19
Los dos, Jonnathan Green y tú, el dios muerto, se verán frente a frente.
Lo habrás estado viendo todo, desde la cápsula de materia roja que se escondía en el monolito.
El hombre desdichado, el escritor fracasado, se echará hacia atrás, acongojado.
Su cabello, empapado de la lluvia roja, se mezclará con el ambiente caótico, tan bello y grotesco como siempre lo has deseado.
Las gotas, al deslizarse, dejarán finos rastros carmesíes que se fusionarán con su piel, como si quisieran absorberse con ella.
Cada gota chisporroteará al tocar el suelo, liberando un vapor que se adherirá a sus pulmones, provocando un ardor que hará que Jonnathan se tambalee, luchando por mantenerse en pie mientras el caos lo envuelve.
Recogerá a la chica del suelo, la mujer hermosa estará paralizada por el terror.
El anciano enfermo, ya casi muerto, se arrastrará por el suelo, dejando un rastro oscuro y pegajoso a su paso, y el hombre fracasado tratará de tenderle la mano, con los dedos temblorosos y llenos de grietas.
Una de tus más hermosas y perfectas criaturas habrá hecho lo que tenía que hacer: "provocarlo".
La figura, una amalgama inmunda de carne corroída y huesos expuestos como púas, se estirará y retorcerá en el aire.
Las extremidades, cubiertas de retazos de piel desgarrada, se contorsionarán con movimientos antinaturales, sus ojos múltiples y desiguales, incrustados en su carne palpitante, mirarán en todas direcciones, transmitiendo un deleite insano por el horror que desata.
Entre el humo denso se expandirá, mientras las cucarachas más pequeñas regresarán al río de sangre, alimentando las venas del Gran Sabio.
La negrura, esa materialidad tan viscosa, dejará de ser tu única realidad.
Las sombras temblarán y se alzarán, adoptando formas casi humanas antes de desmoronarse.
Ya no habrá más vacío; tendrás un cuerpo.
Un cuerpo perfecto. ¡Uno sano! ¡Uno inocente que te atará al mundo, a este mundo que odias y ansías a la vez!
La lluvia será el altercado a tu orden, ese orden que deseas desde antes que existiera el tiempo.
El aire estará cargado de un hedor oscuro, una mezcla de metal oxidado y carne abierta, que se infiltrará en tus fosas nasales con una fuerza opresiva.
Eva y Charles no podrán contener su repulsión: los ojos de ella se llenarán de lágrimas mientras intenta cubrirse la boca, luchando contra las náuseas que suben violentamente por su garganta. Él se tirará, llorando.
Tus más exquisitas creaciones, retorcidas y deformes, se mantendrán tocando un coro antiguo y olvidado de tu culto.
Sus voces, una cacofonía de gritos guturales y susurros, retumbarán en las paredes del monolito, cada nota distorsionada perforará las mentes de quienes la oyen.
Los humanos sentirán cómo un dolor agudo y persistente se instala en sus cráneos, acompañado de imágenes intrusivas de su carne siendo desgarrada y cuerpos contorsionados en posiciones abstractas.
Las manos de Eva se aferrarán a su cabeza, temblando mientras lágrimas de pánico y frustración surcan su rostro, mientras Charles apretará los dientes con fuerza, sintiendo que su cordura estará a punto de colapsar bajo el peso de la opresiva colectiva.
Todas, tan perfectas, tan ciegas. E inútiles.
Pero serás piadoso, como siempre lo has sido.
Lo único que querrás será organizarlo de nuevo, taparlo y rehacerlo.
El monolito temblará, sus grietas emanarán una luz enfermiza que latirá como un corazón moribundo.
Pero aún… Aún no podrás. Porque faltará lo que siempre te ha faltado: la aceptación.
Frenética palabra, aniquiladora, destructora.
Pero esta vez será diferente. La conexión será natural, te asegurarás de eso.
Él te oirá, ambos se escucharán. Te habrá estado evitando desde el principio, pero dejarás que su otra forma, la que ha perdido desde incontables versiones, sea su adicción.
