?
—Por así decirlo. Una chica. La pobre ha adquirido los poderes y no sabe qué hacer con ellos. Parece que está causando bastante… revuelo.
—¿La primera de su familia? No es lo normal —contestó Annie con cautela.
—Para nada —continuó Morena—. Hacía bastante tiempo que no surgía ningún linaje mágico nuevo y tampoco lo esperábamos, la verdad. Por desgracia, no estamos nada preparados.
—No suena bien —dijo Annie, nerviosa. No era habitual que Morena pasara algo por alto. Por lo general, solía tener un montón de trucos bajo la manga mientras Annie se encargaba de los tratos. En cierto sentido, era la alianza mágica perfecta.
—La niña es huérfana. Ahora vive en una casa de acogida bajo el cuidado de una pareja de ancianos no brujos. Debido a un inconveniente cúmulo de circunstancias, el caballero está en el hospital porque la chica incendió por accidente las cortinas.
Annie soltó un grito ahogado.
—No es tan dramático como parece. La conmoción le provocó una angina de pecho bastante grave.
—¿No estamos controlando su desarrollo? Recuerdo que una chica en el norte hizo su debut hace bastante poco… —La mente de Annie comenzó a deambular mientras rebuscaba en el cajón superior hasta que dio con los registros que mantenía el aquelarre de todos los nuevos brujos.
—Sí, nos enteramos de su existencia hace solo unos meses, cuando obtuvo los poderes.
Pero controlar de forma adecuada a una persona desconocida es casi imposible hasta que su magia empieza a desarrollarse con mayor claridad.
Al no tener un linaje mágico conocido, no hay ningún patrón del que podamos estar prevenidos ni ninguna expectativa con la que trabajar.
Bronwyn y yo la visitamos al completar su decimoquinta vuelta al sol para dar comienzo a su Obscuración, pero esperábamos que controlara mejor sus poderes de lo que lo ha hecho, claro está.
Era una criatura de pocas palabras y ahora parecemos encontrarnos ante una falta total de control mágico.
Ante eso, Morena chasqueó la lengua, poco compasiva, como si una niña de quince años debiera saber cómo comportarse al tener en la palma de su mano un potencial infinito de magia de repente.
Sin embargo, Annie notó una punzada de afinidad en el corazón al imaginarse su soledad, aislamiento y miedo al lidiar con la magia de repente.
Ya era una experiencia bastante complicada cuando se contaba con un círculo de apoyo.
—Supongo que no es seguro dejarla sola para que se defienda por sí misma. Podría causar el caos —comentó Annie, mientras se daba ligeros golpecitos en la barbilla. Morena se alisó una arruga invisible en la manga de la camisa de color crema.
—Por eso te he citado hoy aquí, Andrómeda. Quiero hacerte una propuesta. O, mejor dicho, el aquelarre al completo tiene una propuesta para ti.
Como era de esperar, la chispa del hechizo se hizo cargo de la situación.
A Annie se le constriñó con suavidad el corazón, y la certeza de que tenía la oportunidad de resolver un problema se le instaló en los huesos, lo que le provocó un cosquilleo.
Era la sensación anhelante y adictiva que le producía saber que la necesitaban.
Aun así, mantuvo una expresión neutra, calmada.
—Haré lo que pueda para ayudar al aquelarre, por supuesto. Aunque no estoy segura de que…