Desafiando la tormenta (Crimson Ridge 2) Capítulo 27. Briar #2
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Capítulo 27. Briar #2

Apoyo el codo sobre la mesa, descanso la barbilla en la mano e intento con todas mis fuerzas seguir el hilo de la conversación que transcurre a mi alrededor.

Layla sonríe de oreja a oreja, encantada de estar con su mejor amiga.

—Esta noche es cien por cien para Sarge, tal y como a ella le gusta.

La aludida levanta el vaso y se encoge de hombros.

—¿Sarge? —Sé que he estado en otro planeta durante los últimos minutos, pero no creía haberme perdido tanto de la conversación. Frunzo el ceño, confundida, mientras miro a Layla, Kayce y Sage, que están sentados en el mismo lado del reservado que yo—. ¿Lo he oído bien?

—Mi adorable mejor amiga empezó a llamarme sargento cuando éramos pequeñas.

—Sage pone los ojos en blanco mientras apoya la barbilla en una mano, imitando mi postura—.

Al parecer, mis habilidades de persuasión carecían de cierto tacto.

He sido cruelmente incomprendida toda mi vida.

—Sonríe de oreja a oreja y Layla está a punto de escupir el refresco.

—Dios mío… ¿Te has dejado la humildad en ese bolso enorme que has traído?

Otra vibración del teléfono sobre mi falda hace que el pulso me retumbe en los oídos.

TÍO STORM: Ni se te ocurra negarme lo que es mío.

Trago saliva con dificultad. No puede estar hablando en serio. Cuando dejo caer la mirada hacia un lado para mirarlo disimuladamente, lo veo conversando con total tranquilidad. Tiene el teléfono sobre la mesa, delante de él, y el aspecto del vaquero más relajado de todo el bar.

Probablemente porque tiene la mano metida bajo mi vestido, subiendo poco a poco, y aquí estoy yo, muriéndome de vergüenza por lo excitada que me siento.

—Briar, ¿seguro que estás bien? Te noto un poco tensa —dice Layla.

Trágame, tierra.

—Mmm. —Doy otro trago enorme al refresco.

Sage sigue inmersa en pleno duelo verbal con Kayce; llego a captar algo sobre su falta de organización y amenazas de que, si se muda, lo primero que va a hacer será obligarlo a aprender a usar la aplicación del calendario. Con una risita, Sage se encoge de hombros y mira a su alrededor.

—Aunque tengo que reconocer que estas montañas tienen algo. Soy completamente esclava de mi agenda, pero estar aquí me empuja a dejarme llevar un poco.

—No os creáis ni una palabra de lo que dice. —Layla me señala y no puedo evitar sonreír ante la manera juguetona que tienen de tratarse. Luego dirige la atención al hombre de la sonrisa dorada—. Por mucho que me cueste admitirlo…

Kayce hincha el pecho, radiante.

—Te lo dije.

—Sí, sí, puede que tengas algo de razón. ¿Contento?

—Muchísimo.

—¿Es que aquí no tengo ni voz ni voto? ¿Los montañeses ya habéis decidido convertirme en una campesina cualquiera? —Como ya se ha terminado su plato, Sage le roba una patata frita a Kayce y le guiña un ojo. Él empuja el resto hacia ella y Sage le lanza un beso al aire.

Mientras tanto, yo estoy haciendo todo lo posible por no soltar un chillido cada vez que los dedos de Storm siguen subiendo por mi muslo.

¿Se estarán dando cuenta? Dios mío. Por qué esa incertidumbre hace que aumente todavía más la presión entre mis piernas es una pregunta excelente para otro momento.

—Bueno, ese es mi plan no tan secreto. Admítelo, Sarge: te encantaría vivir aquí. —Layla asiente y sus ojos verdes brillan.

—Mira, entiendo que estoy buscando clientes, pero el único bar vaquero de todo Crimson Ridge no va a ser suficiente para que me mude de manera permanente.

—También vas a encargarte de la web y de las redes del rancho, ¿no? —Layla le da un codazo a Colt, que definitivamente tiene la mano sobre su muslo bajo la mesa.

Si es tan evidente que ellos se están tocando, ¿cómo es posible que nadie vea lo que está haciendo el hombre sentado a mi lado?

El corazón se me queda atascado en la garganta cuando noto otra vibración del teléfono y no me atrevo a mirar el mensaje.

Ahora mismo, toda mi concentración está centrada en mantener una expresión normal y acordarme de respirar por la nariz.

Colt interviene:

—Por supuesto, necesitamos toda la ayuda que puedas darnos, Sage.

—De verdad os lo agradezco, pero podría hacer casi todo en remoto.

—¿Y si tuviera un contacto para un trabajo, un negocio nuevo que está arrancando y que fuera justo lo que estás buscando, Sage? —dice el hombre a mi lado, y todas las miradas se vuelven hacia él.

Es como si el estómago se me desplomara. Soy una estatua hecha de terror y excitación, completamente convencida de que alguien va a preguntar por qué la mano de mi tío está a medio camino de tocarme el coño.

—¿Quién? —Kayce formula la pregunta que flotaba en el aire.

¿De verdad nadie se está dando cuenta de lo que pasa?

—Un amigo. —Storm se encoge de hombros, y no tengo ni idea de cómo puede parecer tan tranquilo cuando yo estoy a dos segundos de implosionar—. Tengo que ser muy discreto, pero puedo ponerte en contacto con su asistente para organizar una reunión.

—Suena increíble. Desde luego, te tomo la palabra. —Sage coge el teléfono y abre el calendario digital.

Storm no afloja el agarre ni un solo segundo mientras siguen hablando sobre un correo de contacto y la mejor manera de comunicarse.

—Va a necesitar un plan de marketing desde cero, relaciones públicas, lanzamiento… Ese tipo de cosas. Me parece que es lo tuyo, y lo más importante para él será tener a alguien de confianza —añade.

Me atrevo a abrir el mensaje más reciente mientras el resto de la mesa sigue absorto en la conversación. El encanto de este vaquero es demasiado, y yo estoy completamente embobada.

TÍO STORM: No te olvides, nena.

Mi brazalete. Mi sombrero. Mi coño para jugar cuando se me antoje.