Desde mis sombras Capítulo 5
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Capítulo 5

Los miércoles dejaron de ser suficientes.

No ocurrió de un día para otro.Ni después de una conversación importante.

Simplemente sucedió.

Hablábamos todos los días.Desde que despertábamos, hasta que alguno de los dos se quedaba dormido.

Mensajes.Llamadas.Fotografías.

Y aun así… al final del día, seguía sintiendo que me faltaba tiempo.

Para verlo.Para escucharlo.Para estar cerca.

Los almuerzos aparecieron sin esfuerzo.Ni siquiera recuerdo quién los propuso primero.

Solo que comenzaron a repetirse.

Al principio eran exactamente eso.

Nos encontrábamos a mitad del día.Buscábamos algún restaurante.Conversábamos.

Y después cada uno volvía a lo suyo.

Pero duró poco.

Porque la comida nunca fue lo importante.

Lo quería a él.

Verlo.Escucharlo.Besarlo.

Quería esas pocas horas donde el mundo quedaba afuera.

Y mientras más tiempo pasábamos juntos, más difícil era fingir que aquello era solo un almuerzo.

Fue entonces cuando apareció el apartamento.

Lo había comprado años atrás como inversión.La mayor parte del tiempo lo alquilaba.

Pero había reservado un día.Los jueves.

No imaginé lo que terminaría siendo.

La primera vez que entré me sorprendió su sencillez.

No era grande.No era lujoso.

Pero era privado.

Nuestro.

La terraza era lo mejor.

Un jacuzzi desde donde podían verse las luces de la ciudad.

Al atardecer, todo parecía moverse más despacio.

Como si el mundo siguiera…y nosotros no.

Trabajábamos juntos.

Cada uno con su computadora.Correos.Llamadas.

Silencios.

A veces pasaban minutos sin hablar.

Y de vez en cuando, levantaba la vista.

Y lo encontraba mirándome.

No siempre.No lo suficiente como para notarlo de inmediato.

Pero lo hacía.

Y cuando coincidíamos, sonreía apenas.Como si no hubiera pasado nada.

A veces estiraba la mano.

Tomaba la mía por unos segundos.Sin dejar lo que hacía.

Y volvía a lo suyo.

En una de esas tardes terminamos en el jacuzzi.

Sin planearlo.

El agua tibia.La ciudad encendida a lo lejos.

El agua se movía lento alrededor de nosotros.

Demasiado cerca.

Demasiado silencioso.

Sentí su mano deslizarse con cuidado.

Como probando hasta dónde podía avanzar

sin romper el momento.

No era urgente.

No era impulsivo.

Y quizás por eso resultaba más difícil de detener.

Porque no parecía una decisión.

Parecía algo que llevaba tiempo esperando.

No hablamos durante unos segundos.

Solo nos miramos.

Y eso fue suficiente.

Porque de pronto todo se volvió demasiado claro.

Lo que estaba pasando.

Y lo que ninguno estaba deteniendo.

No avanzó.

No retrocedió.

Se quedó exactamente en ese punto

donde todo deja de ser casual.

Y lo peor fue darme cuenta

de que tampoco quería romperlo.

—Me gusta cómo eres.

Lo dijo sin mirarme.

Giré apenas la cabeza.

—¿Cómo soy?

Esta vez sí me miró.

—No eres fría. No como ella.

Como si la estuviera comparando

sin querer hacerlo.

Hizo una pausa breve.

—Contigo es más fácil. Diferente. No te quedas esperando. Ella no entiende esto. No necesitas que alguien haga las cosas por ti.

—Eso cambia todo.

No pregunté.

Como si no hacerlo mantuviera el equilibrio.

El silencio volvió.

Y algo había cambiado.

Se acercó un poco más.

Y esta vez fui yo quien acortó la distancia.

Había algo contenido desde hacía horas.

Quizás desde antes.

Cuando sus labios tocaron los míos, todo lo demás dejó de existir.

La ciudad.El agua.El tiempo.

Solo su forma de acercarme.

Como si la distancia nunca hubiera sido suficiente.

El agua se movía alrededor.

Las burbujas subían entre nosotros.Rozaban la piel.

Amplificaban cada contacto.

No recuerdo cuándo dejé de pensar.

Solo la forma en que me besaba.

Todo lo contenido…terminó ahí.

Su mano no avanzó.

Pero tampoco retrocedió.

Se quedó ahí.

En ese punto exacto

donde ya no era casual.

Y yo tampoco hice nada.

Porque apartarlo

habría significado admitirlo.

Fue él quien rompió el momento.

Una sonrisa ligera.Una broma cualquiera.

Como si todo pudiera volver a la normalidad.

Pero no lo hizo.

Había algo distinto en su gesto.

Más contenido.

Como si no supiera qué hacercon lo que había dicho.

Y con lo que había provocado.

Yo tampoco dije nada.

Pero ya no se sentía igual.

Había cruzado algo.

Sin nombrarlo.

No tenían hijos.

Nada que, en teoría, lo obligara a quedarse.

Solo un compromiso.

Y yo no estaba allí para cambiar eso.

Nunca había pensado estar en ese lugar.

Y, sin embargo…ahí estaba.

Empezaron a repetirse pequeñas cosas.

Miradas.Pausas.

Momentos donde el tiempo se detenía un poco más de lo normal.

A veces, mientras hablábamos, su atención se desviaba.

Seguía su mirada.

Y lo entendía.

La tela de mi camisa.La piel.El frío.

No decía nada.

Nunca.

Pero no hacía falta.

Y, por alguna razón… yo tampoco decía nada.

No era incómodo.

Era distinto.

Con el tiempo, trabajar dejó de ser prioridad.

Las computadoras quedaban abiertas.Las tareas a medio hacer.

Y nosotros simplemente… nos quedábamos.

Hablando.Riendo.Alargando todo un poco más.

El apartamento comenzó a llenarse.

Momentos que solo existían allí.

Una vida que no existía fuera de ese espacio.

La única interrupción era el teléfono.

Especialmente cuando era ella.

La llamada aparecía.

Y todo cambiaba.

Siempre pasaba lo mismo.

Y aun así,

nunca me acostumbré.

Axel se apartaba.Bajaba la voz.

Yo fingía no escuchar.

Con el tiempo, me volví buena haciéndolo.

Pero siempre quedaba algo.

Una pausa.

Un recordatorio.

Cuando colgaba, el silencio pesaba.

Solo unos segundos.

Luego él volvía.

Una palabra.Una sonrisa.

Y todo regresaba.

Como si nada hubiera pasado.

Quizás por eso seguí regresando.

Porque con él, todo se sentía más ligero.

Y, sin darme cuenta, ya no esperaba el apartamento.

Lo esperaba a él.

Y eso comenzaba a ocupar más espacio…del que quería admitir.

Axel tenía una forma particular de mirar el mundo.

Le gustaba probar.Descubrir.

Y sin darme cuenta, yo había empezado a hacer lo mismo.

Durante mucho tiempo creí que el deseo era simple.

Un impulso.Algo físico.

Con él, no.

Era más lento.Más difícil de ignorar.

No era solo querer besarlo.

Era querer quedarme.

Incluso cuando no había motivo.

Solo para alargar unos minutos más.

Cada semana dejaba algo distinto.

Y poco a poco…comencé a necesitarlo.

Un lugar donde me sentía:

Cómoda.Tranquila.Vista.

Y eso…

fue lo que terminó complicándolo todo.