Desafiando la tormenta (Crimson Ridge 2) Capítulo 24. Briar
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Capítulo 24. Briar

—Vaya, esto sí que es nuevo… —La voz de Storm suena espesa y somnolienta junto a mi oído mientras despierta poco a poco de otro sueño profundo.

No tengo ni idea de qué hora es; la habitación sigue sumida en penumbra, pero no pienso moverme.

Para ser sincera, estoy en un estado de felicidad absoluta, simplemente disfrutando de escuchar su respiración calmada y constante a mi espalda, absorbiendo el ritmo que acompaña cada ascenso y descenso de su pecho apretado contra mi columna.

Una sonrisa se dibuja en mis labios al oír sus palabras, porque está a punto de descubrir que, en realidad, no lo es.

—Bueno, sobre eso… —murmuro mientras mis dedos descienden por los músculos marcados de su antebrazo, recorriendo las venas y la forma de un cuerpo que durante demasiado tiempo me dio miedo admitir que deseaba tocar.

Sus dedos se aprietan sobre mi sexo desnudo.

—¿Quieres contarme algo? —Me roza la oreja con la nariz, habla con una voz tan excitada y sensual que no hay ninguna posibilidad de resistirme a sus órdenes.

Aunque tampoco tengo intención de hacerlo.

El brazalete sigue en mi muñeca.

—Eh… En realidad, así es como me abrazas todas las mañanas. —Trago saliva—. Las veces que hemos dormido juntos… antes.

Antes de que pusieras mi vida patas arriba con una invitación, un beso y un momento de tentación al que fui incapaz de negarme.

—¿Y por qué no dijiste nada? —Las palabras se deslizan sobre mi piel mientras sigue inmovilizándome con ese abrazo firme. Tengo la espalda pegada a su pecho. El peso de su brazo cruza mi estómago y termina acomodándose entre mis muslos. La curiosidad tiñe su voz.

¿Por qué no dije nada?

La pregunta me pone nerviosa. Noto el calor subiéndome a las mejillas, la vergüenza extendiéndose por cada rincón de mi cuerpo. ¿Cómo se supone que voy a explicarle esto? ¿Cómo decirle que llevaba deseando que me tocara mucho antes de cruzar el punto de no retorno anoche?

Qué patética soy por haberle robado sus caricias cuando él no tenía intención de dármelas.

—Briar… —gruñe, besando mi cuello hasta que un calor líquido se acumula bajo sus dedos. Este hombre me lee con una facilidad insultante; sabe bien que me tiene atrapada.

—Yo… No lo sé. No quería incomodarte, así que me levantaba antes de que te dieras cuenta.

Espero que se burle, o haga algún comentario mordaz. Pero hace un ruido grave que siento extenderse desde mi columna hasta el pecho.

Parece pensativo.

—Deberías haberte quedado.

Esas palabras suenan muy sensuales con esa voz de dormido que tiene; es como oír miel goteando sobre mi piel.

Y entonces aparece la malicia, caliente y tentadora.

—¿O es que te gustaba demasiado que tu tío te tocara cada mañana? ¿Por eso le cogiste afición a las duchas matinales?

Gimo cuando empieza a acariciarme, confirmando que, una vez más, estoy absolutamente empapada por culpa de este hombre.

Storm deja escapar un gruñido satisfecho, seguro de sí mismo. Me coloca la pierna exactamente donde quiere y luego empuja hacia delante hasta encajar la punta de su gruesa polla dentro de mí.

Mientras se abre paso, con movimientos sutiles de las caderas, continúa deslizando sus dedos sobre mi clítoris, y yo me derrito por él.

—Cariño, no es un misterio que necesitabas tiempo a solas; ahora ya sé exactamente por qué te encerrabas en la ducha todas las mañanas. —Santo cielo, me llena con una presión lenta y deliciosa.

—Oh, Dios mío…

—Aunque es una lástima que no me dijeras que toda esa tensión y esas ganas eran por mí.

Se me ocurren muchas formas en las que podría haberte ayudado.

Todas las veces que podría haberte acompañado.

—Se acomoda por completo, llenándome hasta que ya no puedo pensar, y luego se queda quieto.

Storm no empuja ni se mueve; simplemente deja que mi cuerpo se adapte a él, que se abra a su alrededor, y eso despierta algo salvaje en mi interior.

—¿Qué se suponía que tenía que hacer? —jadeo.

Esto es tan erótico. ¿Quiere meterse dentro de mí y quedarse allí?

La forma en que me sostiene, acariciando lentamente mi clítoris, arrastrando mi humedad hacia arriba para pellizcar y acariciar mis pezones…

Es casi como si… como si estuviera feliz de quedarse así, enterrado dentro de mí durante horas.

La idea de estar atravesada por su miembro y no ser más que un sexo donde clavarse casi me hace lloriquear y gemir.

—Bueno, para empezar, si te despiertas excitada y empapada, puedes usarme. —Su enorme mano rodea uno de mis pechos y lo aprieta—. O, si quieres jugar con ese coño tan bonito, estaré encantado de mirar cómo te corres sobre tus dedos.

