Descenso por las paredes 8 #2
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Sus ropajes estaban mojados. Palpé un poco más. Había roto fuente. Iba a salir del baño para bajar hacia la cocina y llamar una ambulancia, pero antes, Sadie me agarró sin mayor fuerza del talón.

—Hola… Ho-o-o-la-a-a… —Musitó.

—Sadie, ¿estás bien? Has roto fuente; debemos ir al hospital… encenderé el auto. Tú espera.

—Silencio Jonnathan. Haces demasiado ruido; los niños pueden despertarse y no quiero que me vean en tales condiciones —susurró. Cerraba los ojos y, cuando los abría, luchaba contra una fuerza que estaba presente, pero que yo no podía ver—. ¿Ya lo notaste?

—Lo haré en silencio. Llamaré a una ambulancia. Iré al cuarto para cambiarme. Quédate quieta; yo iré por las llaves del…

—Ya te dije que te callaras. Observa bien, muchacho: tengo el móvil al lado de mi cuerpo.

No pierdas el don del escritor. Hice una llamada a Charles hace más de —revisó la hora del móvil—, coño, media hora.

No deben tardar. Iba a despertarte… pero, como un gran golpe, toda una pesadilla vino entonces a mi cabeza, y caí. Becky estaba a mi lado. ¿Dónde está?

—Da igual dónde está Becky, Sadie. Me quedaré a hacerte compañía hasta que toquen a la puerta. ¿Vale? Hablaré con Charles para que cuide de Andrew y Howard durante nuestra estadía. ¿Recuerdas el nacimiento de Howard?

—Sí, sí, sí. Tu padre dijo: “hey, el campeón tiene una buena verga, lo mejor para mi nieto. De nada”. —Intentó reír, pero de pronto entró en un ataque incontrolable de tos. Su voz era ronca—. Hace unos días llegó un mensaje de mi padre. Decía que estaba muy mal de salud.

—¿Cuándo planeabas decírmelo?

—¿Te importaría que se muriera? Y sé sincero. Vamos, oigo tu respuesta.

—No. Me daría igual. Pero, por eso mismo, deberías decírmelo. Es tu padre. ¿Consideras que este es el momento para hablar sobre ello?

—Iba a hablar sobre la pesadilla Jonnathan, no es la primera que tengo.

Cada noche hay una diferente sobre esta casa, pero esta vez…

lo sentí tan irreal, pero posible. Cuando lo termine, vomitaré.

Te sonará de película gore. Soñaba que una cucaracha nacía de mi vientre.

Y tú-ú-tú estabas allí, además de otros insectos que nos observaban mientras tú lo sacabas con tus manos de…

ya sabes —señaló a su vagina. Me tembló el labio.

—¿Qué ocurrió luego?

Sí, era imposible. No podía ser igual. Imposible.

—Yo quería que lo sacaras y lo llevaras al suelo, para matarlo a patadas.

Suena mal, pero dentro de mí, en mi interior, quería eso.

Estaba feliz con esa idea: eliminaríamos una plaga.

No sabes cuán doloroso era, pero era, a la vez, hermoso...

sí, era una imagen que nunca pensé. Era algo mágico...

algo de vida. Algo que podía cambiarlo todo.

Porque era una parte de mi alma, ese demonio era parte de mí, y yo le di su existencia. No, ambos. Unidos.

¿Cómo era posible tener el mismo sueño, con las mismas extrañas circunstancias?

¿Seguía dentro del sueño? Me pellizqué en un brazo con cuidado, para que Sadie no lo notara.

No, esa era la realidad. Sadie seguía parloteando, sus labios se movían sin frenar, y en algún momento pensé en tomarla del cuello y apretarla con toda mi fuerza, para que sus ojos se volvieran rojos y sangraran cuando ya no quedaran lágrimas.

Que su cuello quedara morado, con la marca de mis manos sobre ella.

—Es borroso, pero tú lo besaste. Lo aceptaste, pareciste intentar amarlo. Y, de pronto, yo también quise amar a esa abominación, tenerlo en mi pecho y besarlo...

—¿No tuviste miedo?

Me repetía sin parar que ella debía saber algo.

Pero algo me ofuscaba: ¿por qué el mismo sueño?

¿Ella había visto más de lo que yo pude ver?

Y de ser así, ¿qué era yo? ¿Qué era ella?

¿Qué era Tail en este universo? ¿Qué significaba ese mensaje?

¿Un preludio? Me senté en el suelo, cuidando donde ponía mis manos. Miré a Sadie.

—¿Pasó algo después?

—Lo tuve todo el tiempo —chilló—. Sin embargo, cuando salió de mi cuerpo, sentí esperanza; duele. —Ambos dedos estaban sobre sus labios, ella mordía sus uñas mientras esperaba que pasara el dolor—. Algo me sigue molestando, Jonnathan.

Volví para verla con cuidado, sus labios se movieron con rabia, todos sus gestos femeninos cayeron en un instante que no sé cómo describir.

Pero fue un gesto que nunca vi en ella: era un gesto de demencia y horror, inculpándome de todo.

Vi cómo una lágrima recorría su rostro penosamente.

La luz del baño titiló. Afuera, en el corredor, en el valle de sombras sin fin, algo chocó contra las paredes.

—No acaba todo allí…

—¿Hubo más? —Se mordía los labios; si lo hacía con más fuerza, sangraría.

—Dejaste al bebé en mi abdomen, yo lo recargué con mis hombros.

Tu mirada era indiferente, y allí supe que ya no eras mi esposo, ni siquiera creo que hubieras sido tú.

Te dirigiste hacia la pared. Y tú... como si tu cuerpo se desprendiera de tu anterior piel, te abriste de ella.

Como una nueva etapa, o fase. Tu nueva piel era intrínseca a la de ellos.

Por dentro, eras ellos. Miles de antenas salían de tu cuerpo, al igual que patas... eras un líder, o al menos, eso creo.

—Fue solo un sueño —eso lo dije para mí.

—Johnny, pero fue tan real. Me sentí aquí mismo, solo que abajo del pueblo, debajo de Tail. Todos en esta casa sabemos que este lugar será nuestra perdición. Tan solo mírame. Quejándome como una niñita, intolerable. Como una bastarda.

—No te llames así. Deberíamos llamar de nuevo.

—¿Me estás escuchando…? —Su voz se perdió en un medio susurro.

—Sí, siempre lo hago. Ahora pienso que el color hueso se vería mejor para el baño, así serían más notables sus sombras.

Cuando vine de camino aquí, estoy seguro de que unas cuantas iban por las paredes, a la cocina.

Allí debe ser su guarida, donde está Becky, cuidándonos mientras ruge.

Por ello su obsesión con la cocina; lo supo desde el principio.

»Me das dos opciones. Y voy a elegir exterminar este puto lugar. Te acompañaré al hospital y allí me encargaré de lo demás. Lamento haberte traído a esta pocilga, Sadie.

Ella asintió, observando a la nada. Por la ventana entraron luces amarillas de un vehículo. Oímos cuando se estacionó al frente, luego un hombre salió de él y timbró en nuestra casa. Salí del baño y fui a cambiarme.