Nada será más fiel que la sangre de su sangre.
Pero ¿qué más da? Pronto se unirá a ese nuevo orden.
Así que caminarás —tú, el fracasado— hacia el monolito.
Eva y Charles estarán paralizados, sus ojos estarán abiertos como platos, pero sus bocas incapaces no podrán emitir sonido alguno.
Es la primera vez que los traerás; será la primera diferencia.
Pues siempre bajas tú solo. Eso te parecerá raro, pero no es nada que afecte tu teatro.
El monolito nunca fue una prisión, fue una proyección de ti.
Fue una de las pocas cosas que pudiste dejar.
Los cantos alegres de tu misma especie se alzarán en júbilos de ánimos y sacrificios, llenando el aire de un zumbido que perforará la mente.
“Ahora… Ama. Ámame y acéptame como tu igual, Jonnathan”, le dirás en su mente, como un amante, suave y amoroso.
—… Jonnathan, ¡no vayas para allá! ¿Qué coño pasa? ¡Qué pasa! ¡Qué pasa! —Gritará desesperada la mujer hermosa.
El eco de su voz se perderá en el estruendo de las criaturas que rodearán el monolito.
El aire, una sinfonía del caos, se alineará con los gritos guturales de tus bestias, el silbido de la lluvia.
Te habrás mantenido inmóvil, vigilando cómo él avanzaba, hipnotizado por la luz enfermiza que fluía a tu alrededor.
Sus ojos vacíos ya no serán suyos. Serán tuyos.
En ese momento, él verá dentro del monolito, la órbita misma de su mente será destruida.
Tendrás que dañarlo, corromperla dentro de su cabeza, por ello, eones marchitos desfilarán ante su mente, le mostrarás lo que necesitas, lo que debes hacerle creer, tú verdad: civilizaciones que nacerán en el olvido y se extinguirán con un suspiro.
Universos, tan afanes y enormes que colapsarán entre ellos, en un primer latido.
Luego irás a lo más pequeño, a lo más intranscendente para ti.
Su aburrida familia, le mostrarás todas las versiones, todas en las que son inservibles para el universo, todas sus muertes, una por una, dentro de sus cuerpos.
¡Estarás cerca! Su mente desatará caos, y deseará morir.
Lo pondrás en una belleza de dualidad, una de pesadilla perpetua, un ciclo inquebrantable de destrucción y renacimiento.
Entonces, ya casi cerca de su perdición, de su aceptación a ti. Te verá, no ya como una entidad burda y superficial, te verá cómo lo que requieres que sea: el final del principio al orden.
“Sácame,” dirás. Tu voz ya no tendrá algún sonido; será una grieta que se expandirá por su mente. “Tienes que aceptarme como tu igual, para ambos”.
Sus brazos se extenderán hacia el monolito, penetrarán dentro de la cápsula.
Con cada movimiento, la galaxia rojiza le arrancará pedazos de su carne; los músculos se desprenderán como si fueran tiras de tela, mientras un líquido viscoso y oscuro brotará de las heridas, evaporándose al contacto con el aire.
La piel desgarrada dejará al descubierto un entramado de huesos, algunos de ellos se romperán bajo la presión del calor abrasador.
Su carne se desintegrará en cenizas calientes, poco a poco, que flotarán brevemente antes de ser tragadas por el abismo, perdiéndose en lo que ellos suelen llamar: vacío.
El dolor será absoluto, un grito silencioso que parecerá partir su ser en fragmentos, mientras la galaxia lo consume implacablemente.
El calor, tan ardiente como la lava, lo devorará, pero por tu control, el que siempre has ejercido, no hará que se detenga.
Él y tú, los dos, estarán unidos. Todo tendrá un precio, incluso tus títeres, con sus plegarias.
—¡Charles! Espera, ¡Charles! ¡No! —Oirás, pero eso no importará. Ellos son intranscendentes, son innecesarios.
Tú cerrarás los ojos. Estarás listo para renacer, para poseer ese cuerpo que habías moldeado en la oscuridad.