—Dios. Storm. —Es perverso, pero no me canso de él.

—Mira lo perfecta que eres. Cada curva, cada maldito centímetro. —Su polla sigue completamente enterrada dentro de mí, tan profunda que me vuelve loca. No intenta moverse. Me saca de quicio lo increíble que me siento así.

—Vuelve a dormirte si quieres, cariño. —Los labios de Storm recorren la curva de mi cuello, provocándome escalofríos y piel de gallina por los brazos—. Déjame enseñarte esto. Lo que quiero ahora es disfrutar jugando contigo mientras te quedas quietecita para mí, apretándome así de fuerte.

Emite un gemido mientras yo hago exactamente eso.

—Mmm, joder. No necesito que estés despierta para lo que quiero; si puedo tenerte apretándome así de fuerte, entonces adelante, quédate ahí tumbada mientras me divierto usando este dulce coño.

Este hombre.

Este maldito hombre.

Sé con certeza, en ese mismo momento, mientras sus manos ásperas recorren lentamente mi vientre, mis pechos y mis muslos —descendiendo hasta mi sexo mientras sigue llenándome— que estoy en serios problemas.

¿Cómo me voy a resistir a que me trate así?

¿Cómo voy a encontrar a alguien que pueda compararse con él?

No estoy preparada para lidiar con Stôrmand Lane.

Tener que pasarme el día cerca de él mientras termina con los últimos caballos en Devil’s Peak va a acabar conmigo, estoy segura.

Es tan seductor que me resulta imposible no caer en los efectos de la lujuria cada vez que me lo cruzo.

Cada mirada, cada curva en la comisura de su boca —una boca cuya habilidad conozco demasiado bien cuando decide usarla como un arma contra mi cuerpo—, combinadas con la naturalidad con la que se mueve por estos establos mientras habla con los caballos con esa voz grave y sensual, hacen trizas mi resistencia.

Lleva puestas esas malditas chaparreras que me dan ganas de arrodillarme delante de él y sacar la lengua.

¿De verdad ha conseguido volverme adicta al sexo en una sola noche?

Porque no puedo dejar de pensar en su polla.

Parece que solo soy capaz de repetir las escenas en mi mente. Destellos y fragmentos eróticos de lo que compartimos. Viéndome a mí misma, una versión de mí que no conocía, reflejada en el espejo después de que Storm me borrara hasta la última neurona a base de sexo.

Mientras se cernía sobre mí, todo tatuajes y músculos, me vi desplegada debajo de él. Lánguida, sonrojada y completamente fuera de mí.

En un estado de pura y absoluta felicidad.

Sujeto la cabeza del caballo mientras él trabaja en el herraje y noto el brazalete de cuero escondido bajo la manga del abrigo.

Soy muy consciente de su contacto contra mi piel. De cómo se ha calentado hasta alcanzar mi misma temperatura. De que le pertenece a él o, más exactamente, de que marca que yo le pertenezco.

Al menos mientras dure este juego.

Supongo que eso dependerá del tiempo que decida quedarme aquí.

Mis ojos recorren sus hombros, recordando cómo llenaban el reflejo del espejo anoche, cuando me ordenó mirar.

Cómo se inclinaba sobre mí. Tatuado, musculoso e imponente, apoyado sobre mi espalda.

La expresión de su cara… Estoy segura de que quedó grabada en mi ADN.

Parecía hambriento. De mí. Estoy ansiosa por más de sus órdenes directas, de sus palmas callosas recorriendo mi piel.

Quiero que me diga exactamente qué hacer y cuándo mirar para ver lo increíbles que nos vemos juntos, para contemplar cuánto disfruto sintiéndome llena de él y derramando su semen.

Ese comportamiento posesivo despertó algo en mí, algo irresistible. Nunca habría imaginado que pudiera excitarme tanto escucharle decir que no soy más que su juguete y una puta descartable… Santo cielo.

Nunca me había sentido tan excitada ni tan segura de mí misma.

—Eres un hombre muy talentoso, Storm. —La voz familiar de Layla interrumpe mi ensueño cuando estoy a punto de babear.

Él gruñe algo ininteligible, encorvado, clavando con precisión un clavo en la herradura con esa destreza que se adquiere tras muchas horas haciendo lo mismo y que solo alguien así de hábil podría alcanzar.

Una simple mortal como yo seguramente se habría roto el pulgar con el martillo o habría terminado con el clavo atravesado en la mano en lugar del casco del caballo.

—Han quedado fantásticas. —Layla se acerca a mi lado y acaricia el cuello largo y brillante del animal—. Listo para una gran temporada de verano, ¿verdad, guapo?

El caballo parpadea con esos enormes ojos húmedos, y yo lo imito, mirando a Layla como si fuera la reina del establo y yo su humilde servidora.

Según dicen, esta será la temporada más concurrida del rancho Devil’s Peak y se debe a que las redes sociales de Layla despegaron el año pasado.

