Capítulo 6
Retomar el contacto con Camila y Marina fue más sencillo de lo que esperaba.
Como si nada se hubiera interrumpido.Como si solo hubiera hecho una pausa.
La salida surgió sin demasiada planificación.
Ellas querían cambiar de ambiente.Recorrer algo distinto.
Y, casi sin pensarlo, mencioné a Axel.
No expliqué mucho.Respondí lo justo.
—¿Y él sabe de rutas así? —preguntó Camila.—Sí.—¿Confías?
La miré un segundo.
—Sí.
Fue suficiente.
Axel llegó puntual.
El sonido del vehículo se escuchó antes de verlo detenerse.Apagó el motor, bajó sin prisa y fue directo a la parte trasera.
—Buenos días.
Abrió la compuerta y empezó a organizar los bultos como si ya supiera exactamente qué hacer.
No preguntó.No dudó.
Simplemente lo hizo.
Me acerqué por instinto.
—Déjame ayudarte.—No hace falta.
Sin brusquedad.Sin espacio para insistir.
Marina lo miró de reojo.
—Esto empieza bien.
El primo llegó unos minutos después, con dos fundas en las manos.
—Tengo una mejor idea —dijo.
Las cervezas se movieron dentro.
—Es mejor si todos vamos en el mismo vehículo. Yo no me voy a ir solo.
Camila se rió.
—Eso me gusta más.
Axel asintió.
—Súbanse.
El trayecto fue largo.
Ciudad.Carretera.Luego caminos que ya no parecían caminos.
Axel manejaba sin titubear.Como si ya supiera cada giro.
El primo mantenía la conversación ligera.
Axel hablaba poco.Pero siempre con precisión.
Cada cierto tiempo, desviaba la mirada hacia mí.
Lo suficiente.
Cuando se detuvieron, quedó claro de inmediato.
Una playa.
Pero no una playa común.
Inhóspita.Sin construcciones.Sin huellas.
Solo mar.Viento.Y las olas.
—Tranquilas —dijo Axel—. Aquí no pasa nada.Hizo una pausa.—Igual estamos armados.
Camila lo miró.
—¿En serio?—Sí.
Sin énfasis.
El primo sonrió.
—Parte del equipo básico.
Y eso bastó.
No era miedo.
Era control.
Axel empezó a organizar todo.
Equipo.Terreno.BBQ.
Sin preguntar.
—Plan del día —anunció el primo—: ustedes disfrutan, nosotros resolvemos.
—¿Siempre es así? —preguntó Camila.—Cuando hay visita.
El fuego encendió.La carne empezó a oler.
Cervezas.Conversaciones.
El tiempo cambió.
Más lento.Más ligero.
Se inclinó hacia mí para decir algo.
Demasiado cerca para ser necesario.
Su mano rozó mi espalda baja.
Apenas.
Lo suficiente para que nadie lo notara.
Lo suficiente para que yo sí.
—Compórtate —murmuré.
—Lo estoy haciendo.
No lo estaba.
Su pulgar se movió apenas contra mi piel.
Lo suficiente para hacerme perder el hilo
de la conversación.
Lo suficiente para que nadie más entendiera qué pasaba.
Excepto nosotros.
—No deberíamos…
—No estamos haciendo nada —interrumpió.
Y tenía razón.
No había nada visible.
Nada que alguien pudiera señalar.
Excepto cómo todo en mí reaccionaba
como si sí.
En algún punto, Camila habló.
—Ok… necesito entender algo.
Nos miró.
—¿Qué son ustedes?
Lo miré.
Él no respondió.
—No es mi novio —dije.Camila alzó una ceja.—Entonces…—Es mi no-novio.
El primo rió.
—Eso es nuevo.
Axel sonrió.
—Pero bastante preciso.
—Explíquenme eso —insistió Marina.
Me encogí de hombros.
—No es una relación formal.
Lo miré.
—Pero tampoco es nada.
Axel sostuvo la mirada.
—Es práctico.—Sin complicaciones —añadió.
—Sin etiquetas —dijo Camila.
—Exacto.
—Un no-no —dije.
Las risas cortaron el momento.
El sonido llegó después.
Dos motores.
Jet ski.
Se detuvieron en la orilla.
Axel los miró.
—Llegaron.
—¿Tú hiciste eso? —pregunté.—Dijiste que te habías quedado con ganas.
Simple.
Pero no lo era.
Todo se organizó rápido.
El primo con Camila.Axel conmigo.
Arrancaron.
Velocidad.Viento.
Camila gritaba.El primo giraba más fuerte.
Axel no.
Controlado.
—Relájate —dijo—. No intentes controlarlo todo.
Solté tensión.
—Ahora tú.
Tomé el control.
El mar se sintió distinto.
Más abierto.
Más real.
A un lado, el otro jet ski avanzaba.
Dos ritmos.
Una misma experiencia.
Al regresar, Camila seguía riendo.
—Esto cambia muchas cosas.
Marina asintió.
Yo miré hacia el mar.
Axel estaba allí.
Tranquilo.
Seguro.
Como si todo hubiera estado bajo control desde el inicio.
Y entendí.
No era solo lo que hacía.
Era cómo lo hacía.
Cuando el ruido se apagó, el silencio volvió.
Más denso.
El cuerpo aún vibraba.
Me alejé unos pasos.
No para irme.
Solo para bajar el ritmo.
—¿Todo bien?
No lo escuché llegar.
—Sí.
Se quedó a mi lado.
No tan cerca.
Pero presente.
—Se te da mejor de lo que pensaba —dijo.
—No es tan difícil.
—Lo es… si intentas controlarlo todo.
Pausa.
—Tú no pareces tener problema con eso.
Sonrió apenas.
—Alguien tiene que hacerlo.
Miré al frente.
—¿Controlarlo todo?
—Mantenerlo en su lugar.
La frase pesó.
Sentí su mano rozar la mía.
No fue evidente.
Simplemente ocurrió.
No se apartó.
Yo tampoco.
—¿Te asustaste?
—No.
Pausa.
—Me gusta.
No pregunté a qué.
Tampoco hizo falta.
Su mano se cerró apenas.
Presente.
—No fue buena idea traerte aquí —dijo.
—¿Por qué?
—Porque se vuelve difícil mantener las cosas donde están.
Lo miré.
—Entonces no las mantienes.
Algo cambió en su expresión.
—No es tan simple.
—¿Y qué es?
Miró al mar.
—Lo que dijiste antes.
—¿El no-novio?
Asintió.
—Funciona.
—Porque no significa nada.
—Porque no tenemos que definirlo.
Silencio.
—Y mientras no lo hagamos… —empecé.
No terminé.
Los dos lo sabíamos.
—Estamos bien así —dijo al final—.
Hizo una pausa breve.
—No hace falta complicarlo.
Por ahora.
Las voces regresaron.
El momento se rompió.
—Vamos —dijo.
Lo seguí.
Y algo había cambiado.
No afuera.
Adentro.
Durante mucho tiempo todo eso me bastó.
Pero no se mantuvo así.
Sin darme cuenta, empecé a querer más.
Más presencia.Más claridad.Más de él.
Y al mismo tiempo…
empecé a ocultarlo.
A suavizarlo.
Como si no nombrarlo pudiera detenerlo.
Pero no.
Ya estaba cambiando.
Y por primera vez,
eso dejó de ser suficiente.
Y quizás por eso…
nunca pude dejarlo del todo.