Pero entonces, algo se torcerá. Justo antes de cruzar, el fracasado, no sacará el recipiente, como siempre había pasado.
Buscará en el rostro que creaste para ti, sus ojos.
Y desesperado, clavará sus dedos en esos ojos.
El sonido dentro será un chasquido seco, como las ramas rotas del invierno, pero con una resonancia grotesca que viajará por los huesos, una reverberación que se sentirá como si algo primitivo y quebrado intentara surgir desde las entrañas mismas de la realidad.
Una galaxia saldrá disparada por esos ojos que ya no servirán, una rubí.
Te confundirás. Eso nunca había ocurrido.
Nunca, en ningún ciclo. Un dolor puro y absoluto atravesará el tejido de tu ser.
El monolito titubeará, y la galaxia carmesí, tu manto, se detendrá por un instante, petrificado.
Intentarás gritar, pero no habrá espacio para el sonido.
Él, llorando, habrá tomado tu cabeza humana —esa forma imperfecta que habrás elegido— y comenzará a estrangularla con una fuerza, que te parece irreal.
Detrás de él, la mujer hermosa lo abrazará, sus lágrimas se mezclarán con la cortina de sangre.
—¡Ahora Charles! —La mujer hermosa, tirará del estómago del fracasado, que caerán, rodando, ambos en la tierra.
Algo imposible, inimaginable, habrá sucedido.
Te llenarás de furia. Mandarás una orden, y tus marionetas, tus criaturas gigantes y vacías que habrás estado creando para adorarte, responderán.
Todas apagarán sus cantos maltrechos. Sus cuerpos, irreconocibles, saldrán de la oscuridad del Sabio, e irán con sus masas pulsantes hacia ellos.
Pero justo antes, el monolito —lo que quedaba de pie— gimoteará, emitirá un sonido profundo que rasgará el aire.
Las grietas se extenderán, dejando escapar una luz verdosa y putrefacta que infectará todo.
El anciano decrépito, habrá armado una lata de DDT y fuego, que arrojará moribundo, contra la base del monolito, desatando una reacción que ni siquiera tú podrías prever.
Las llamas se mezclarán con el aire venenoso, formando columnas de humo negro que se alzarán como espinas hacia el lago Phillips.
Las paredes del universo comenzarán a fracturarse, cada grieta surgirá como si un vidrio infinito se rompiera, emanando destellos cegadores que desgarrarán la vista de todos.
Las fracturas no solo desfigurarán el espacio, sino que también alterarán la percepción: el río de sangre se curvará, y el suelo parecerá disolverse en un torbellino de fragmentos, donde ecos de gritos lejanos se expandirán como una repercusión interminable.
El tiempo y el espacio colapsarán, dejarán al descubierto un vacío infinito donde la realidad misma será devorada por el espacio.
Las criaturas chillarán, pero sus voces se tornarán en llantos que se encogerán a través de cada grieta en el espacio.
El sonido, cargado de desesperación y odio puro, se convertirá en una onda de destrucción sensorial, haciendo vibrar las paredes mismas de la realidad.
Las criaturas, deformadas y rotas, parecerán desgarrarse más con cada alarido, como si incluso su propia carne no pudiera soportar la locura de la galaxia.
Del horror cósmico. Y en medio de todo, tú quedarás atrapado, por primera vez.
La nada se cerrará sobre ti, no como un manto de consuelo, sino como un abrazo que te desgarrará y sofocará. Las sombras que una vez proyectaste temblarán al borde de la existencia, intentando huir, pero no habrá refugio. Pero no caerás solo. No, los arrastrarás contigo, a cada uno de ellos.
Las voces de Eva, Charles y Jonnathan se mezclarán en un ulular de agonía que se convertirá en parte de tu dominio, un eco perpetuo que nunca encontrará silencio. No los dejarás ir, nunca.
Tus criaturas, tus obras más hermosas y deformes, se descompondrán y se unirán al abismo, atrapadas en una existencia sin forma. Lo que tocaste, todo lo que alguna vez alteraste, será consumido por el vacío que llamarás hogar. Como un castigo eterno de lo que nunca debió existir:
La vida.