Comenzó publicando vídeos y fotos tiernas para divertirse y compartir sus días cuando empezó a trabajar aquí mientras estudiaba para veterinaria, pero el proyecto enseguida empezó a crecer.

Ahora tienen el verano casi completo, con lista de espera algunas semanas, y estos caballos son la atracción principal.

—Sí, bueno, Colt es quisquilloso. Seguro que cuando las vea dirá que él lo habría hecho mejor. —Storm corta con unas tenazas los extremos sobrantes de los clavos para que no sobresalgan del casco y luego se seca la frente con el antebrazo.

Casi se me doblan las rodillas cuando esos ojos azules encuentran los míos. Solo es un vistazo fugaz, pero aun así me conmueve descubrir que me está buscando.

—Como si tuviera tiempo para eso. —Layla se ríe.

—¿Para hacerme la vida imposible? Sabes que ese imbécil siempre encuentra tiempo para eso. —Storm agarra la lima y empieza a suavizar las asperezas de la herradura. Los movimientos largos y firmes me dejan hipnotizada con los tatuajes de sus manos y sus venas marcadas.

—¿Y si le hablo bien de ti? Igual hasta consigo que te invite a cenar este fin de semana. —Layla bromea.

Resulta muy fácil estar con ella. No hay segundas intenciones ni propósitos ocultos. Me encanta ver que todos aquí se tratan bien sin esperar nada a cambio. Sin juegos, sin trampas ni ganas de usar las debilidades ajenas como armas más adelante.

—Vete a la mierda. Me debes como un año entero de cenas, Stôrmand Lane.

Me vaciaste toda la carne que tenía en el congelador mientras yo no estaba.

—Colt entra en el establo con un aspecto tan rudo como el paisaje.

Pero, en cuanto se acerca, toda su atención se centra únicamente en Layla, y entre ellos se despliega un lenguaje corporal propio.

Dios, están tan sincronizados el uno con el otro. Mi corazón late con fuerza al ver la profundidad de ese vínculo.

La prueba viviente de que un amor así existe de verdad.

Al menos para quienes tienen la suerte de encontrarlo.

Colt guía a su caballo detrás de él y se detiene a nuestra altura para apartarle a Layla unos mechones finos de la frente con una leve sonrisa en la comisura de los labios antes de inclinarse para besarle el cuello.

Es el gesto más romántico que he visto en mi vida y, si no estuviera sujetando el cabestro frente a mí, probablemente me habría derretido allí mismo.

—¿Por aguantar al príncipe encantador, dar de comer a tus putas vacas y pasarme el invierno entero metido en el hielo para que tú pudieras irte a nadar desnudo por el Mediterráneo?

Yo diría que estamos en paz, viejo. —Storm sigue trabajando, aunque niega con la cabeza mientras lima los clavos restantes.

Los dos siguen discutiendo a su manera. Layla se ocupa de la silla y de los arreos del caballo mientras interviene en la conversación sin dejar de trabajar.

Yo me quedo quieta, preguntándome si alguien podría adivinarlo solo con mirarme. ¿Notarían que llevo su brazalete bajo la manga de este abrigo?

Su abrigo .

¿Alguien sospecharía algo? ¿Descubrirían este pequeño secreto y todo lo que implica el acuerdo entre nosotros?

Cuanto más me muerdo el interior de la mejilla y cambio el peso de un pie al otro, más me excita esta pequeña travesura.

Storm termina con el caballo y da por concluida la jornada. Yo me esfuerzo por convertirme en la ayudante perfecta. Ahora que estoy un poco más familiarizada con sus rutinas, siento que puedo echarle una mano preparando las cosas y dejándolo todo listo para marcharnos.

Acabamos de terminar de cargar la camioneta cuando Layla sale detrás de nosotros.

—Entonces quedamos todos el sábado a las seis en punto… Te dejo encargado a este patán, chica de ciudad; asegúrate de que al menos intente verse presentable.

Storm cierra el maletero de un golpe seco y le dedica a Layla una sonrisa burlona. Luego sus ojos azules se deslizan hacia mí, y no me cabe ninguna duda de que está tramando algo. Es un gesto infantil, travieso y demasiado atractivo para resistirlo.

—No te preocupes, Layla. Seré un buen tío y obedeceré a mi sobrina.

Casi me atraganto y apenas logro sujetarme a la puerta del copiloto.

—Perfecto. Conducid con cuidado, chicos. Tengo muchas ganas de que conozcáis a Sage. —Layla se despide mientras regresa hacia la casa principal. El atardecer proyecta un resplandor anaranjado sobre los enormes ventanales de cristal de la propiedad.

Mientras tiro de la puerta para abrirla, le lanzo una mirada fulminante a través de la distancia que nos separa.

—No puedes seguir diciendo esas cosas. Eres malo, y lo sabes.

Él me responde con una sonrisa arrogante mientras se acomoda en el asiento del conductor.

—Sí, y cada vez te pone más que lo diga, así que aquí salimos ganando todos, Espinita.